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María Andrea Runcio
Resumen
Durante mucho tiempo se sostuvo que las numerosas poblaciones
que habitaban los grandes complejos arquitectónicos del área
costera durante los inicios del período Formativo eran sostenidas
por una subsistencia basada en la pesca y recolección eficiente
de los abundantes recursos marinos que brinda esa área.
Este artículo presenta una crítica a esta postura a través
de los trabajos de dos autores que revisan la evidencia propuesta
por los defensores de la “hipótesis marítima”
y postulan que esas sociedades sólo pudieron desarrollarse
con una base agrícola fuerte complementada por los recursos
del mar.
Abstract
During a long time, it was argued that the numerous populations
that inhabited the great architectonic complexes of the seaside
area during the beginnings of the Formative Period, were supported
by a subsistence based on fishing and efficient gathering
of the abundant maritime resources.
A review of this position is showed through the papers of
two authors who review the evidence proposed by the “maritime
hypothesis” defenders. They postulate that those societies
could only develop with a strong agricultural base complemented
by maritime resources.
Introducción
El período entre el 3.500 y el 900 a.C., que abarca las
últimas fases precerámicas y el comienzo de utilización de
la cerámica, es decisivo en la prehistoria de la Costa peruana.
Es en este momento cuando comienzan a desarrollarse formas
de organización social más complejas. El tamaño, complejidad
y calidad arquitectónica de los sitios revela una sociedad
sumamente organizada, con un manejo altamente controlado del
trabajo. Acompañan el desarrollo de esta arquitectura monumental
gran cantidad de textiles de fina calidad, calabazas, madera
y huesos grabados y algunos objetos de arcilla cocida. En
algunos sitios el tratamiento diferencial de los muertos sugiere
algún tipo de estratificación social.
Entre el 3.500 y el 2.500 a.C., aproximadamente, se desarrollan
numerosos asentamientos con arquitectura compleja que presentan
montículos y plataformas de uso público. El Aspero, Bandurria,
Culebras I y Huaca Prieta son complejos de este tipo.

Padron de asentamiento del sitio Bandurria
FUENTE: Arquitectura y Urbanismo en el Antiguo Perú,
de C. Williams Leon
En las formas más simples las viviendas se agrupan con
independencia del montículo o plataforma que aparecen aislados
a cierta distancia. Tal es el caso de Bandurria. Un segundo
tipo, más complejo, está representado por Culebras I, en el
que las obras de carácter público toman la forma de andenes
donde se construyeron cuartos rectangulares hundidos con muros
de piedra. La disposición de las obras se complementa con
grandes terrazas. Finalmente, el tipo más complejo se presenta
en sitios como El Aspero, un ejemplo de urbanismo temprano.
El extenso poblado pudo contener entre mil y mil quinientas
personas, ocupando un área de 13,2 hectáreas. Sus rasgos característicos
son la planificación e integración de los montículos con las
áreas de vivienda. El lugar aparece dividido en barrios, hay
plazas, grandes andenes alineados y recintos rectangulares
con viviendas. La extensión y complejidad del asentamiento
indican la existencia de niveles elevados de organización
social (Williams León 1981: 384-85).
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Patrón de asentamiento de Sechín Alto
FUENTE: Arquitectura y Urbanismo en el
Antiguo Perú, de C. Williams Leon |
Reconstrucción hipotética de Las Haldas
FUENTE: Arquitectura y Urbanismo en el
Antiguo Perú, de C. Williams Leon |
Hacia el 2.000 a.C. se incrementaron notablemente la población
costera y los asentamientos[1].
Todas las aldeas tienen planta compleja y arquitectura pública
de proporciones. Entre los sitios contemporáneos se destacan
Tank Site, Río Seco y Asia, pero sin duda El Paraíso (ubicado
en la desembocadura del río Chillón), fue el más grande y
complejo de todos. Abarca unas 60 hectáreas y tenía una población
aproximada de mil individuos. Comprende catorce montículos
y plataformas de entre tres y seis metros de altura que encierran
un patio, distribuidos en forma de U con los brazos ocupados
por viviendas, el patio libre para el cultivo y un edificio
para culto en el fondo de la U. Este patrón temprano en forma
de U constituye la base para el posterior desarrollo de los
templos característicos del Período Inicial (Williams León
1981: 419)[2].
Desde 1.500 a 500 a.C. constituyen los principales monumentos
que dominaron la Costa peruana. Estos complejos se caracterizan
por su gran tamaño y la disposición en forma de U de sus plataformas,
edificios y plazas. Sitios como Las Haldas (200 ha), Sechín
Alto (300 ha), La Florida (10 ha) y Garagay (9 ha), poseen
este patrón característico.

Reconstrucción hipotética del sitio de Garagay
FUENTE: Arquitectura y Urbanismo en el Antiguo Perú,
de C. Williams Leon
Si bien existe consenso general respecto de la necesidad
de una mano de obra altamente organizada para la construcción
del tipo de obras citadas, hay discrepancia en relación al
tipo de subsistencia que mantenía a estas primeras sociedades
complejas, particularmente durante el Precerámico tardío.
La regla general sostiene que es necesario una base agrícola
altamente productiva para el desarrollo de la complejidad.
Sin embargo, varios autores (Lanning 1967; Moseley 1972, 1975;
Feldman 1978) argumentan que el surgimiento de esos grandes
complejos fue sostenido por una subsistencia basada esencialmente
en la pesca y recolección eficiente de los abundantes recursos
marinos que brinda la costa. Durante varios años se pensó
que esta región constituía una excepción a la regla. Sin embargo,
más recientemente, autores como Wilson (1981) y Raymond (1981)
han criticado el supuesto anterior y mediante diferentes tipos
de evidencias sostienen que esas sociedades sólo pudieron
desarrollarse con una base agrícola fuerte, complementada
con los recursos del mar.
