Sobre el necesario vínculo entre el patrimonio y la sociedad
Reflexiones
críticas sobre Patrimonio, Turismo y Desarrollo Sostenible
Marcelo Martín
Arquitecto, gestor cultural, responsable del Departamento de Comunicación
del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (Sevilla, España)
Correo-e: valleymar@teleline.es (personal) boletin@iaph.junta-andalucia.es
(revista PH)
Desde hace ya varios años venimos asistiendo
a la presentación y representación del concepto de Patrimonio
como factor de desarrollo (que puede o no incluir el adjetivo
de sostenible). Su explicitación dentro del ámbito de la gestión
del patrimonio tiene hasta ahora, al menos en nuestro ámbito auntonómico,
resultados visibles y efectivos muy por debajo de las horas de cursos,
debates, jornadas de sensibilización así como de los numerosos documentos,
más o menos rigurosos que se han publicado, por lo que pretender
formalizar otro aporte más al tema desde la perspectiva esclarecedora
o declamativa es una pérdida de la oportunidad.
Cuando nos abocamos a esta tarea de reflexión
de una forma acorde con el espíritu de la época, iniciamos nuestro
trabajo por medio de la Red. Escribimos en el casillero de búsqueda
avanzada los términos patrimonio + desarrollo + sostenible
y obtuvimos resultados que creemos superan la capacidad de un investigador
nato y por tanto demoledor para alguien como el que esto escribe.
Encontramos más de diez mil documentos posibles de visitar, de los
cuales indagamos unos cuatrocientos y, finalmente, encapsulados
en un disquete, nos quedamos con veinte de todos ellos, siendo conscientes
que lo ingente de la tarea hacía que se nos quedara muchísima información
en el tintero (informático). Esto nos da una idea aproximada de
la importancia que el tema tiene y de la envergadura que el patrimonio
y el desarrollo tienen a la hora de plantearnos una acción responsable
sobre nuestra realidad patrimonial concreta.
La gestión integral del patrimonio, dentro de las actividades terciarias,
se configura como el sector más sensible desde el punto de vista de la conciencia
de su propia tarea, pero al mismo tiempo el que menos fuerza y experiencia
posee a la hora de integrarse en procesos dinámicos más generales de desarrollo
social y económico, y frente a las presiones que los grupos económicos realizan
a la hora de producir rentabilidad monetaria de un recurso. Esto debería considerarse
improbable por parte de los políticos al frente de la gestión cultural en
general y del patrimonio en particular. Sin embargo, la gran cantidad y variedad
de profesionales técnicos y agentes que intervienen en el proceso de gestión
patrimonial (investigación, conservación-restauración, documentación, legislación,
formación y difusión), no por menos informados, pero sí por crédulos, por
positivistas y alentadores de nuevas perspectivas de trabajo y desarrollo,
no alcanzan a vislumbrar en todos sus alcances el cuidado que debe tener el
sector a la hora de introducirse en dinámicas de desarrollo social y económico
como puede ser el turismo.
Comencemos por procurarnos algunas definiciones y algunos puntos de partida
que no necesariamente pasan por la declamación de principios y sí por ver
en toda su brutal realidad lo que significa introducirse en el desarrollo
y el turismo sostenible.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) define el desarrollo
humano sostenible como el desarrollo que no sólo genera crecimiento económico
sino que distribuye sus beneficios de forma equitativa; regenera el medio
ambiente en lugar de destruirlo; le brinda a las personas la capacidad de
autogestión en lugar de excluirlas. Le da prioridad al pobre aumentando sus
opciones y oportunidades y le provee la oportunidad de participar en la toma
de decisión en torno a cuestiones que les afectan. Es desarrollo por el pobre,
por la naturaleza, por la creación del empleo y en pro de la mujer.
La Comisión Mundial de Ambiente y Desarrollo define al desarrollo sostenible
como aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer la habilidad
de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades; mientras
que otros dicen que desarrollo sostenible es un proceso de cambio progresivo
en la calidad de vida del ser humano, que lo coloca como centro y sujeto primordial
del desarrollo, por medio del crecimiento económico con equidad social y la
transformación de los métodos de producción y de los patrones de consumo y
que se sustenta en el equilibrio ecológico y el soporte vital de una región.
Este proceso implica el respeto a la diversidad étnica y cultural regional,
nacional y local, así como el fortalecimiento de la plena participación ciudadana,
en convivencia pacífica y en armonía con la naturaleza, sin comprometer y
garantizando la calidad de la vida de las generaciones futuras (ALIDES, Alianza
para el Desarrollo Sostenible, 1994).
