La civilización Tiawanacota ha sido objeto de polémicas durante
décadas y, en más de un aspecto, todavía existen incertidumbres
que las mantienen y, ocasionalmente, las revitalizan. Los
autores las sintetizan en un conciso “Estado de la cuestión”
y describen el sitio a la luz de su visita y de la última
bibliografía sobre el tema. El sitio arqueológico se encuentra
en la puna central, a 3800 metros sobre el nivel del mar,
a 12 kilómetros al sur del Titicaca y a 71 al oeste de La
Paz, en la actual Bolivia. Fue la muestra pionera entre las
culturas que desarrollaron la “revolución urbana”.
Se estima que fue construido a partir del año 100 de nuestra
era, en una altiplanicie de 7 a 10 kilómetros de ancho, limitada
al norte por la sierra de Tarasco y al sur por la de Quimsachata.
Fue conocido y descrito desde la invasión española por viajeros
y cronistas y acaparó la atención de curiosos, aventureros
y estudiosos desde el siglo XVI.
The Tiawanacota civilization has been object of numerous
controversies during decades and, in more than an aspect,
there still are uncertainties that maintain them and, occasionally,
revitalize them. The authors synthesize them in a brief “Situation
of the matter”and they describe the site based on their
own visit and the last bibliography about the subject. The
archaeological site is located in the central puna, 3800 meters
above sea level, 12 km south of Titicaca and 71 km of La Paz
in Bolivia. Tiawanaco was one of the first cultures that developed
the “urban revolution”. It is thought it was built
from the year 100 AD. in a high plateau from 7 to 10 km wide,
limited to the north by the Tarasco hill and to the south
by the Quimsachata hill. It was known and described since
the Spanish invasion by travellers and chroniclers and took
the attention of curious men, adventurers and investigators
since the XVI century.
En más de un aspecto, las arduas -y polares- polémicas
alrededor de la metrópoli clásica del centro-sur andino
están saldadas desde hace años por los avances de la investigación
antropológica, arqueológica y etnohis-tórica. En otros tantos
continúan abiertas, casi al mismo nivel de duda de hace
cua-renta o cincuenta años. En todos, ofrece alternativas
para la conti-nuidad de una investigación que se presenta
plena de posibilidades. No sólo -ni tanto- para la satisfacción
de la curiosidad inmediata, para el cono-cimiento histórico
en sí, sino por la vitalidad que ofrece ese pasado para
alumbrar proyectos sociales de opción desde una mirada nueva,
que acepte la luz de los últimos acontecimientos -procesos-
que caracterizan el fin de siglo.
La alusión a Posnansky (Arthur, 1873-1946), con sus largas
cinco décadas de estancia en Bolivia, más de cuatro dedicadas
a su pasión por Tiwanaku, resulta ineludible. Sus opiniones
y elucubraciones, dispara-tadas o sensatas, ofrecen una
posibi-lidad para el balance.
La creación del Centro de Investigaciones Arqueológicas
Tiwana-ku (CIAT) en 1957, abre una etapa de investigación
científica sistemática, de prospección, excavación y recons-trucción
del sitio que aún continúa. Su gestor, promotor y realizador,
el doctor Carlos Ponce Sanginés, se sugiere como la otra
referencia.
La publicación por Ponce de "Arthur Posnansky.
Biografía inte-lectual de un pionero." (Ponce,
1994), es el lugar de encuentro que nos permitirá adentrarnos
en el tema.

Plano del área arqueológico y del actual pueblo
de Tiawanaku
FUENTE: Escalante Moscoso, 1994. Arquitectura prehispánica
en los Andes bolivianos.
Un pasado de calendario cierto
La seguridad posnanskiana de un pasado multimilenario
exagerado (14.000 AP), que lo llevó a sostener a Tiwanaku
como la cuna del hombre americano es hace tiempo insostenible
(Ponce, 1994).
La sistemática excavación de Kalasasaya por Ponce desde
1957, ofrece al respecto cronología producida por datación
radiocarbónica y de hidratación de obsidiana que no dejan
dudas al respecto (Ponce,1980). Los asentamientos tiwanacotas
-al margen de su continuidad cultural- se encuen-tran en
el sitio entre 1580 +/- 120 a.C. y 1170 +/- 150 d.C.
Asimismo, las tres épocas de Posnansky han sido rectificadas
por Ponce, según la siguiente secuencia y datación:
Tiwanaku Aldeano:
Épocas I y II (c.1500 a.C./ c. 43 d.C.)
Tiwanaku urbano:
Épocas III y IV (c. 43 d.C./ c. 700 d.C.)
Tiwanaku imperial:
Época V (c. 700 d.C./ c. 1200 d.C.) (Ponce,
1990).
Un cierto calendario en el pasado
Pareciera no haber actual-mente dudas sobre la existencia
de un calendario tiwanacota que, como sostenía Posnansky
(también Ibarra Grasso, uno de sus contradictores) estuvo
ligado estrechamente a las actividades agrícolas y a la
ob-servación astronómica (Ponce, 1994).
En tal sentido Kalasasaya
(aunque no solo esta construcción) y aunque probablemente
no fuese su única función, fungió como obser-vatorio astronómico.