En este trabajo se confrontarán estas ideas sobre la subsistencia
en la Costa durante el Precerámico tardío y el Período Inicial.
Tomaremos como representante de la “hipótesis marítima”
el artículo de Moseley (1972) y evaluaremos las críticas a
través de los análisis de Raymond (1981) y Wilson (1981).
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Planta del sitio El Paraíso
FUENTE: Arquitectura y Urbanismo en el Antiguo Perú,
de C. Williams Leon |
Croquis del sitio El Aspero FUENTE:
Arquitectura y Urbanismo en el Antiguo Perú, de
C. Williams Leon |
Recursos marinos del Océano Pacífico
La corriente de Humboldt es una corriente fría que sube en
dirección norte cercana a la costa desde Valparaíso (Chile)
hasta Cabo Blanco (Perú). Allí dobla en dirección oeste y
se pierde en la Corriente Ecuatorial. Debido a su baja salinidad
y temperatura fría, las condiciones son altamente favorables
para la producción y retención de oxígeno pudiendo sustentar,
de esta manera, una abundante vida animal y vegetal. La corriente
indudablemente debió haber provisto una fuente potencial de
recursos de extrema importancia para el hombre. Hay al menos
225 especies diferentes de peces y varias especies de aves
que se alimentan de ellas. La corriente también trae vertebrados
antárticos y subantárticos como pingüinos, leones marinos,
elefantes marinos y focas. Además de las aves, peces y mamíferos
la corriente provee grandes cantidades de crustáceos y otros
invertebrados (mejillones, ostras, cangrejos, erizos de mar).
En resumen, los recursos marinos disponibles a lo largo de
la costa son peces, aves, sus huevos, mamíferos marinos y
crustáceos. La temperatura uniforme de la corriente resulta
en una disponibilidad permanente de los recursos que sustenta
(Parsons 1970: 292-293-294).
Hay un fenómeno extremadamente importante que trastorna
el equilibrio normal de la Corriente de Humboldt: la contracorriente
de El Niño. El Niño es una corriente de aguas cálidas que
se origina en el Golfo de Guayaquil (Ecuador) y se dirige
hacia el sur a lo largo de la costa peruana hasta Paita, durante
diciembre. Con la presencia de El Niño la temperatura del
agua aumenta varios grados y los peces y aves tropicales migran
un poco más hacia el sur. Aproximadamente cada 7 u 8 años
la contracorriente se extiende más al sur de lo usual alcanzando
Trujillo y sus efectos son más pronunciados. Pero la gran
importancia de este fenómeno es que una vez cada 25-40 años,
parte de la Contracorriente Ecuatorial se une a El Niño, creando
otra muy fuerte que invade la de Humboldt y lleva grandes
masas de aguas cálidas hasta Pisco (sur de Perú). De esta
forma ocurre un abrupto cambio de temperatura con efectos
catastróficos sobre el equilibrio normal de la Corriente de
Humboldt. El plancton muere en la superficie o permanece muy
abajo en las aguas frías más profundas. Las poblaciones normales
de peces mueren o dejan el área causando que cientos de aves
marinas se debiliten por la falta de alimento y sucumban a
enfermedades pulmonares infecciosas. Además, aquellas que
migran se ven obligadas a dejar sus huevos o sus pichones
que también mueren (Parsons 1970; Moore 1991).
A menudo, asociado con El Niño, aparece el “aguaje”.
Enormes cantidades de plancton mueren debido a un aumento
de la temperatura del agua provocando la descomposición de
grandes masas de pequeños organismos afectados y la producción
de sulfuro de hidrógeno y otros gases nocivos, haciendo el
área tóxica para la vida. Aunque tanto el “aguaje”
como El Niño no son comunes en la Costa peruana, producen
efectos devastadores en la abundancia anual usual de recursos
marinos al menos una vez en cada generación humana (Parsons
1970; Wilson 1981).
Recursos terrestres
La Costa peruana puede ser dividida en tres zonas ambientales
distintas: el desierto, los valles fluviales y las lomas (Parsons
1970; Feidel 1996).
El desierto se extiende a lo largo de la costa del Océano
Pacífico en una faja de 25/40 km de ancho. Está cruzado cada
15 a 50 km por valles fluviales cuyas aguas desembocan en
el mar. Es un área árida y desolada bordeada por dunas a lo
largo de la playa y colinas bajas hacia el este en la base
de los Andes. Es prácticamente una zona sin lluvias. Normalmente
hay una falta completa de vegetación, la existente consiste
en cactus y tillanosia. Esta zona nunca ha sido explotada
efectivamente por el hombre prehistórico.
Hay alrededor de cuarenta valles fluviales separados unos
de otros por fajas áridas de desierto. Los valles varían en
tamaño y cantidad de flujo de agua, pero generalmente tienen
largos y angostos cuellos con amplias planicies aluviales
cerca de la costa. Sólo 10 ó 12 de los ríos constituyen corrientes
permanentes y alcanzan el mar durante todo el año. Los otros
poseen flujos estacionales restringidos al período entre diciembre
y marzo. Cada valle es topográficamente diferente. Algunos
tienen un canal angosto y profundo con riberas empinadas y
abruptas. Otros poseen márgenes amplias y chatas donde las
inundaciones periódicas producen vegetación de monte con arbustos
y pequeños árboles. Conejos, zorros y ciervos pueden encontrarse
en las márgenes de estos ríos. La zona costera de los valles
ha sido siempre el principal nicho para la habitación del
hombre en la costa. Las provisiones de agua fresca esenciales
para la existencia humana eran rápidamente disponibles. Los
estuarios de algunos de los ríos contienen camarones que pueden
ser recolectados fácilmente y en momentos de inundaciones
algunas especies de peces tienden a congregarse en sus bocas.