Ahora podemos tomarnos un poco más en serio el pensar en nuestra herencia
cultural y su gestión ya no en el marco profesional sino en toda su implicancia
social. No vamos a referir nuevamente aquí que el patrimonio forma parte de
nuestra identidad, etc, etc. Sino mejor cómo la herencia natural y cultural
se ha convertido en un objetivo del turismo a escala mundial y que es al mismo
tiempo una oportunidad positiva y una amenaza concreta también a su preservación.
La crisis petrolera de principios de los años setenta estaba encuadrada,
en realidad, en un proceso mayor que tenía su inicio a fines de la segunda
guerra mundial y cuyo epicentro era el rápido crecimiento económico de los
países industrializados, países que dibujaron un modelo que fue trasladado
mecánicamente a la periferia del sistema económico mundial. El desarrollo
era entonces un problema estrictamente económico y se esperaba corregir los
desequilibrios con la propia dinámica de dicho desarrollo. Falacia que hasta
hoy se mantiene y que agudizó las desigualdades entre países y entre distintas
capas sociales en el mismo núcleo del desarrollo. Dicho modelo, sustentado
en la utilización indiscriminada de tecnologías contaminantes, agota los recursos
naturales sin capacidad de regeneración y luego es trasladado, en su faceta
más ortodoxa, a los países subdesarrollados.
La crisis del modelo ha llevado a la revisión del concepto de desarrollo
y al rechazo de la idea de crecimiento puramente económico. En esta dinámica
se incluye también el reconocimiento de la importancia de tomar en cuenta
el desarrollo cultural de cada pueblo.
El renacimiento del liberalismo económico, con sus estrategias de reducción
del estado y la desregulación parece ignorar las enseñanzas del pasado. Pero
la contundencia de los efectos del desarrollo como la contaminación y el agotamiento
de los recursos naturales no renovables conduce a lo que se denomina desarrollo
sostenible como superación de la dicotomía desarrollo y medio ambiente natural
y cultural.
El desarrollo humano se da en un entorno familiar, social, cultural y medioambiental.
Luego necesita de un compromiso político en torno de valores y criterios compartidos,
lo que se conoce como trilogía del bienestar: estabilidad política, crecimiento
sostenible y políticas sociales que atiendan la igualdad de oportunidades.
Desde esta perspectiva existe hoy consenso para conciliar la globalización
con la construcción de un tejido productivo y social articulado, de tal manera
que el crecimiento económico contemple la necesidades básicas de la población.
El peligro de la pérdida total o parcial de nuestra herencia cultural, material
e inmaterial, es tan grave como la pérdida de la salud pública, la identidad,
la libertad de expresión o el acceso a una vida digna. El derecho a su acceso
por parte de la sociedad es similar también a esos otros derechos humanos
irrenunciables. Si mis derechos como ciudadano terminan donde comienzan los
de los demás, mis derechos sobre el Patrimonio acaban donde comienzan los
derechos de investigar y conservar ese patrimonio para el futuro. Entonces
¿cómo se entiende también el desarrollo sostenible a partir del patrimonio
como otro eje fundamental?
El turismo es un destacado medio de intercambio cultural y tiene
la potencialidad de reconocer una faceta de rentabilidad económica
en el patrimonio natural y cultural. Es una fuente altamente estimada
para muchas economías nacionales y regionales y no negamos su capacidad
dinámica de desarrollo cuando se gestiona adecuadamente. Lo que
no puede perderse de vista es la cantidad de efectos no deseados
que trae consigo el turismo frente a otras fuentes de desarrollo:
· Los procesos de intercambio
entre culturas diferentes traen también aparejados problemas de pérdida de
identidad cultural y desestimación de los sistemas de valores tradicionales
de la comunidad anfitriona. Esto se traduce en muchos casos en detrimento
y pérdida de prestigio social de actividades laborales del sector primario
(agricultura, pesca, ganadería, etc) con resultados, en países de menores
recursos, de criminalidad, alcoholismo, prostitución y consumo de drogas.
· El crecimiento del sector
turístico trae aparejadas expropiaciones forzosas de la tierra de las comunidades
locales, pérdida de acceso a playas o parajes naturales por parte de la población
autóctona; limitaciones del poder adquisitivo para trabajadores locales que
dependen del sector primario; trabajo infantil en campos informales de la
economía turística (sin contar con la explotación en países paraíso del turismo
sexual).
· Los ingresos de divisas
no siempre repercuten en el desarrollo local. Estos ingresos deben calcularse
teniendo en cuenta el nivel de autosuficiencia del país o región anfitriona
respecto de: productos, servicios e infraestructuras, niveles de reinversión
del sector. Lo que se traduce en dificultades a la hora de organizar y controlar
la explotación turística de acuerdo con intereses nacionales, sociales, culturales,
medioambientales y económicos.