Su ubicación este-oeste parece corroborarlo, teniendo particularmente
en cuenta que la salida del sol en los equinoccios coincide
con el centro de la entrada principal en la pared este,
y los solsticios con sus vértices NE y SE (Ponce, Apéndice
II). Ibarra Grasso sostuvo, y el Licenciado Pedro Parodi
parece haber demostrado (Parodi, Apéndice I), que también
la pared balconera (oeste) cumplió esa función. Para este
investigador, el hecho de que ésta esté construida con pilares
de andesita indicaría que:
a) es de un período posterior de reconstrucción o refacción
del Kalasasaya y
b) que el cambio del levante al poniente para la observación
astro-nómica podría obedecer -aunque no exclusivamente-
a que la puesta es más diáfana que la salida del sol.
Ponce no se pronuncia sobre la cuestión de la pared oeste,
limitándose a afirmar que la observación astro-nómica se
verifica en la pared este (Ponce, Apéndice II).
Respecto a la iconografía de la llamada Puerta del Sol,
hay consenso sobre su significación calendárica (Parodi,
Apéndice I), aunque algunos autores manifiesten no acordar
en la asimilación del personaje principal con el sol, prefiriendo
llamarlo "el dios de los báculos". Aquí cabría
recordar que los grabados de aquella no son únicos, y que
se encuentran en litos monumentales ubicados en la pared
este de Pumapunku (según pudimos verificar y fotografiar
in situ) y en un tejido actualmente en exposición en el
Museo de Munich.
Ponce refiere de la siguiente manera su opinión:
"La interpretación calendá-rica, senda abierta
por Posnansky también en forma pionera, reviste indudable
interés y se halla bien encaminada, aunque todavía alberga
interrogantes no resueltos. Quizá el obstáculo más arduo
en superar radique en considerar las figuras con el solo
significado calendárico, puesto que antaño una figura pudo
tener varios" (Ponce, 1994: 147; Apéndice II).
Un paisaje como el actual
La tesis obcecadamente sos-tenida por Posnansky sobre
la insularidad del área monumental de Tiwanaku (que estimaba
en no más de treinta hectáreas), se basaba en la suposición
-ligada a su extrema datación multimilenaria- de que la
cota del Titikaka habría estado 35 metros más alta que la
actual. Esto le inducía a pensar a Tiwanaku como algo parecido
a un castillo feudal, rodeado de agua y con puertos para
el acceso. La imagen de Tenochtitlán parece no haber sido
ajena a esta descripción.
Investigaciones posteriores han establecido fehacientemente
que toda esa elucubración es errónea:
"El lago Ballivián, del que el Titikaka es un
relicto, pertenece al pleistoceno superior, cubría por entero
el valle altiplánico de Tiwanaku, de modo que era imposible
un asen-tamiento humano bajo el agua. Aún admitiendo su
antigüedad hiperbólica, dígase 8 o 10.500 años [a.C.],
las riberas se hallaban bastante alejadas, dado que el nivel
lacustre se hallaba a apenas cinco metros del actual y la
estabilización a su nivel actual se remonta hacia 5760 años
antes de nuestra era....Y la prueba más conclu-yente que
refuta la hipótesis posnans-kiana estriba en que se han
localizado las ruinas de Chukuperkha, que datan del período
tiwanacota, en estrecha correlación con las riberas actuales"
(Ponce, 1994: 131).
En definitiva, el aspecto de la zona en la que floreció
Tiwanaku era similar al presente: una altiplanicie de unos
7/10 kilómetros de ancho, de orientación este-oeste, flanqueada
por dos cordones, la serranía de Quimsachata al sur y la
de Tarasco al norte. Con la misma orientación, entre los
monumentos y la sierra norte, el río Tiwanaku. Las costas
del Titikaka, al norte, tras la sierra de Tarasco, a doce
kilómetros de distancia; hacia el oeste 35 km., donde está
el actual puerto de Guaqui.
Una urbe de adobe y piedra
La idea de la insularidad era acompañada por la de la
función metropolitano-ceremonial del rela-tivamente pequeño
complejo, un centro religioso de peregrinación al que Posnansky
le adjudicaba influencia panamericana (Ponce, 1990: 28).
Sobre el último punto, no hay en el sitio la más mínima
evidencia arqueológica que lo sostenga. El área de influencia
tiwanacota en su apogeo no parece haber superado la costa
marítima hacia el oeste, las yungas cálidas hacia el este,
la actual frontera argentina al sur y parte de los Andes
sur-centrales al norte. Durante largo tiempo fue una incógnita
o una discrepancia la función de Tiwanaku. Tal incertidumbre
sentaba reales en la consideración de que el complejo se
reducía al área de construcción megalítica (de la cual hacemos
somera vista en la "Descripción"). La opinión
más divulgada era la que lo presentaba como centro ceremonial.
Hoy es firme el consenso entre los investigadores: el
complejo megalí-tico era el centro cívico-ceremonial de
una imponente ciudad que se extendía sobre cuatrocientas/seiscientas
hectá-reas, con residencias construidas en adobe y una población
que puede haber superado los 100.000 habitantes (Escalante,
Apéndice III).