Madera para la construcción o para carbón puede encontrarse
a lo largo de los ríos donde ciertas frutas comestibles, vainas
y raíces también pueden ser recolectadas.
En un área de 3 a 5 km. de ancho paralela a la ribera la
napa freática está usualmente a 1-3 m. de la superficie. Este
hecho es doblemente importante, primero como fuente de agua
potable y segundo como la base para el cultivo en mahamaes
o pukios donde la superficie de cultivo es excavada un metro
o más bajo el nivel del suelo para aprovechar la humedad alimentada
por la cercanía de las aguas subterráneas. Con la superficie
de cultivo bajada a esa profundidad, el agua subterránea proveía
suficiente humedad como para cultivar maíz, porotos, calabazas
y algodón sin otro control adicional de la misma.
En elevaciones de entre 250 y 800 metros se forma un espeso
banco de neblina debido a la acción de los vientos costeros.
Estos bancos de neblina alcanzan su mayor desarrollo entre
mayo y octubre. En los cerros, tierra adentro, donde hacen
contacto con los bancos de neblina, la condensación de humedad
es suficiente para sostener vegetación. Las áreas donde se
forma esta vegetación característica son conocidas como lomas.
La extensión de la vegetación de las lomas varía de año en
año dependiendo de la cantidad de humedad de los bancos de
neblina. La vegetación sólo está presente por algunos meses
y luego el área se transforma en desierto nuevamente. Esta
zona probablemente no constituyó una fuente potencial de recursos
confiables año tras año para los habitantes de la costa.
Las dos hipótesis
El argumento principal de la hipótesis marítima sostiene
que los recursos marinos proveen alimento abundante, localizado
y continuo que sostuvo el desarrollo de las so-ciedades complejas
del Precerámico tardío (Lanning 1967; Moseley 1972, 1975;
Feldman 1978)
La hipótesis terrestre sostiene que los recursos marinos
son poco confiables, poco abundantes y poseen nutrientes insuficientes
para mantener las poblaciones costeras. De acuerdo con este
punto de vista, los recursos terrestres, en especial los cultivados,
deben haber jugado el rol central en el desarrollo de las
sociedades complejas del litoral peruano (Raymond 1981; Wilson
1981).
La hipótesis marítima
Moseley sostiene que en un lapso de 1500 años, las sociedades
de la costa peruana sufrieron un gran cambio económico. Se
reemplazó el modo de vida cazador-recolector por la pesca
y la recolección costera, los cuales a su vez fueron reemplazados
por el cultivo. Esto ocurrió entre el 3000 y el 1500 a.C.
(Moseley 1972: 25).
Moseley analiza estos cambios en el área de Ancón-Chillón
(costa central)[3]. Aquí se encuentran cinco complejos
de recursos que fueron explotados intensivamente durante el
período de cambio económico: el río, el desierto, las lomas,
el litoral arenoso y el litoral rocoso. De acuerdo con Moseley
(1972: 27-28) de los cinco complejos de recursos las zonas
litorales tienen la biomasa más rica y diversa y más fácilmente
explotable. En comparación las lomas y los ríos tienen una
flora y fauna moderada pero también fácilmente explotable.
El desierto posee la biomasa más pobre pero esta zona es de
gran potencial cuando puede ser cultivada. Sin embargo los
prerrequisitos tecnológicos para el cultivo son considerables.
Primero, son necesarias plantas cultivables y éstas no estaban
disponibles localmente. Segundo, el cultivo del desierto demanda
un sistema de manejo del agua con largos canales de irrigación
implicando un gran esfuerzo de trabajo. Por lo tanto, el ambiente
económico varía de zonas con recursos abundantes y fácilmente
explotables a zonas de gran potencial pero que demandan una
tecnología sofisticada y una gran inversión de trabajo.
Este período de rápido cambio económico abarca tres unidades
de tiempo arqueológicas: el final del Estadio Lítico (que
culmina en el 2500 a.C.), todo el Estadio Precerámico Algodonero
(2500-1750 a.C.) y la primera parte del Período Inicial (que
comienza en el 1750 a.C.). (Moseley 1972: 28-29).
La evidencia arqueológica que el autor propone para el
período de cambio económico acelerado es la siguiente: la
fase Encanto es la última del Estadio Lítico. En los sitios
Encanto excavados en el área de Ancón-Chillón se observa la
presencia de gran cantidad de restos de recursos marinos,
algunos restos de camélidos, semillas de plantas provenientes
de las lomas y pocas piezas de calabaza, las cuales atestiguan
la presencia de plantas cultivadas al final del Estadio Lítico
pero, según Moseley (1972: 30) son de importancia secundaria.
La gran cantidad de recursos marinos hallados contrasta con
la tecnología encontrada, que es indicativa de caza y no de
pesca.
El Estadio Precerámico Algodonero está marcado por la introducción
del algodón. Los sitios pertenecientes a este Estadio presentan
las siguientes características:
· Se observa un crecimiento
en el tamaño de los sitios. Al comienzo del Estadio los sitios
son pequeños, cubriendo unos pocos cientos de metros cuadrados.
Al final del Estadio constituyen grandes asentamientos que
cubren varias hectáreas.
· Se pasa de una distribución
esporádica de sitios pequeños a lo largo de la costa a grandes
asentamientos situados regularmente a aproximadamente 10 km.
unos de otros.
· Los sitios de las fases tempranas
del Precerámico Algodonero revelan algunos aspectos importantes.
Primero, no hubo transferencia de la tecnología cazadora-recolectora
de la fase Encanto ni dependencia en recursos de las lomas.