· Es una actividad con alta
sensibilidad de la inestabilidad política, epidemias, catástrofes naturales
y criminalidad. Esto implica una fuerte inestabilidad e intercambiabilidad
de la oferta.
· El turismo no es la industria
sin chimeneas. Tiene particular incidencia en el gasto de recursos combustibles
no renovables y un alto índice de emisiones contaminantes cuyas cifras se
duplicarán en los próximos quince años. El agua y su contaminación, así como
los sistemas de tratamiento de aguas residuales y deshechos es otro grave
problema que viene a sumarse a la necesidad de superficie y expansión en el
territorio con sus consecuencias en el entorno cultural urbano y natural.
No tratamos de ser catastrofistas sino simplemente encuadrar la visión particular
de la relación turismo -patrimonio en su justa medida y más acorde con una
visión de la magnitud del problema en el que nuestro sector admite introducir
la gestión del patrimonio natural y cultural.
Para compensar los impactos negativos del turismo existen muchos programas
de trabajo a nivel mundial, nacional y territorial orientados hacia el concepto
de sostenibilidad. Un turismo sostenible debe cumplir con criterios de sostenibilidad
también en lo social, cultural, ecológico y económico. Debe tener una visión
a largo plazo y contribuir al entendimiento y la paz entre los pueblos; a
la conservación del medio ambiente y de la identidad natural de los pobladores
de los destinos turísticos y, finalmente, propender a un desarrollo económico
y social justo y digno.
Resulta a mis oídos nuevamente declamatorio el párrafo anterior, porque nuevamente
debemos enfrentarnos como sector abocado a la gestión de la complejidad que
significa adoptar un turismo sostenible como oferta de nuestro legado, con
responsabilidad y conscientes de su magnitud. Realicemos un listado de premisas
que debemos tener en cuenta y que su puesta en marcha no depende de nuestra
voluntad, ni siquiera de nuestra sola presencia y correcta actuación:
· Compromiso y cooperación
entre los administradores locales y/o comunidades indígenas, los conservacionistas,
los operadores turísticos, los propietarios, los responsables políticos, los
responsables de planes nacionales de desarrollo, los gestores de sitios y
monumentos y/o espacios protegidos y el resto de los agentes locales.
· Participación en la responsabilidad
y en las estrategias.
· Aplicación del principio
de subsidiaridad (las decisiones que competen a los ciudadanos, y su legado
natural y cultural en este caso, deben ser tomadas por el nivel de gobierno
o de decisión más próximo a éstos).
· Preservación del patrimonio
natural y cultural sobre el que se fundamenta su actividad (es obvio pero
no debemos dejar de recordarlo).
· Favorecer la coherencia
con la planificación y las acciones que se llevan a cabo en el territorio.
· Desarrollo de una oferta
basada en la autenticidad, calidad de la experiencia y sensibilización hacia
la protección y conservación del medio natural y cultural.
· Reinversión de parte de
la rentabilidad económica en investigación, protección, interpretación y formación.
De la lectura que hicimos de los documentos que encontramos en la Red podemos
afirmar que existe una ética del turismo sostenible. Esto implica el compromiso
de trabajar para conseguir una mejor contribución del turismo a la protección
y a la valorización del patrimonio; de adoptar una ética comercial basada
en el respeto por el cliente y el establecimiento de una política de precios
justa. La ética también estará presente en la política de acogida, favoreciendo
el acceso a los espacios protegidos a todos los públicos y, en concreto, a
los estudiantes, a los jóvenes, a los ancianos y a los discapacitados.
La realización de un programa de turismo sostenible debe contemplar:
· Diseño del programa a
partir de una estrategia compuesta por acciones concretas.
· Conocimiento del cliente
(marketing). Clarificar el perfil del usuario respecto de los objetivos de
protección e identificación de nuevos segmentos del mercado (discapacitados,
tercera edad, jóvenes, familias con bajos recursos, etc.)
· Gestión de calidad. Esto
implica la previsión cuando proceda de centros de visitantes, equipamiento
e infraestructura turística, servicios y productos, promoción y servicios
posventa.
· Oferta turística específica
que favorezca el descubrimiento y la interpretación del patrimonio.
· Sensibilización del visitante:
educación e interpretación; información; marketing y promoción responsable.
· Formación de los agentes
intervinientes a nivel local.
· Preservación y mejora
de la calidad de vida de la población local.
· Protección y valoración
del patrimonio natural, cultural e histórico.
· Conservación de los recursos
naturales.
· Contribución económica
del turismo a la conservación del patrimonio.