Ponce explica la aparente inexistencia de evidencias en
que en el largo lapso transcurrido desde la desaparición
de la civilización tiwana-cota (c. 1200 d.C.), las
construcciones de adobe han colapsado, confun-diéndose con
el material del suelo. Agrega que a las dificultades técnicas
para la identificación y diferenciación de tal material,
y luego para la excavación, se suman las de recons-trucción
y mantenimiento, razón por la cual en excavaciones donde
se han logrado identificar construcciones de adobe, se las
ha vuelto a cubrir, a la espera de técnicas que permitan
una excavación, reconstrucción y manteni-miento seguros
(Ponce, Apéndice II). Javier Escalante Moscoso afirma:
"Estamos hablando de más de seiscientas hectáreas
que habría ocupado el perímetro urbano de Tiwa-naku. Justamente,
en la apertura de la nueva carretera (actualmente se están
haciendo los trabajos de la nueva carretera internacional),
hicimos una prospección y pozos de sondeo -más o menos 200-
en este sector perimetral del área arqueológica y en la
mayoría de ellos encontramos evidencias de asentamientos
urbanos, restos habita-cionales, muy similares a Lukur-mata.
Como le digo, esta parte que corres-ponde a las viviendas,
arqui-tectóni-camente no tiene ninguna diferencia, puede
ser del período aldeano como incluso viviendas actuales,
que no han cambiado en su estructura. El material asociado
sí corresponde al período clásico de Tiwanaku III y IV"
(Esca-lante, Apéndice III).
Una formación social excedentaria
Sobre el modo de producción característico de la sociedad
tiwanacota persiste la controversia. Así y todo, las hipótesis
que proponían una economía agrícola excedentaria basada
en el cultivo de papa y quinua han sido confirmadas empíricamente,
y es patrimonio común de casi todos los polemistas (Lumbreras,
1981, Ponce, 1985; Kauffmann-Doig, 1992, Huido-bro, 1995;
Sagárnaga, 1995).
La ingeniería hidráulica fue la promotora del excedente
agrícola. Tuvo tres formas técnicas: las kochas o cotas
(lagunas artificiales), las takanas (cultivo en terrazas)
y los sukakollus (o camellones: cultivo en terreno arti-ficialmente
elevado e irrigado por canales). Al respecto dice Escalante:
"La extensión de campos elevados (camellones)
como de takanas y cotas es impresionante en todo el valle.
El mismo sitio de Tiwanaku está ubicado estraté-gicamente;
obedece a la necesidad de tener variedad en la producción.
Tenemos los cerros, donde se da cierto tipo de producción
de variedades de papas [técnica de takanas]; los
valles que circundan los cerros, vamos a tener las cotas
o kochas que son lagunas artificiales que deben servir para
la agricultura o el pastoreo, y está, aledaño al lago Titikaka,
el sistema de camellones. Entonces, vamos a tener la combinación
de tres tipos de agricultura..." (Escalante, Apéndice
III).
El potencial económico ad-mira a los especialistas, de
tal forma que suponen una gran parte de la producción dirigida
al intercambio con otros pisos ecológicos, tal como propuso
Murra para los Inka (Murra, 1987).
"Otro indicador [de la pobla-ción] son
los campos de cultivo: el valle de Pampa Koani y el de Wila-jawira,
son inmensos [ambos están al noreste de Tiwanaku, a
la vera del Titikaka]. Kolata [Alan Kolata es investigador
de la Universidad de Chicago; actualmente realiza excava-ciones
en el sitio, como parte del proyecto Wilajawira] hizo
un cálculo: si llegáramos a poner en funcio-namiento toda
esa área de sukakollus tranquilamente podríamos abastecer,
no solamente a esos cien mil, sino llegar hasta varios millones
de hab-itantes. Ahora, naturalmente, gran parte de esta
producción era para el intercambio con otras regiones, otros
pisos ecológicos” (Escalante, Apéndice III).
La hidráulica agraria fue ampliamente aplicada en la zona,
mostrando una depurada ingeniería utilizada para la más
adecuada utilización del agua:
"Wilajawira está a conti-nuación de Pampa Koani,
hacia el lado de Lukurmata. Ahí vamos a ver construcciones
de represas, canales, incluso hasta un río, un río artificial
de grandes proporciones que servía para alimentar justamente
todos esos sembradíos. Es impresionante ver una fotografía
aérea de estos campos que se extienden por varios kilómetros
cuadrados" (Escalante, Apéndice III).
La ingeniería hidráulica no fue el único proveedor de
excedentes. Desde hace veinticinco años, los estudios sobre
la domesticación de camélidos ha asentado firmemente la
importancia del pastoreo en las formaciones sociales del
área andina (Flores Ochoa, 1988). Al respecto se ha indicado
una secuencia cazadores generalizados/cazadores especializados
de camélidos/transición a la semido-mesticación/pastores
especializados, ya en el Precerámico (Kent, 1988). La distribución
actual de llamas y alpacas, en un extenso territorio que
abarca desde el Departamento de Junín en Perú hasta la zona
norte de la puna argentino-chilena, aunque reducidos en
número, indica con bastante aproxima-ción la distribución
de los rebaños prehispánicos (Flores, 1988).