Hubo una ruptura completa con los patrones más tempranos de
subsistencia. Segundo, dos de los asentamientos muestran patrones
de subsistencia altamente especializados, uno manifestando
un foco casi exclusivo en recursos del litoral arenoso y el
otro en el litoral rocoso. Tercero, el contenido de vegetales
de estos sitios tempranos indica un crecimiento en el número
de plantas cultivadas. “Aunque eran de importancia secundaria,
la cantidad y tipos de plantas en uso era mucho mayor que
aquellas de la fase Encanto” (Moseley 1972: 31).
· En las fases medias y tardías
continúan siendo ocupados los mismos sitios de las fases tempranas.
Calabaza, algodón, pimientos, guava y lúcuma estaban en amplio
uso al final del Estadio, sin embargo, estos recursos eran
de importancia secundaria ya que ninguno era adecuado para
servir como producto agrícola principal -agricultural staple-
(Moseley 1972: 32).
A partir del Período Inicial se observa un cambio en la
ubicación de los sitios que dejan la costa para ubicarse en
los valles fluviales. Aparecen grandes centros ceremoniales
presumiblemente construidos y mantenidos por grandes poblaciones
que residían en las vecindades. Continúa el consumo de recursos
marinos aunque ahora la agricultura es de gran importancia
en la dieta. La mayor confianza en plantas cultivadas se correlaciona
con el cambio de la residencia tierra adentro. La agricultura
debe haber constituido la única base económica viable para
mantener las grandes poblaciones de los valles interiores,
desplazando la pesca y recolección marina y constituyéndose
en la actividad económica más importante (Moseley 1972: 32-33).
En resumen, el registro arqueológico muestra que los habitantes
del área de Ancón Chillón sobrellevaron un rápido cambio en
la subsistencia. La caza y recolección fue reemplazada por
la pesca y a su vez esta última fue reemplazada por el cultivo.
Cada uno de estos cambios fue precedido por un aumento gradual
en la dependencia de productos que iban a asumir primacía
en el Estadio posterior. Así, la población de Encanto explotó
recursos marinos aunque continuaron con la caza y la recolección.
De manera similar, las plantas cultivadas fueron importantes
en el Estadio Precerámico Algodonero aunque la actividad fundamental
era la pesca. Por último, cada cambio en los patrones de subsistencia
coincidió con un cambio sustancial en el patrón de asentamiento.
En base a la evidencia presentada analiza los cambios en
la subsistencia a partir de lo que él denomina como “logística
de subsistencia”, la forma de poner en contacto los
recursos con los consumidores (Moseley 1972: 33).
Durante la fase Encanto, tanto las lomas como el litoral
proporcionaron los recursos necesarios a la población. Los
sitios de esta fase se hallan en puntos equidistantes entre
las lomas y el mar para tener los dos complejos de recursos
a distancias igualmente accesibles (Moseley 1972: 35).
Al comienzo del Estadio Precerámico Algodonero cesó la
explotación de las lomas y adquirieron primacía los recursos
marinos. Además se utilizaron plantas silvestres y cultivadas.
Los recursos marinos abundantes, localizados y perennes permitieron
una forma de vida sedentaria, altas densidades de población
y la construcción de grandes asentamientos costeros. Las plantas
cultivadas tuvieron mayor importancia en los sitios donde
sus habitantes podían dedicarse tanto a la pesca y recolección
marina como a la agricultura. Esto fue posible por ejemplo
en la desembocadura del río Chillón donde se podían utilizar
los dos complejos de recursos[4].
(Moseley 1972: 40).
A partir del Período Inicial, la economía marina siguió
manteniéndose aunque parte de la población comenzó a trasladarse
tierra adentro. Este cambio se produjo debido al desarrollo
de la irrigación por canales y la apertura de tierras desérticas
al cultivo. Los habitantes de la costa continuaron residiendo
en grandes comunidades sedentarias. La población del interior
vivió en pequeñas aldeas aunque también se desarrollaron grandes
centros capaces de mover los bienes de subsistencia hacia
esas localidades centralizadas (Moseley 1972: 43).
Para explicar por qué ocurrieron estos cambios en la subsistencia
de la Costa peruana, elabora un modelo que propone como causa
última del cambio el aumento de población.
Parte de dos supuestos:
· Una población crece hasta
alcanzar los límites de su provisión de alimentos.
· Un recurso nuevo debe integrarse
a la economía si produce un aumento de población que excede
la capacidad de sustento de la economía tradicional.
Es decir, estos dos supuestos implican que un nuevo recurso
conducirá a un cambio en la subsistencia siempre y cuando
su explotación se vea acompañada por un crecimiento de la
población que no pueda ser absorbido por la economía tradicional
(Moseley 1972: 47).
Con relación a la evidencia arqueológica sostiene que es
evidente que desde la fase Encanto los cazadores-recolectores
explotaban recursos marinos. Este hecho puede explicarse suponiendo
que un segmento de la población creció y superó la capacidad
de sustento de las lomas. Este excedente de población no se
dedicó en tiempo completo a la pesca sino que trató de acomodarse
al patrón de subsistencia existente. Esto pudo haber tenido
dos consecuencias: primero, retardar el crecimiento de una
población dedicada exclusivamente a los recursos marinos y
segundo, recargar las lomas con un exceso de población. Entonces,
si la población en las lomas era excesiva y sus recursos se
sobreexplotaban, esto pudo haber conducido al abandono de
las lomas y al desarrollo de la pesca a tiempo completo.
Un proceso similar de cambio puede proponerse para la aparición
del cultivo intensivo. Cuando el crecimiento de la población
superó la capacidad de sustento de los recursos marinos, la
agricultura absorbió las necesidades de la población en aumento,
en especial gracias al desarrollo de canales de riego que
permitieron cultivar el desierto (Moseley 1972: 47).
Varios son los problemas que presenta el trabajo de Moseley.