· Desarrollo económico y
social: apoyo a la economía local y desarrollo de nuevas oportunidades de
empleo.
· Control de la frecuencia
turística: flujo de visitantes, canalización del flujo; control de tráfico.
· Gestión e integración
del equipo turístico.
Marco conceptual
Hace unos veinte años, un destacado grupo de arquitectos latinoamericanos,
del que tuve el privilegio de formar parte, reflexionaba acerca de muchas
de las que hoy son certezas respecto de la globalización, la pérdida de las
identidades culturales por la imposición económica y tecnológica, y la urgente
necesidad de buscar soluciones acordes para dar respuesta a las demandas de
nuestra profesión.
Del cúmulo de encuentros y textos que se produjeron a lo largo de varios
años me es grato y oportuno traer aquí el concepto de lo que entonces denominábamos
la modernidad apropiada, un intento consciente de crear una categoría
de análisis de nuestra realidad que, por un lado, no nos permitiera evadirnos
en la nostalgia y, por otro, nos comprometía con un presente y un futuro concretos,
a la hora de buscar respuestas válidas a las exigencias sociales y culturales,
y que no tuvieran repercusiones en el medio natural y cultural de la región.
No pretendíamos crear un ismo arquitectónico más, ni siquiera un modo
estilístico de producción sino una actitud frente al hacer, una forma de reflexión
que nos facilitara hacer propio lo que nos llegaba de la globalidad pero al
mismo tiempo ejerciendo una actitud crítica que nos permitiera comprender
qué era lo apropiado y qué no lo era, de cara a la diversidad cultural y espacial
de nuestro continente, de modo que la proposición de búsqueda de una
modernidad apropiada como actitud común a los arquitectos implicaba por definición,
la exigencia de la diversidad para cada realidad.
Esta experiencia, que sigue viva en mis reflexiones acerca de lo que sucede
en el mundo de la cultura y en particular del patrimonio donde me muevo, viene
a cuento al pensar en una forma apropiada de vincular al patrimonio con la
sociedad y en particular cuando decidimos incorporar la gestión del patrimonio
a dinámicas sociales y económicas que trascienden la escala habitual de nuestra
tarea. Apropiada en su triple concepción: en cuanto adecuada, a la
realidad de que se trate, útil a ella, a su servicio y consistente y armónica
con ella; en cuanto hacerla propia, a condición de que hagamos discriminaciones
previas y un esfuerzo crítico por saber lo que es conveniente a nuestra realidad
y que sepamos adaptar e incorporar pertinentemente todo aquello que nos llega;
en cuanto propia, es decir, en tanto forma parte indisoluble de nuestra
identidad, idiosincrasia y tradicional forma de expresarnos.
Portugal, el sur de España e Italia y Grecia comparten no sólo un espacio
vital mediterráneo y una cultura básica subyacente sino también una forma
de supervivencia cultural a la colonización que tiene muchos puntos en común
frente a los conceptos, hoy un tanto dejados de lado pero no por eso menos
vigentes, de centro y periferia. Relativizando, somos periferia europea, pero
también centralidad mediterránea.
Nuestra experiencia autonómica a la hora de incorporar nuevas tendencias
en la gestión del patrimonio nos obliga a plantearnos esta óptica de lo apropiado
para nuestra realidad. No se trata de una actitud conservadora ni mucho menos
regresiva. Es necesario no repetir actitudes acríticas y poco reflexivas frente
a lo que nos llega como el dictado de lo que debe y no debe hacerse en Patrimonio.
Hoy resulta impensable no comprender también el patrimonio como factor de
desarrollo, pero también reflexionamos poco sobre el cómo ejecutarlo y qué
consecuencias para su conservación traerá aparejadas.
Muchas sociedades periféricas se han planteado una y otra vez la posibilidad
de saltarse etapas en su devenir social y económico, como por ejemplo el dar
un salto tecnológico y pasar por alto la industrialización. No parece descabellado
aceptar que esta idea pueda servirnos también a nosotros, europeos meridionales.
Pero esta dinámica no puede trasladarse a la gestión del patrimonio sin más.
En esta tarea no podemos saltarnos etapas. No se puede plantear sin adecuaciones
el traspaso de una gestión sustentada en la protección y conservación de los
objetos (el medio natural y cultural) a otra basada exclusivamente en el desarrollo
social. No parece adecuado plantearse sin intermediaciones el patrimonio como
eje de un desarrollo social y económico a partir de la explotación turística
obviando posibles situaciones de abandono de ese patrimonio desde la perspectiva
de la investigación y la conservación. Y valga como ejemplo esclarecedor el
hecho verificado de querer pasar del museo tradicional, sin almacenes adecuados
o con vitrinas descontextualizadas (por poner sólo dos ejemplos), a la incorporación
de la informática interactiva para los visitantes.