El pastoreo de llamas y alpa-cas en un ambiente inhóspito
para la agricultura (a partir de 3800/4000 msnm) cumple
un rol económico social de primer orden en las sociedades
complejas como la tiwanacota, similar al que cumplió en
la sociedad inkaica, combinando los recursos de la puna,
queshwa y yungas (Murra, 1987). A la importancia de los
tejidos en el mecanismo don-contradon característi-co de
la redistribución asimétrica que indica Murra, se suman
la provisión de carne, sebos y huesos y la energía que proveen
(sobre todo la llama) para el transporte a larga distancia,
todo lo cual aparece documentado en la iconografía de Tiwanaku.
Un Estado complejo
El excedente de producción posibilitó la división social
entre trabajadores manuales e intelectuales y la consolidación
de un artesanado (constructores, ceramistas, metalúrgi-cos,
luthiers, etc.). El surplus económico, que liberó
del yugo del trabajo manual a un sector de la comunidad,
exigió y posibilitó el surgimiento de una burocracia especializada
que se diferencia social, económica y estatutariamente cada
vez más de la comunidad y se constituye en élite directora
de un Estado organizador del proceso de producción e intercambio
y de la reproducción del nuevo modo de existencia (Marx,
1986; Godelier, 1964 y 1985; Corona Sánchez, 1995; Huidobro,
1995).
El Estado tiwanacota parece haber sido el modelo predecesor
del Tahuantinsuyu inkaico. Se instituye la coerción con
la aparición de órdenes militares permanentes, claramente
identificadas en la iconografía (chacha-pumas, etc.); surge
un culto identi-ficado con una casta estatutaria diferenciada
(sacerdotes); se institu-cionaliza, posiblemente desde las
antiguas relaciones de reciprocidad, un mecanismo de redistribución
(asimé-trico), que garantizará la permanencia de la élite
en el vértice superior de la pirámide social y la reproducción
del sistema, con la distribución desigual del producto social
excedente (Murra, 1987; Ponce, 1995).
Ponce propone una secuencia de tres momentos: Estado local,
regional e imperial:
"Tiene que haber un momento transicional, que
habría que colocarlo hacia unos doscientos años antes de
nuestra era y la aparición del Estado hacia principios de
nuestra era, con todo el conjunto urbanístico de dife-renciación
de clases, etc., etc., más o menos como lo planteaba Gordon
Childe en sus obras...Pero es un Estado que tiene un territorio
rela-tivamente limitado...está simplemente en la parte sur
de la cuenca lacustre y no tiene más de unos seis mil kilómetros
cuadrados. Por eso lo hemos llamado Estado local, porque
es un Estado relativamente chico. Hacia el año trescientos
de nuestra era empieza a expandirse y a dominar gran parte
de la cuenca del Titikaka y se adentra a los valles de ambos
lados y a las yungas fuertemente y entonces se dilata mucho
más. Pero esto está dentro todavía de un patrón que estaría
vinculado a la cuenca del Titikaka si se quiere y, finalmente,
hacia el 700, viene una expansión mucho más grande. Llega,
por el sur, hasta Tarija en Bolivia (no llega al noroeste
argentino)... [hasta la costa por el oeste y a los Andes
sur-centrales al Norte, incluyendo el área circum-lacustre
del Titikaka]" (Ponce, Apén-dice II).
Una polémica abierta
Aloctonismo y autoctonismo vuelven a encontrarse en el
debate sobre las sociedades ágrafas. El difusionismo extremo,
casi alocado, de Ibarra Grasso, el más moderado de Posnansky
y la tesis endógena que profesa Ponce se mantienen en vigencia
para la explicación del origen de Tiwanaku.
El licenciado Pedro Parodi ilustra sobre los difusionistas:
"E.M.: Vos tenés una posición distinta de
la de Ponce Sanginés sobre el origen de Tiwanaku.
Parodi: Sí.
E.M.: ¿Por qué no nos contás?
Parodi: No sé cual será verdadera-mente
la posición de Ponce Sanginés sobre Tiwanaku y no sé si
tiene una.
E.M.: La que está escrita habla de Tiwanaku
Aldeano I, II y luego Tiwanaku Urbano III, IV y V...
Parodi: Como que es todo formación en
el sitio a largo plazo...
E.M.: ... es endógeno.