En primer lugar, al mencionar los cinco complejos de recursos
disponibles sugiere que el río sólo provee recursos silvestres
y que la agricultura por inundación aparece en momentos tardíos.
Sin embargo, como lo han reconocido algunos autores (Parsons
1968; Parsons 1970) el cultivo a través del sistema de mahamaes
ha sido utilizado desde tiempos tempranos aprovechando la
cercanía de la napa freática en la ribera de los ríos.
Otro problema surge al considerar la importancia de los
recursos marinos. Tanto para la fase Encanto como para el
Estadio Precerámico Algodonero infiere su mayor importancia
en base a la cantidad de restos que aparecen, asumiendo que
hay una relación directa entre mayor número e importancia
económica.
Dos cuestionamientos pueden plantearse. En primer lugar,
hay que tomar en consideración la posibilidad de preservación
de los restos vegetales en la zona estudiada. La mayor cantidad
de recursos marinos que aparecen en los sitios puede deberse
a un fenómeno de preservación diferencial y no, como es asumido,
a un mayor consumo de los mismos. En segundo lugar, aún si
la cantidad de recursos marinos es mayor, sería necesario
calcular el aporte calórico de estos recursos ya que mayor
cantidad no implica necesariamente una dieta adecuada para
la población.
Ninguna de estas dos cuestiones, que serán retomadas en
los análisis de Raymond (1981) y Wilson (1981), parecen ser
tenidas en cuenta por Moseley al analizar la evidencia.
Finalmente, cuestionamos la “súbita” aparición
de la agricultura que se produce cuando la población se traslada
tierra adentro y comienza a construir canales de riego durante
el Período Inicial.
Si bien Moseley reconoce que en períodos anteriores se
practicaba el cultivo, la gran expansión agrícola parece haber
ocurrido de repente y sin mayores antecedentes en el área.
Consideramos que una actividad de importancia tal como la
agricultura no puede surgir de repente sino que conlleva un
largo proceso que conduce a ella. El desarrollo y las características
particulares de este proceso no son reconocidas por él, que
minimiza su importancia en los períodos anteriores en favor
de una economía marina.
Por otra parte, sostiene que a partir del Período Inicial
la población se traslada tierra adentro y comienzan a aparecer
grandes centros ceremoniales presumiblemente construidos y
mantenidos por poblaciones de gran tamaño que residían en
las vecindades. Sugiere que la agricultura debe haber constituido
la única base económica viable para mantener las grandes poblaciones
de los valles interiores. Como las poblaciones interiores
eran aparentemente más grandes que las costeras puede considerarse
que el cultivo desplazó a la pesca como la actividad económica
más significativa (Moseley 1972: 33).
Entre los centros ceremoniales del Período Inicial que
se ubican en los valles interiores del área estudiada por
Moseley pueden mencionarse La Florida, Garagay y Mina Perdida
de 10, 9 y 7 ha respectivamente (Fung Pineda 1988: 90).
Si seguimos el razonamiento de Moseley que sostiene que
fue necesaria una gran cantidad de población para construirlos
y que esa población sólo podía ser sustentada por una base
agrícola fuerte, nos preguntamos por qué un asentamiento de
uso ceremonial del Precerámico tardío como El Paraíso (de
60 ha), pudo ser construido y mantenido por una población
que basaba su subsistencia en recursos marinos y que presumiblemente
debería ser mayor que la de los valles interiores en tanto
este asentamiento es mucho más grande que los mencionados
en primer lugar.
Esto nos lleva también a replantear el crecimiento demográfico
como una causa única del cambio económico. Si bien está más
allá de este trabajo evaluar la eficacia de los modelos unicausales
o multicausales, sin duda consideramos que el cambio en una
actividad básica como la subsistencia debe haber estado influenciado
por múltiples variables interrelacionadas, una de las cuales
debe haber sido el aumento demográfico aunque no la única
o la más importante.
A continuación evaluaremos las críticas hechas por Raymond
(1981) y Wilson (1981) a la hipótesis marítima.
La hipótesis terrestre
Como mostramos en la sección anterior el modelo de Moseley
(1972) presenta varios problemas. Estos son recogidos y compartidos
por autores como Raymond y Wilson.
Si bien Moseley no descarta la importancia del cultivo, sostiene
que sitios como El Paraíso, El Aspero o Río Seco del Precerámico
tardío, basaron su subsistencia en recursos marinos y que
el cultivo como forma de subsistencia principal se dio posteriormente.
El principal cuestionamiento de los defensores de la hipótesis
terrestre es que los recursos marinos por sí solos no proveen
los valores calóricos y protéicos necesarios y no pueden mantener
los numerosos individuos que vivían en esos grandes asentamientos.
Raymond (1981) examina en su trabajo los tres puntos básicos
que sustentan la hipótesis marítima.
Estos son:
1. Los contenidos de los basurales de sitios
del Precerámico tardío atestiguan la importancia primaria
de los recursos marinos.
2. La evidencia de actividad agrícola es
insignificante.
3. La distribución de los sitios del Precerámico
tardío es indicativa de una base económica marina (la proximidad
de los sitios a los recursos marinos y su distancia de la
tierra cultivable y otros recursos terrestres es usado para
apoyar la idea anterior).
Un presupuesto implícito es que estos sitios y sus contenidos
están libres de cualquier sesgo significativo de preservación
(Raymond 1981: 807).
En primer término Raymond calculó las calorías y el peso
de carne (meat weight) representadas por el total de recursos
marinos que aparecieron en los cinco sitios más importantes
del Precerámico Algodonero en el área de Ancón-Chillón (Tank
Site, Punta Grande, Pampa, Banco Verde, Camino). En base a
los cálculos anteriores estimó que durante el final del Precerámico
Algodonero, momento en que se desarrolló la arquitectura monumental,
los recursos marinos podían sustentar un promedio de 26.3
individuos por año (Raymond 1981: 809).