La naturaleza compleja y plural del patrimonio natural y cultural implica
una gestión integral que articule investigación y gestión, produzca
conocimiento y utilidad práctica, aproxime pasado y presente (...) La gestión
integral implica comprender el trabajo en torno del patrimonio como una cadena
o sucesión de trabajos que se inicia con la identificación y recuperación
del registro, continúa con su estudio y valoración, ofrece soluciones a la
administración actual de los bienes que lo integran, posibilita su revalorización
y rentabilización como recurso cultural y culmina con la difusión.
La difusión es interpretación. Es la actividad que permite convertir al objeto
patrimonial en producto patrimonial, a través de un proyecto que integre la
interpretación en sí, es decir la materialización de la definición conceptual
del bien convertido en mensaje apropiable e inteligible, y la comunicación,
comprendida como un proceso de identificación y satisfacción de las necesidades
del usuario, y que implica un conjunto de actividades destinadas a dar a conocer,
valorar y facilitar el acceso a la oferta cultural.
En resumen, deben converger las disciplinas que trabajan en la producción
de conocimiento como en la gestión de esos productos culturales. Abogamos
por un desarrollo sin saltarse etapas. En este contexto no vamos a tratar
aquí todos los aspectos enunciados sino sólo aquellos en los que podemos aportar
una reflexión.
Sobre el concepto de valor
El conocimiento de la historia posee en sí mismo todos los elementos de los
que es parte el proceso de formación de la conciencia que de sí tiene una
comunidad. La apropiación de la historia a través de sus testimonios materiales
e inmateriales es una labor compleja, en la que se pretende comunicar cómo
los objetos, las tradiciones o el paisaje no tienen valor por lo que son,
sino por lo que representan (objetos, signos). La valoración de un objeto
no radica en su mayor o menor antigüedad y belleza, conceptos meramente subjetivos
basados en prejuicios, sino en la medida que nos informa de los aspectos históricos
(económicos, sociales, de mentalidad, etc.) de la época que se pretende enseñar.
Respecto de los valores, podemos estructurarlos al menos en dos aspectos radicalmente
opuestos en el campo del patrimonio: el valor del consumo de los objetos patrimoniales
o, por el contrario, el valor que presenta para la identidad cultural de la
comunidad o el valor de uso.
En el primer caso, el valor de consumo, se consideran prioritarios aquellos
bienes que presentan atractivos ya sea por su valor artístico relevante o
simplemente por su originalidad, curiosidad o extravagancia. En este caso
la presencia de la población será evaluada positivamente en tanto contribuya
a reforzar la imagen pintoresca y será tratada como un objeto de consumo más
o desechable en tanto no agregue nada especial al carácter del sitio. El tratamiento
del patrimonio se inclinará, desde esta perspectiva, a congelar situaciones
valiosas, para lo cual se propondrán restauraciones o arreglos
más o menos escenográficos, que pongan en valor los elementos
considerados de mayor atracción y por tanto crear una falsa identidad. No
pueden admitirse en este caso cambios creativos que pongan el patrimonio al
servicio de la población existente. El valor queda directamente relacionado
con la productividad económica, con lo que se confunde valor estético y originalidad
genuina con extravagancia o decorativismo superficial.
Si, por el contrario, la trascendencia se asocia a la consolidación de la
identidad cultural del grupo social, el patrimonio adquirirá valor en función
de su capacidad como elemento de identificación y apropiación del entorno
inmediato y del paisaje por parte de la comunidad. Las teorías y métodos,
tanto para la determinación de los bienes culturales como para su tratamiento,
conducirán a operaciones de rescate y conservación más creativas. Los valores
por reconocer serán entonces los que hacen a cuestiones relacionadas con las
vivencias sociales, con la historia de la comunidad, esto es, al papel que
el objeto ha desempeñado en la historia social. Se debe atender también a
la lectura que de este patrimonio hace la gente, es decir, la lectura de ese
objeto donde el individuo reconoce el hábitat de un determinado grupo sociocultural
y, finalmente, a la capacidad para conformar su entorno significativo, a conferir
sentido a un fragmento urbano, etc. Si el patrimonio es considerado como apoyo
para la memoria social, uno de los valores fundamentales por considerar será
la presencia de sus habitantes. Al poner en primer plano la capacidad de identificación
y apropiación por parte del grupo social, este grupo pasa a ser considerado
como protagonista de cualquier operación que se emprenda: la intervención
en el patrimonio tenderá al arraigo y desarrollo de la población, evitando
a toda costa su expulsión, o su marginación.