Parodi: No, pienso que todos estos...
no por Tiwanaku en particular (es una opinión personal totalmente),
creo que va a ser más fácil de probar [mi posición]
que lo que ellos intentaron probar y no lograron, y es
que casi todos estos lugares de tan alta cultura obedecen
a un encadenamiento de difusión de otros centros de donde
se fueron transmitiendo. La idea base sería la siguiente:
no puede ser que no haya una cerámica identificada para
cocinar, ni siquiera ese grado [bajo] de evolución
de una cultura como para no poder fabricar ni un utensilio
muy básico y a los 100 años en el sitio están establecidos
determinados patro-nes de orientación que son de muy alta
cultura. El lapso no da para un salto evolutivo tan grande
sin contacto con otra cultura o con gente que haya tenido
conocimientos tales como para poder transmitirlos y hacer
el salto. Es decir, eso no vale solo para Tiwanaku, vale
para todos los lugares donde uno no puede evidenciar los
escalones. En la costa del Ecuador pasa lo mismo: en determinados
lugares, en un estrato uno encuentra apenitas unos anzue-litos
y son pueblos de pescadores y en el otro una cerámica incisa
de una calidad que deja helado a cualquiera. Entonces la
conclusión, mi posición frente a la arqueología es que hay
que pensar cada estrato, no se puede aceptar nada que no
esté demostrado, nada a priori. Hay que ir y ver en el sitio
y estudiarlo, porque no puede ser que un pueblo de pescadores
produzca en catorce años o en cincuenta y cinco una cerámica
de un desarrollo técnico impresionante si no llegó una comunicación."
(Parodi, Apéndice I)
Posnansky, en esa senda, opinaba que las grandes realizaciones
de Tiwanaku eran producto de un pueblo inmigrante o invasor,
cultural-mente más avanzado que el indígena:
"Los extraordinarios ade-lantos en el segundo
período de Tiwanaku, seguramente fruto de un impulso dado
por la inmigración de un pueblo del altiplano, que trajo
consigo una elevada cultura y gran habilidad en el tallado
de la piedra. En esta época se ven desaparecer casi en su
totalidad las construcciones de roca arenisca. Los edificios
toman otra orientación astronómica. Los bloques de construcción
son sujetados por llaves metálicas o de piedra. La meta-lurgia
hace prodigios. Las herra-mientas y armas de cobre y sílice
son sustituidas por las de bronce. Un nuevo estilo arquitectónico
da un carácter distinto a las construcciones y la técnica
del labrado de la piedra llega a la cima de su perfección.....El
poder de los invasores y la nueva lengua, el aymara,
se extienden por gran parte del continente." (Ponce,
1994: 135)
Ponce defiende su tesis endogenista de la siguiente forma:
"E.M.: En realidad es una pregunta nuclear,
en relación a la discusión autoctonistas y aloctonistas...Yo
qui-siera hacerle la siguiente pregunta ¿qué elementos de
continuidad, relacionan al Tiwanaku aldeano con Tiwanaku
urbano? ¿qué ocurre con la cerámica de Tiwanaku II? y, ¿qué
antecedentes morfológicos, técnico-productivos e iconográficos,
de Tiwanaku urbano, pueden rastrearse en la cerámica, en
la lítica y en la construcción de Tiwanaku aldeano?
C.P.S.: Bueno, la excavación nos ha permitido
determinar bastante bien la época que tenía un estrato
bien grueso. Eso, más abajo que el Kalasasaya. A continuación
venía un estrato, también grueso, que era completamente
estéril, no había nada y, encima, venía un estrato de solamente
2 o 3 centímetros de ancho, donde los hallazgos han sido,
indudablemente, mucho menores de los que se puede precisar
para Tiwanaku I. Entonces, la cantidad de datos que tenemos
para Tiwanaku II es, desgraciadamente, sumamente peque-ña.
Lo que si vemos es que hay una mayor producción de la cerámica
que llamamos "micasia", pero los ele-mentos que
tenemos para Tiwanaku II son desgraciadamente sumamente
restringidos y cuando me dicen ¿por qué no describe ese
Tiwanaku II en amplitud?, contesto: sencillamente porque
no tengo en ese estrato todos los elementos necesarios que
yo quisiera. Es un estrato muy estrecho.
E..M.: Por eso la pregunta incluso podría
derivarse en lo siguiente ¿estratigráficamente se ha conseguido
identificar Tiwanaku II en algún otro lugar del valle además
de Kalasasaya? C.P.S.: Bueno, hasta ahora Tiwanaku
I y Tiwanaku II son muy parecidos, entonces lo que se encuentra
en otros lugares y que se dice es Tiwanaku I, también puede
ser de Tiwanaku II, ese es el problema.
E.M.: Bien, el resto de la pregunta es
la siguiente ¿qué elementos de continuidad existen entre
Tiwanaku aldeano y el Tiwanaku urbano?, porque justamente
la tesis de los difusionistas es que hay un nivel de ruptura
cultural tan grande que no puede explicarse por continuidad
sino por migración.
C.P.S.: Bueno, que hay un proceso de ruptura,
claro que hay, porque estamos pasando de las formas aldeanas
a las formas estatales y eso, en cualquier lugar que se
forme un Estado, hay ruptura. Si usted va a África después
de la guerra mundial, cuando se forman los estados, esas
comunidades africanas pasan de las situaciones comunitarias
al Estado, bruscamente, y hay una ruptura tremenda y eso
no se ha debido a migraciones sino que hay pues una transformación
de estructura política.
E.M.: Pero ahí está muy influenciado,
justamente, por el fenómeno del imperialismo y postimperialismo,
es decir que había un proceso, que no es exactamente de
migración, pero si de difusión o de control externo, en
el caso de la colonización y descolonización de África.