Por otra parte, estimó el porcentaje de la dieta que proviene
de los recursos marinos llegando a la conclusión que los mismos
no representan más del 3.3% de la dieta (Raymond 1981: 811).
Los recursos vegetales, teniendo en cuenta los cálculos
antes descriptos, deberían aportar más del 95% de la dieta.
Si bien los recursos vegetales silvestres ubicados en los
valles fluviales constituyen una base rica para la población,
el autor reconoce que con los datos existentes no es posible
calcular exactamente que especies había, estimar su abundancia
relativa y especificar su contribución a la dieta. Sin embargo,
sostiene que es improbable que el déficit de calorías haya
sido compensado solamente a través de la recolección de plantas
silvestres (Raymond 1981: 813).
Entonces, si no había una fuerte confianza en la agricultura,
¿cómo sobrevivían los habitantes del área de Ancón-Chillón?
De acuerdo con Raymond (1981: 813), la inferencia que sostiene
que la agricultura fue de importancia mínima durante el Precerámico
Algodonero está basada en la idea de que no había cultivos
básicos o de subsistencia (staple crops) (Moseley 1972: 32).
Esta conclusión descansa en dos supuestos:
- Ninguno de los cultivos existentes podría haber sido
un cultivo básico o de subsistencia.
- Durante el Período Inicial el maíz se convirtió en un
cultivo básico en la costa peruana.
La noción de que el maíz era un cultivo básico en el antiguo
Perú se basa en la creencia común de que cualquier civilización
del Nuevo Mundo dependía de este cultivo como principal fuente
de calorías. Sin embargo, además del maíz hay otros cultivos
básicos presentes en sitios tempranos de la costa peruana.
Los tubérculos (batata, achira, jicama, yuca) pueden alcanzar
o exceder al maíz en producción calórica por hectárea. Si
el cultivo básico durante el Precerámico Algodonero eran los
tubérculos, esto ayuda a explicar la baja frecuencia de restos
vegetales en los basurales. Si los restos vegetales en general
aparecen en mucha menor cantidad en relación a huesos y conchas,
los restos de tubérculos aparecen en cantidades mucho menores
en tanto son consumidos completamente (Raymond 1981: 814).
De acuerdo con el autor (1981: 814) se ha estimado (Engel
1967) que 240 ha en las cercanías de El Paraíso podían ser
cultivadas con técnicas de manejo del agua muy simples. Asumiendo
que el área de cultivo podía ser extendida usando las zonas
de las planicies aluviales a través de una agricultura por
inundación, la producción era suficiente para proveer las
calorías anuales necesarias a los habitantes de El Paraíso
(mil individuos aproximadamente) (Raymond 1981: 815).
Por último, Raymond analiza el patrón de asentamiento de
los sitios del Precerámico Tardío, concluyendo, a diferencia
de Moseley (1972), que éste refleja una ubicación relacionada
con la producción agrícola.
Basado en el presupuesto de que las poblaciones tienden
a vivir cerca de sus recursos principales, Moseley (1972)
ha interpretado el patrón de asentamiento como evidencia de
una economía marina. La mayoría de los sitios tempranos están
situados a pocos cientos de metros de la costa y algunos se
sitúan incluso a varios kilómetros del valle fluvial más cercano.
Los sitios del Precerámico tardío yacen a lo largo de la
faja costera entre el valle de Chicama y el valle de Omas
(8º-13º Sur).
Raymond argumenta que hay una correspondencia cercana entre
las variaciones en el paisaje terrestre y la distribución
de los sitios.
La sección de la costa entre el valle de Chicama y el valle
de Omas donde los asentamientos han sido encontrados coincide
casi exactamente con la parte que no tiene planicie costera.
Compuesta de sedimentos aluviales presumiblemente del Terciario,
la planicie costera comienza en el límite con Ecuador, alcanza
su ancho máximo en Punta Aguja y termina en el valle del Virú.
De este valle hasta el valle del Cañete, las estribaciones
de los Andes alcanzan la costa. En Cañete la planicie aparece
nuevamente y continúa hacia el sur.
Desde el punto de vista del asentamiento humano el aspecto
más importante de la planicie costera es su efecto en la hidrología
de los diferentes valles fluviales que son la fuente de los
sistemas de irrigación. Al sur de Cañete los ríos tienen valles
angostos y abruptos con planicies aluviales pobremente desarrolladas.
Si la agricultura por inundación era un aspecto económico
importante del Precerámico Tardío, es entendible que no haya
grandes sitios en esta parte del sur de la costa. Al norte
del Virú hay varios valles fluviales con amplias secciones
de tierra irrigable. En esta región donde la planicie costera
es ancha pero relativamente baja, las planicies aluviales
comienzan a ensancharse a lo largo del curso medio de los
ríos y las partes mejor irrigadas están a menudo a buena distancia
de la costa. Esta evidencia sugiere que los agricultores tempranos
debieron asentarse tierra adentro y no cerca de la costa.
La única sección del litoral donde puede esperarse que los
agricultores se hayan asentado cerca de la costa es la faja
entre Virú y Cañete donde las condiciones orográficas favorecen
el desarrollo de grandes planicies aluviales en la boca de
los ríos (Raymond 1981: 816-817).
En resumen, puede decirse que la revisión de la evidencia
que sustenta la hipótesis marítima no ha soportado el escrutinio.