Por otro lado, al considerar a los habitantes como parte fundamental del
patrimonio, se compromete al reconocimiento de la necesidad de cambio, de
adaptación a nuevas necesidades, nuevos hábitos, transformaciones funcionales,
etc. Por eso el congelamiento de situaciones edilicias o urbanas no puede
ser la meta de la conservación y de un proyecto de turismo cultural, se plantea
la necesidad de hallar en cada caso la solución que permita el delicado equilibrio
entre la preservación de la identidad y los necesarios cambios.
Sobre la gestión del patrimonio
Cualquier idea relativa al desarrollo con el patrimonio como eje fundamental
debe contemplar equilibradamente los tres pilares sobre los que se sustente
la gestión del mismo: investigar, conservar y difundir. La investigación y
conservación del patrimonio deben tener un lugar destacado como generadoras
de empleo. Normalmente las consideraciones respecto a la generación de trabajo,
local o regional, dentro de un proyecto de turismo cultural soslaya la posibilidad
de creación de puestos de trabajo en el área profesional estrictamente patrimonial.
La comunidad local también tiene incorporados historiadores, arqueólogos,
restauradores, arquitectos y demás profesionales que, desde un ámbito cercano
y reconocido, pueden incorporarse laboralmente al proyecto con la doble dimensión
de la calificación del desarrollo local y como generación de impulsores internos
del propio emprendimiento.
Deben contemplarse también los conceptos de fragilidad y autenticidad del
patrimonio, muy en particular a la hora de gestionarlo en función de recursos
turístico-culturales, e íntimamente ligados a la conservación y la investigación.
No parece ilógico plantearnos una moral patrimonial. El capital en sí mismo
no es negativo, pero en su gestión se adolece muchas veces de una ética o
de unos principios que superen el concepto de la mera rentabilidad.
La tendencia que la presión del turismo ejerce sobre la gestión del patrimonio
condice a algunos políticos y promotores financieros a una visión bastante
frívola del propio patrimonio. ¿Cuáles son los límites de la reproductibilidad
de objetos o inmuebles (simulacros culturales) como medida de aportación al
turismo patrimonial? Las últimas tendencias son la inversión a mediana y gran
escala apostando por el simulacro cultural. En este caso se tiende más a producir
lo que ahora da en llamarse centro de interpretación, producto
mediático sin demasiadas preocupaciones por la investigación de los contenidos
ni la respuesta del público, que la adecuación o creación de museos locales
o comarcales, con todo lo que ello implica a la hora de gestionar y formar
una colección de objetos coherente y bien documentada, presentada y conservada.
Otra modalidad es la de producir parques temáticos antes que resolver
adecuadamente las mejoras que los centros históricos, los yacimientos arqueológicos
o los parajes naturales singulares demandan, aún cuando las inversiones son
desproporcionadamente superiores (compárese la inversión en el teatro de Sagunto
versus el parque temático Terra Mítica).
En el caso de los yacimientos arqueológicos no se pueden escenificar los
emergentes materiales para el visitante como objetivo primodial; debe realizarse
un trabajo interdisciplinar y complejo donde tengan prioridades también la
conservación y la investigación y no una mera realización de itinerarios,
señalizaciones más o menos atrayentes, insertar una tienda, unos sanitarios
y una cafetería. Porque:
· los itinerarios deben
surgir de la comprensión del sitio, de su correcta excavación, de su documentación
y de la consolidación y conservación de las estructuras arquitectónicas;
· la señalización no consiste
en la orientación física del visitante sino en brindar una información científicamente
válida, comprensible y documentada;
· las construcciones anexas
deben ser acordes con la demanda y no interferir con la comprensión global
del yacimiento y su entorno;
· los productos de venta
al público no son souvenirs sino objetos de calidad testimonial y didáctica
· un yacimiento o un inmueble
no acaba en los límites de una valla o las paredes de un edificio; debe tenerse
en cuenta el entorno mediato e inmediato, natural y cultural, objeto también
de investigación y conservación.
Sobre la interpretación
La Carta Internacional sobre Turismo Cultural,
redactada por ICOMOS, dice que los aspectos individualizados del
patrimonio natural y cultural tienen diversos niveles de significación,
algunos de valor universal, otros de importancia nacional, regional
o local. Los programas de interpretación deberían presentar esos
significados de manera relevante y accesible para la comunidad anfitriona
y para el visitante, usando métodos apropiados, atractivos y actuales
en materia de educación, medios informativos, tecnología y desarrollo
personal, proporcionando información histórica, cultural, además
de información sobre el entorno físico.