C.P.S.: Pero la descolonización de África
se hace con un sentido antiimperialista.
E.M.: Claro, justamente.
C.P.S: O sea, no va con los difusionistas.
E.M.: Le preciso la pregunta. En relación
con los elementos que tienen que ver con la construcción,
con la cerámica y con la iconografía ¿se encuentran rastros
de precedencia en Tiwanaku aldeano respecto de Tiwanaku
urbano?
C.P.S.: Bueno, el felino por ejemplo.
La figura del felino y la figura escalonada que hay aquí,
la encon-tramos en todo Tiwanaku.
E.M.: ¿Y en relación a la técnica de construcción?
C.P.S.: A las técnicas de cons-trucción,
por ejemplo, la aldeana es una arquitectura simplemente
do-méstica. Aquí tenemos ya una arquitectura pues, que es
una arquitectura pública, no puede haber una coincidencia.
Pero digamos, el uso de materiales, el uso del adobe, el
sistema de zócalos, no uso de cimientos, todo eso hay. En
Tiwanaku yo encuentro que hay un desarrollo más bien endógeno."
(Ponce, Apéndice II)
Y nosotros encontramos......que el debate sigue abierto.
Triste y solitario final
Triste, solitario y peculiar-mente oscuro. La escuela
posnans-kiana se ha obstinado en proponer una tesis catastrofista
para la desaparición del "Imperio" tiwanacota.
Ponce la rechaza. La palabra, a los protagonistas del entredicho.
Dice Posnasky:
"El hombre de entonces ha continuado ascendiendo,
peldaño por peldaño, hasta llegar ya cerca de la cúspide
de la cultura, instante en el cual un supremo poder mandó:
¡Alto ahí! Y las aguas del gran lago se precipitaron
sobre la floreciente y maravillosa ciudad que provocaba
la envidia de los dioses, mientras sus habitantes se hallaban
en activísimo y febril trabajo. Cayeron los brazos del artífice
que cincelaba la famosa Puerta del Sol. El volcán Kapia,
que se halla a unos sesenta kilómetros al frente de la metrópoli,
arrojó torrentes de agua candente, de fuego y de cenizas
y así, en pocas horas, sucumbió una porten-tosa cultura
que había necesitado milenios para generar ¡Sic transit
gloria mundi! En Tiwanaku no hay período de decadencia"
(Ponce, 1994).
La poesía de esta prosa no seduce a Ponce:
"Tal explicación catatrofista volcánica centrada
en el cerro Kapia cerca a Yunguyo y por consiguiente el
factor sísmico originado por él, se desmorona como argumento
valedero, ya que no hay rastros de actividad volcánica reciente
en el altiplano o en la época misma de Tiwanaku" (Ponce,
1994).
La oscuridad sobre el final abrupto hacia el +1200 aún
se mantiene, aunque Ponce refiere, sin todavía haberlo probado,
que los tiwanacotas habrían desaparecido producto de una
combinación de males naturales y políticos. Así es que,
sostiene, la declinación fue causada por un extendido período
de sequía contemporáneo de una guerra - levantamiento de
las sometidas comunidades mollo, en la que estas triunfaron
(Ponce, Apéndice II).
La luz del entendimiento echa sus haces desigualmente
en Tiwanaku. Alumbra con claridad unas zonas; deja en penumbras
o a oscuras otras. Notablemente, aunque no solo allí, permanecen
en la bruma los puntos inicial y final del segmento. Certezas
e incertidumbres que motivan para la continuidad de la investigación.
Dentro del área cívico ceremonia Tiwanaku se destacan las
siguientes construcciones: Kantatallita, Akapana, Templete
semisubterráneo, Kalasasaya, Putuni, Kheri Kala, Laka Kollu,
Pumapunku, La K’araña.
Akapana
Es la mayor de las estructuras. Es una pirámide escalonada
y sus dimensiones son 194,14 m de ancho, 182,4 m de largo
en la base, y siete terrazas la elevan a 14 m.
En la época de la colonia fue desmantelada. Especialmente
la parte superior sufrió más la devastación por la ambición
de los buscadores de tesoros.
A principios de siglo se comenzaron algunas excavaciones
que dejaron al descubierto ciertos muros y parte de un complejo
sanitario que llamaron “cloaca máxima”. Esta
era un canal de desagüe ubicado en la zona sudeste de la
cima de la pirámide que bajaba hacia el sur siguiendo el
perfil escalonado.
Se realizaron más excavaciones en diferentes fechas. Las
conclusiones de las realizadas en los años 1988/89 por el
"Seminario internacional de excavaciones arqueológicas
en Tiwa-naku", dirigido por Alan Kolata, son las siguientes:
- Construcción realizada con siete plataformas de tierra
apisonada que conforman una estructura escalonada y constituyen
terrazas.
- Sus paramentos murarios a veces estaban coronados por
cornisas de piedra labrada.
- En el sector oeste se encontraba su sistema de acceso
constituido por escalinatas.
- En el sector este de su cima había un templo elevado
edificado en bloques de andesita muy bien trabajados.