Los contenidos de los basurales, cuando se los examina cuantitativamente,
no apoyan la conclusión de que las grandes poblaciones sedentarias
eran mantenidas por recursos marinos. Esto sugiere que en
la costa del Perú, las conchas y restos óseos debido a que
se preservan bien dan una impresión errónea de su importancia
en la dieta. Los datos indican que mayor cantidad de población
puede ser mantenida por la agricultura que por la explotación
de recursos marinos. En relación a las localizaciones de los
asentamientos, a primera vista parece que brindan evidencia
poderosa a favor de una subsistencia marina. Pero cuando se
los examina en relación a la totalidad de la Costa y a la
distribución de tierra inundable, el patrón de asentamiento
parece favorecer la agricultura (Raymond 1981: 818-819).
Es importante destacar que a pesar de la importancia primordial
que asigna Raymond a la producción agrícola, no descarta la
pesca y recolección marina como un aporte complementario en
la dieta.
Sostiene que mientras que la pesca probablemente nunca
fue el aspecto principal esas economías, fue un ingrediente
crítico y sin duda significativo en el desarrollo de la civilización
costera. Junto con una economía agraria debe haber contribuido
con una importante cantidad de recursos ricos en proteínas
y otros nutrientes para complementar los recursos vegetales
(Raymond 1981:819).
Wilson propone analizar tres conjuntos de datos para evaluar
la importancia relativa de la hipótesis marítima y terrestre:
· Estudios ecológicos de los
ambientes marino y terrestre.
· Estudios etnográficos en
las aldeas de pescadores.
· Estudios arqueológicos de
sitios costeros del Precerámico Tardío y del Período Inicial
(Wilson 1981).
En primer lugar enfatiza un aspecto del ecosistema costero
que ya ha sido descripto en este trabajo. Destaca la importancia
de El Niño y el “aguaje” como fenómenos que introducen
perturbaciones y destruyen la productividad alta y estable
de la Corriente de Humboldt que brinda abundantes recursos
a las poblaciones costeras.
Una vez considerado este aspecto del ecosistema costero,
que en cierta forma debilita la hipótesis marítima, realiza
cálculos de la capacidad de sustento (carryng capacity) de
los recursos marinos y de la agricultura de maíz.
Asume la existencia de cultivo de maíz desde el Precerámico
tardío en base a la evidencia del mismo en sitios como Las
Haldas, Culebras I y Huarmey I y sostiene que a pesar de la
existencia de otros cultivos, el maíz constituye el mayor
porcentaje de ingreso dietético comparado con cualquier otro
cultivo (Wilson 1981: 101).
En función de los cálculos realizados, afirma que la capacidad
de sustento de la pesca en el área de Ancón-Chillón es de
400 personas. Este número es mucho menor que el cálculo poblacional
mínimo realizado por Moseley (1975) para el área, donde estima
alrededor de 2400 habitantes. Es decir que 2000 de los 2400
habitantes sugeridos como población mínima requirieron de
otra alternativa de subsistencia diferente al sistema marino.
Alrededor del 80% de la población debió confiar en la agricultura
para su subsistencia (Wilson 1981: 105).
Resultados similares se obtuvieron en relación a la capacidad
de sustento de los bancos de mariscos, concluyendo que no
podían sustentar poblaciones considerables (Wilson 1981: 106).
La capacidad de sustento de la agricultura temprana de maíz
es de 50 personas/km2. Usando la estimación de población de
Moseley (1975) para Ancón Chillón, las 2000 personas no mantenidas
por la economía marítima habrían necesitado 40 km2 de tierra
cultivable para su subsistencia. Este número representa el
33% de la tierra actualmente en cultivo en el valle del Chillón
(Wilson 1981: 107).
Como puede observarse la capacidad de sustento de la agricultura
de maíz es mucho mayor que la de los recursos marinos pudiendo
alimentar en forma suficiente a la población existente en
el área.
Respecto de los datos etnográficos, sostiene que los estudios
realizados entre comunidades de pescadores muestran que las
comunidades con una subsistencia marina exclusiva no superan
a los 12-50 individuos. Si bien estos datos etnográficos por
sí solos no necesariamente indican que la adaptación marina
prehistórica era limitada, combinada con el análisis antes
realizado muestra que la hipótesis marítima es poco sostenible
(Wilson 1981: 108).
Finalmente Wilson analiza cuáles podrían haber sido las
probables respuestas adaptativas de una economía marítima
frente a los períodos de desestabilización productiva causada
por El Niño y el “aguaje”. Estas respuestas son:
· Almacenaje de productos marinos
· Cambio temporario a recursos
alternativos.
· Migración de la costa.
· Expansión del área de pesca.
· Mecanismos de limitación
de la población.
· Desarrollo de una economía
mixta marítima-agrícola.
En primer lugar no hay evidencias arqueológicas que indiquen
que se hayan desarrollado técnicas de almacenaje de productos
marinos. Por otra parte, cualquier otro recurso alternativo
a la pesca (aves, bancos de mariscos, etc.) también se ven
afectados por los efectos de la corriente y parece improbable
que hayan constituido una alternativa adecuada como fuente
de alimentos. Del mismo modo también parece improbable que
los grupos normalmente adaptados a la pesca año tras año puedan
de repente migrar a una zona diferente y adaptarse a nuevas
formas de obtención de recursos (Wilson 1981: 113).
Otra posible respuesta adaptativa sería expandir el área
de pesca extendiendo el área de la costa usada o a través
de embarcaciones que permitan internarse mar adentro hacia
las mayores concentraciones de peces. De acuerdo con Wilson
(1981: 114) la presencia de otros grupos adyacentes dificulta
el desarrollo de la primera opción y en relación a la segunda
no hay evidencia arqueológica que indique que algún tipo de
embarcación haya sido utilizada en épocas tempranas.
Entonces, las respuestas adaptativas más probables parecen
ser los mecanismos de limitación de la población o el desarrollo
de una subsistencia mixta basada principalmente en la agricultura.