La interpretación y presentación de los programas debería proporcionar un
alto nivel de conciencia pública y el soporte necesario para la supervivencia
del patrimonio natural y cultural a largo plazo. Los programas de interpretación
deberían proporcionar el significado de los sitios del Patrimonio y de sus
tradiciones y prácticas culturales así como ofrecer sus actividades dentro
del marco tanto de la experiencia del pasado como de la actual diversidad
cultural de la comunidad anfitriona y de su región, sin olvidar las minorías
culturales o grupos lingüísticos. El visitante debería siempre estar informado
acerca de la diversidad de los valores culturales que pueden adscribirse a
los distintos bienes patrimoniales.
Los programas turísticos deberían alentar la formación de los intérpretes
y guías del sitio provenientes de la propia comunidad anfitriona, para aumentar
la capacidad de la población local en la presentación e interpretación de
sus propios valores culturales.
Los programas educativos y de interpretación del patrimonio entre las personas
de la comunidad anfitriona deberían involucrar a los intérpretes locales.
Los programas deberían promover el conocimiento y el respeto de su patrimonio,
animando a los hombres y mujeres de la comunidad a interesarse en el cuidado
y la conservación del mismo.
Sobre la reinversión de recursos
Los legisladores deberían promover medidas para una equitativa distribución
de los beneficios del turismo de modo que éstos sean repartidos entre los
diversos países o regiones, aumentando los niveles de desarrollo económico
y contribuyendo a erradicar la pobreza cuando así sea necesario.
La gestión de la conservación del patrimonio y de las actividades turísticas
debería proporcionar beneficios equitativos de carácter económico, social
y cultural a los hombres y mujeres de la comunidad anfitriona, a todos los
niveles, a través de la educación, la formación y la creación de oportunidades
de empleo a tiempo completo.
Una parte significativa de la renta proveniente de los programas turísticos
en sitios con patrimonio debe dedicarse a la protección, conservación y presentación
de los propios sitios, incluyendo sus contextos naturales y culturales. Cuando
así sea posible, los visitantes deberían ser informados acerca de esta distribución
de la renta.
Consideraciones finales
¿Cuál es el límite adecuado para un proyecto cultural que tiene
al Patrimonio como factor de desarrollo, comparado con un proyecto
turístico de ocio y rentabilidad monetaria? El Patrimonio contiene,
entre muchos, otros dos objetivos fundamentales: ser apropiable
como objeto de disfrute por la sociedad y ser fundamento de investigación
para el conocimiento. Por tanto parece inviable el concepto de privatización
del bien; se puede afirmar que es uno de los pocos recursos totalmente
públicos que existen en nuestras sociedades. Lo que puede compartirse
entre el sector público y el privado es la explotación de ese bien,
pero siempre dentro de los límites que marcan las necesidades de
investigación, protección y conservación.
Existen estudios y propuestas, dentro del concepto de sostenibilidad, del
uso y disfrute del Patrimonio natural y cultural que superan el mero hecho
del control de los visitantes. Este tema parecía ser la única premisa por
cumplir a la hora de desarrollar un proyecto de turismo patrimonial, cuando
ya hemos podido comprobar la cantidad e intensidad de variables que deben
ser tenidas en cuenta en este tipo de propuestas. De todas ellas queremos
destacar en este final tres premisas:
· Diversificación de la
oferta cultural. Una estrategia turística de patrimonio no puede basarse en
la sobreexplotación de los grandes monumentos, yacimientos arqueológicos o
parajes naturales excepcionales, no sólo porque agotaríamos el recurso por
su destrucción sino porque, además, no cumpliríamos con una premisa básica
del desarrollo, que es su correcta planificación y distribución en el territorio.
· Creación de una oferta
turística específica. El pueblo, el monumento o el espacio protegido deberán
ser objeto de generación de productos y actividades turísticas que favorezcan
el descubrimiento y su interpretación. Dichos productos, auténticos y de calidad,
deberán ser identificados como prestaciones específicas ligadas a ese patrimonio
y generar recursos rentables sobre todo para la población local con márgenes
razonables de donde puedan extraerse también recursos para la conservación
y la investigación.
· Sensibilización de los
visitantes. La educación medioambiental y la interpretación del patrimonio
constituirán una prioridad en la política turística del territorio. En dicho
contexto, se propondrán actividades o equipamientos relacionados con el patrimonio
y el medio ambiente a los visitantes, a la población local y, en concreto,
a los visitantes jóvenes y a los escolares. Asimismo, el espacio protegido
asistirá a los operadores turísticos en la elaboración del contenido pedagógico
de sus actividades. Esto es muy importante, los gestores patrimoniales y las
administraciones para las cuales trabajan no pueden sustraerse de la responsabilidad
de la producción de estrategias, objetivos y contenidos de todos aquellos
productos mediáticos destinados al público en su encuentro con el patrimonio
en su tiempo de ocio.