- En la cima existía un templete semisubterráneo cuya función
puede haber sido contener el agua dedicada a algún tipo
de ceremonia.,
- El sistema de la llamada cloaca máxima servía para eliminar
estas aguas y también las pluviales.
- Las habitaciones eran de doble muro alrededor de los
templos y sus pisos, cubiertos por losetas de piedra, guardan
una similitud con la técnica utilizada en Chiripa.
- Probablemente sus accesos estuviesen adornados con piezas
esculpidas colocadas sobre pedestales.
Templete Semisubterráneo
Se encuentra ubicado al norte de Akapana y al este de
Kalasasaya.. Está construido bajo el nivel del piso. Sus
dimensiones: pared norte 26,00 m; pared sur 26,00 m; pared
este 28,47 m y pared oeste 28,46 m; los muros tienen una
altura promedio de 2,00 m. El acceso a este lugar se encuentra
en la pared sur y está constituido por siete escalones en
asperón rojo, por los que se baja al recinto.
Fue localizado por primera vez durante los trabajos de
excavación en el sitio llevados a cabo por los inves-tigadores
de la misión francesa Crequi Montford y E. Senechal bajo
la dirección de George Courty, en el año 1903.
En 1933 el norteamericano Wendell Bennett realizó excavaciones
en el sitio logrando descubrir las estelas conocidas con
los nombres de “monolito barbado” (“Kontiki”)
y “monolito Bennett”. En 1957, Carlos Ponce
Sanginés comenzó trabajos de excavación, iniciando luego
su reconstrucción. Actualmente sus muros muestran 175 cabezas
clavas antro-pomorfas.
Muchos investigadores ven al templete como un recinto
dedicado a ofrendas al agua, otros dicen que estuvo ligado
a ceremonias que se realizaban en Akapana.
Posee un sistema de drenaje constituido por canales que
lo circundan, que presentan un declive y desembocan en un
“recolector” o cámara que se encuentra en la
esquina noroeste y está conectada con la red de canales
pluviales subterráneos que fluyen hacia el río Tiwanaku,
al norte.
Kalasasaya
Las primeras excavaciones arqueológicas fueron llevadas
a cabo por G. Courty en 1903 quienes despe-jaron su sector
este descubriendo la escalinata principal de acceso. Hacia
1904, Posnansky realizó el primer relevamiento topográfico
y planimé-trico de Tiwanaku, realizando una detallada planigrafía
del acceso principal del Kalasasaya. Basándose en el trabajo
de Posnansky, Edmund Kiss diseñó la restauración ideal del
Kalasasaya y de su portada. En 1958 con la creación del
CIAT se efectuaron las excavaciones y la restauración de
esta construcción y la del Templete.
El recinto tiene una planta rectangular que ocupa un área
de 15.935 m². Sus dimensiones son: de norte a sur 128,66
m: de este a oeste 119,06 m con un altura promedio de 4,20
m. La pared perimetral exterior estaba compuesta por pilares
de arenisca roja llevando el muro 9 pilares de andesita
sólo en la pared balconera (oeste).
Se supone que tenía seis accesos. En el este está ubicado
el ingreso principal desplazado un metro hacia el norte
del eje central, constituida por siete peldaños labrados
en arenisca roja.
En el interior del Kalasasaya se observa un relleno de
tierra apisonada donde se aprecia un desnivel, lo que indicaría
que la parte más alta estaba en el sector oeste. En el recinto
hay muros con sillares de arenisca que logran cerrar los
sectores este, norte y sur dejando una especie de atrio,
al que llaman “pequeño Kalasasaya”.. El cerramiento
oeste de este muro fue levantado en piedra caliza. En los
costados interiores de este segundo muro al sur como al
norte observamos espacios -quizás habitaciones, 7 de cada
lado- que tendrían carácter ceremonial.
Dentro del Kalasasaya hay tres monolitos:
Puerta del Sol: ubicada arbitrariamente en la esquina
noroeste es el más famoso. Los artistas tiwanacotas lo labraron
en una sola pieza de andesita de treinta toneladas Su friso
superior está tallado en bajorrelieve y es su figura central
la que fue interpretada -erróneamene- como representación
del sol. Esta figura forma parte de una greca sobre la que
no caben dudas que representa un calendario solar.
El Fraile: ubicado en la esquina suroeste, es una
pieza labrada en arenisca. Muestra un personaje que lleva
un báculo y un keru en sus manos. Esta pieza tiene una característica
especial ya que porta una faja ventral donde se aprecian
algunos relieves que parecen corresponder a cangrejos marinos.
Ponce: ubicado en el sector este, en la parte central
del templo. Está esculpido en andesita gris, piedra más
dura que la arenisca, por lo cual su iconografía se conserva.
Kalasasaya presenta una orientación cardinal bien definida
lo cual indicaría un avanzado conoci-miento en astronomía
por parte de sus constructores. Para la observación de la
salida y puesta del sol se utilizaban como referencias las
paredes este y la oeste.
A diferencia de Akapana, de Pumapunku y del Templete,
Kalasasa-ya tenía ubicados los recintos princi-pales hacia
el oeste y la entrada principal al este.
Pumapunku
Se encuentra ubicado a 600 m al suroeste de Akapana. Su
nombre significa ”puerta del puma”.