El sistema agrícola también estaba sujeto a factores limitantes
como la cantidad y disponibilidad estacional de agua, la cantidad
de tierra cultivable, la salinización, etcétera. Pero estaba
claramente mucho menos limitado que el sistema marítimo.
Los grupos marítimos, teniendo en cuenta la capacidad de
sustento de los recursos marinos y los efectos de El Niño,
debieron haberse mantenido en bajas densidades, a través de
mecanismos como el infanticidio, la prolongación de la lactancia,
el retraso en la edad del matrimonio, entre otras determinaciones.
Si bien estos mecanismos de control de la población no pueden
verse directamente en el registro arqueológico, pueden ser
inferidos a partir de números bajos de población y pequeños
asentamientos ampliamente separados. Estas son las características
que presentan los sitios marítimos de la Costa peruana. Si
la Corriente de Humboldt brindara siempre altos niveles de
productividad, podría esperarse la aparición de sociedades
complejas antes de la introducción del cultivo. Sin embargo,
la alta productividad continua no es el caso de la Costa.
Por lo tanto, la adopción de una subsistencia mixta, basada
principalmente en la agricultura y con un apoyo secundario
en productos marinos configura el contexto adecuado para el
surgimiento de las sociedades complejas en esta región (Wilson
1981: 114).
Como puede observarse, tanto Raymond como Wilson, mediante
el análisis de diferentes tipos de datos, proveen evidencia
adecuada a favor de una base agrícola como forma de subsistencia
de las primeras sociedades complejas.
Creemos además, que la realización de otro tipo de estudios
como análisis de dieta e indicadores bioarqueológicos, podrían
brindar información complementaria como una vía de análisis
independiente para contrastar la hipótesis expuesta.
Conclusiones
Varias son las características, que en términos generales,
definen la complejidad social: poblaciones extensas, arquitectura
de magnitud, diferenciación social, producción de excedentes
y su apropiación por parte de la elite, especialización artesanal,
entre otras.
Algunas de ellas están presentes en la Costa peruana en
el período estudiado, siendo la arquitectura monumental la
más destacada y estudiada. Necesariamente, la existencia de
este tipo de construcciones exige la presencia de otras de
las caracaterísticas mencionadas: diferenciación social y
producción de excedentes apropiados por la elite.
Durante el Precerámico tardío se desarrollaron en la Costa
peruana numerosos asentamientos de arquitectura compleja.
Estos sitios indican un nivel avanzado de organización social
capaz de planificar y coordinar el aporte de trabajo de grupos
numerosos de personas. La existencia de un excedente de energía
para ser invertido en obras públicas de carácter no utilitario
(montículos y plataformas de uso religioso) permite asegurar
que hubo una explotación de los recursos alimentarios a niveles
superiores a los de subsistencia. En otras palabras, fue necesaria
la presencia de un excedente de recursos administrados por
la elite mediante el cual podían ser mantenidos los individuos
dedicados a la construcción de estos grandes complejos.
¿Qué tipo de recursos eran los principales? Como se ha
visto a lo largo de la exposición, parece que los recursos
marinos no son capaces de sostener las grandes poblaciones
de estos asentamientos. Su mayor presencia en los basurales
de los sitios parece deberse a un fenómeno de preservación
diferencial y no a su mayor consumo. Además, la capacidad
de sustento de los mismos es mucho menor comparada con la
de los productos agrícolas, evidenciándose incapaz de mantener
por sí sola a gran cantidad de individuos.
Por otra parte, tampoco existen evidencias confiables
de la existencia de almacenaje de productos marinos. Si parte
de la población queda excluida de las actividades de subsistencia
y debe ser mantenida, parece indispensable la presencia de
alguna forma de preservación de lso recursos para que puedan
ser almacenados. Por el momento no hay evidencia de este tipo
de actividad. En sitios como El Paraíso y El Aspero, Fung
Pineda (1988), menciona la existencia de pozos o estructuras
dealmacenaje subterráneos. Como hasta el momento no se ha
hallado evidencia de preservación de productos marinos para
ser almacenados, parece evidente que esas estructuras conservaran
productos agrícolas.
Por lo tanto, con los datos arqueológicos adecuadamente
analizados, parece que las primeras sociedades complejas de
la Costa no rompen con la regla general: la necesidad de una
base agrícola altamente productiva para el desarrollo de la
complejidad.
Referencias bibliográficas
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Shady Solís, R. 1997. La Ciudad Sagrada de Caral-Supe en
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Perú. En Historia del Perú T VIII: 373-585. Ed. Mejía Baca.
Lima.
Wilson, D. 1981. Of maize and men: a critique of the maritime
hypothesis of state origins on the coast of Perú. American
Anthropologist 83: 93-120.
[1] Moseley
(1975) calcula una población de 2.500 a 5.500 habitantes
para el área de Ancón Chillón hacia los 2.000 a.C.
[2] Recientemente la doctora Ruth Shady Solís, de la Universidad
Nacional Mayor de San Marcos -Lima-, ha realizado excavaciones
en un importante sitio ubicado en el valle del río Supe.
“La Ciudad Sagrada de Caral-Supe” es un asentamiento
de gran extensión que fue construido en el Arcaico tardío
(3.000/1.500 a.C.). Cubre un área aproximada de 50 hectáreas
y está conformado por más de 32 conjuntos arquitectónicos
de diversas magnitud y funciones, que incluyen edificaciones
piramidales, templos, sectores residenciales, plazas públicas,
almacenes y calles (Shady Solís 1997). Sin duda este asentamiento
es de los más destacados del Arcaico tardío y aportará importantes
datos a la investigación del proceso civilizatorio de la
Costa peruana.
[3] Si bien la evidencia arqueológica a partir de la cual formula
su modelo proviene exclusivamente del área de Ancón-Chillón,
propone el modelo como generalizable a gran parte de la
costa peruana.
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