Acabemos con una de las frases iniciales para nuestra memoria. La gestión
integral del patrimonio, dentro de las actividades terciarias, se configura
como el sector más sensible desde el punto de vista de la conciencia de su
propia tarea, pero al mismo tiempo el que menos fuerza y experiencia posee
a la hora de integrarse en procesos dinámicos más generales de desarrollo
social y económico, y frente a las presiones que los grupos económicos realizan
a la hora de producir rentabilidad monetaria de un recurso. Debemos vislumbrar
en todos sus alcances el cuidado que debe tener el sector a la hora de introducirse
en dinámicas de desarrollo social y económico como puede ser el turismo, y
decimos cuidado y no negar sus posibilidades.
Invierno 2001
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Patrimonio cultural y turismo: reflexiones y dudas de un anfitrión
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de La Laguna. 1998
www.naya.org.ar/congreso/msg/ant_arq_98_10_09b.txt
Convención sobre la protección del patrimonio mundial, cultural y natural
Celebrada en París del 17 de octubre al 21 de noviembre 1972
www.ilam.ac.cr
www.unesco.org/whc/world_es.htm
UNA POLÍTICA AMBIENTAL PARA EL USO SUSTENTABLE DEL PATRIMONIO NATURAL RENOVABLE.
PROPUESTA
Rodrigo Egaña Baraona. Director Ejecutivo de CONAMA
www.conama.cl/nuestra_institucion/areas_de_trabajos/u_mnn/propuesta_politica2.htm
ESTRATEGIAS DE SOSTENIBILIDAD PARA EL DESARROLLO TURÍSTICO RURAL EN LA C.A.
DE CANTABRIA DENTRO DEL CONTEXTO DEL ESPACIO SUPRAREGIONAL DE LA ESPAÑA VERDE
López Fernández, Mª. Concepción; Sarabia Alzaga, José María; Serrano Bedia,
Ana María
Departamento de Administración de Empresas.Universidad de Cantabria
www.fcee.ulpgc.es/acede98/acede/mesa06/6_05r.htm
CRITERIOS DE CALIDAD DEL TURISMO SOSTENIBLE
Soluciones de desarrollo sostenible. El máximo bienestar se alcanza en la
intersección de los ambientes natural, social y económico (Según ENKERLIN
y col., 1997)
http://members.es.tripod.de/Carcaman/sostenib.htm
Subsidiaridad
www.france.diplomatie.fr/europe/politique/fiches/fiche13.es.html
Turismo y desarrollo sostenible
Foro Ecología y Desarrollo en cuanto a la responsabilidad ambiental y social
del turismo
hacia un desarrollo sostenible
www.coord.rds.org.bo/publicaciones/publicaciones/gestion_99.htm
www.un.org/esa/sustdev/csd8
www.oas.org/usde
www.mct.gov.br/clima/espan/cominic_old/agend213.htm
SOSTENIBILIDAD DEL TURISMO MEDIANTE LA GESTION DE SUS RECURSOS NATURALES
Y CULTURALES
OEA. Turismo. Congresos Interamericanos de Turismo
www.cidi.oas.org/tourism-spa.htm
www.oas.org/TOURISM/docnet/lact3sp.htm
www.geog.nav.edu/igust/indexs.html
SISTEMA DE INDICADORES SOBRE DESARROLLO SOSTENIBLE (SIDES)
http://www.mideplan.go.cr/sides/ambiental/turismo.htm
TURISMO RURAL SOSTENIBLE
Mónica Pérez de las Heras
www.mma.es/docs/educamb/ceneam/02Firmas/firma16.htm
www.mma.es/docs/educamb/ceneam/01Quien/quien27.htm
INFORME CONSEJO DE DESARROLLO SUSTENTABLE (CDS) JUNIO 2000
Valores, Cultura y Educación para el Desarrollo Sustentable
www.conama.cl/CDS/segunda_reunionanual/valores.htm
LA DIMENSION INTANGIBLE DE MONUMENTOS Y SITOS
con referencia a la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Jean-Louis LUXEN Secretario General del ICOMOS
www.internatiobal.icomos.org/luxen_esp.htm
carta mundial del turismo sostenible
Resúmenes de las comunicaciones. Ponencias
www.insula.org/wcstp01.htm
El Desarrollo Sostenible, La Información e Internet
Rafael Antonio Ibarra Fernández
www.pannet.pa/foro-ca/pub/sostenible.htm
PROGRAMA, ÉTICA Y CULTURA DEL DESARROLLO SUSTENTABLE
www.cfvarela.org/conf98/c98ind.htm
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