Actualmente esta pirámide se asemeja a una pequeña colina
con cima achatada. Está conformada por tres plataformas,
en cuya parte superior se pueden observar bloques y sillares
bellamente labrados que se entremez-clan con bloques de
andesita con rebajes precisos, así como portales decorados
con figuras similares a las del la Puerta del Sol.
Pumapunku presenta una planta rectangular con sectores
salientes (una T acostada) hacia el lado este. Estos sectores
salientes se extienden sobre un eje norte-sur. Presenta
las dimensiones siguientes: de norte a sur 210 m, de este
a oeste 132,4 m. y su altura es de 4,80 m. El ingreso principal
está emplazado al centro de la cara oeste y tiene un ancho
de seis metros. El análisis arquitectónico indica:
- Es un templo elevado compuesto por tres plataformas constituido
en base a un complejo apisonado de tierra y piedras que
están sustentados por paramentos en base a sillares muy
bien labrados.
- Los paramentos de la segunda y tercer plataforma estaban
reforzados con contrafuertes realizados en sillares de arenisca.
- En la construcción de la mampostería se utilizó argamasa.
- Se construyó un terraplenado en forma de U cubierto con
arcilla roja en la cima de la pirámide.
- Existía un templo semihundido y al fondo hacia el este
se encontraba otro con características ciclópeas en el centro
de la parte superior de la pirámide.
- Tenía un ingreso principal por el oeste, como Akapana.
En esta construcción se encuentran los bloques megalíticos
de asperón y andesita más grandes; el mayor pesa 132 ton.
Putuni
Se lo conoce con el nombre de “Palacio de los sarcófagos”
y también como “Putuputuni” cuya traducción
sería “donde hay huecos”.
Del período clásico tardío (Tiwanaku IV, según Ponce),
está ubicado al inmediatamente al oeste del Kalasasaya y
su ingreso principal se encuentra muy próximo a la pared
balconera. La planta presenta una forma rectangular con
las siguientes dimensiones: 69,00 m de este a oeste y 55,20
m de norte a sur. Estaba constituida por una plataforma
de tierra de 1,20 m de altura con paramentos en piedra cortada
y labrada.
Sus muros estaban constituidos por bloques de andesita
labrada con dimensiones que varían entre 1,20 y 1,60 metros
de largo por 0,80 de alto y 0,40 de espesor, colocados a
intervalos de 4 a 5 metros. El muro interno está compuesto
por una serie de cámaras funerarias realizadas en piedra
cortada que disimulan la plataforma de tierra y los muros
de piedra cortada. Presenta tres accesos, el principal está
orientado hacia el este y los otros dos en el muro norte.
Es probable que el recinto haya tenido carácter de mausoleo.
Kheri Kala
Se encuentra ubicado a 20 metros al oeste Putuni. Es el
sitio más destruido pero presenta evidencias de haber sido
un recinto de forma rectangular, quizás habitacional. Su
dimensiones son: 74,7 metros de este a oeste y 50,00 metros
de norte a sur.
Entre 1974 y 1976 fue excavado por el arqueólogo Cordero
Miranda bajo dirección de Ponce Sanginés, encontrándose
restos de habitaciones alrededor de un patio central. Llaman
la atención porque poseen un doble muro en piedras labradas
semejante a la tecnología utilizada en las construcciones
Chiripa que también podría ser un doble sustento.
Kantatallita
Al este de la pirámide Akapana, es de planta rectangular
con 28,80 metros de norte a sur y 35,40 metros de este a
oeste. No se ha efectuado un estudio detallado mediante
excavaciones, sólo se lo conoce por trabajos de limpieza
y por un sondeo realizado en 1976 por Cordero Miranda.
La llamada “piedra maqueta” es lo que más
se destaca en este sitio. Es un bloque cuadrangular de arenisca
que muestra una serie de rebajes esculpidos en su cara superior.
Podría ser un modelo reducido del lugar, que muestra hacia
el este dos escalinatas pequeñas de tres tramos que desciende
hacia la parte central, mientras que hacia el oeste se pueden
apreciar otras tres escalinatas de tres peldaños que suben
hacia la plataforma superior.
Se aprecia un dintel en arco rebajado con un detalle muy
importante. Se dice que la cultura Tiwanaku no utilizaba
en su arquitectura el círculo ni las curvas
pero esta pieza lo contradice.
La K’araña
Hacia el año 1988, el Lic. Max Portugal O. realizó un
sondeo arqueológico en la parte norte del área monumental
de Tiwanaku llamada La K’araña. Se abrieron varios
pozos que evidenciaron la existencia de material cultural
y restos de lo que probablemente hayan sido viviendas. Llamó
la atención el hallazgo de una especie de “adobe cocido”
que evidenciaría nuevamente el sofisticado sistema constructivo
que tuvo la cultura Tiwanaku.
Laka Kollu
Montículo artificial devenido en cementerio como consecuencia
de una epidemia de variolosis y luego convertido en cementerio
de párvulos.
En su entrada se encuentra la llamada “Puerta de
la Luna”. Está ubicado al oeste de Kheri Kala.
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