El turismo de intereses especiales (TIE) : Como un espacio contribuyente
al desarrollo sustentable en comunidades indígenas.
Myriam Hernández Montero
Técnica Universitaria en Turismo
Institucion: Turismo Sur de América
Temuco, Chile
Entendiendo el turismo de intereses especiales (TIE) como un tipo de turismo que vincula la oferta y la demanda en un lenguaje que invita a considerar una lectura distinta sobre las motivaciones del desplazamientos de los turistas, quienes solicitan nuevas propuestas de servicios turísticos capaces de dar cuenta sobre la identidad cultural y ambiental del destino elegido y que no solo valora un “servicio puntual” sino que pone nota a todo un entorno territorial, es decir a un paisaje que muestre su historia (como paso del tiempo, costumbres, sus cambios), la geografía humana, la actividad social y económica de un país.
Por ello resulta pertinente reconsiderar aquel discurso que propone“el
turismo como una palanca de desarrollo”porque puede revestir
daños irreparables en las comunidades, por ejemplo la implementar
servicios turísticos que requieren altas inversiones, considerando
la falta de capital de las comunidades, y que como consecuencia
los subsidios y los créditos del Estado son tan pequeños que al
final de cuenta el “servicios turístico como los existentes
camping, restaurante etc.” compiten en el mercado frente a
la empresa turística convencional, generándose en esta forma un
cuello de botella porque por un lado los turistas no encuentra los
espacios culturales que esperaban y el prestador de servicios indígena
se siente subvalorado en el sentido que para ser reconocido formalmente
por el sistema turístico debe cumplir normas sanitarias, municipales
y tributarias que le impiden pensar en un proyecto turístico que
de cuenta al mundo sobre su cosmovisión, territorio y genuinas costumbres
gastronómicas.
Por otro lado y desde esta perspectiva se deben considerar los
proyectos turísticos de las áreas aledañas a las comunidades y que
pertenecen “al hombre blanco” quien ante un paisaje
y clima de calidad turística no trepida en la construcción de resort,
emplazamiento de canchas de golf o tenis(sus pastos necesitan de
plaguicidas, funguicidas causantes de daños a la pequeña agricultura
y ganadería), extensión de canchas de aterrizajes, llegada de lanchas,
jeeperos y otras tanta iniciativas en que las ¿comunidades aledañas?
les corresponde padecer los efectos negativos de la instalación
de la actividad turística cuando esta emerge sin considerar a la
comunidad local.
En Chile desde sus distintos pueblos originarios: Aymará, Atacameño, Rapa Nui, Mapuche y Kawaskar reconocen al turismo como una actividad que se instala en forma creciente en todo el territorio nacional.
El turismo no tiene límites prácticamente de intervención, pareciera ser, que llegó el instante de recomendar el desarrollo de un tipo de turismo que se presenta como más amigable con los propósitos de las comunidades indígenas. Oportuno resulta recordar que el ecoturismo y el turismo aventura ha sido capaz de poner en valor el medio ambiente, el agroturismo valora actividades asociadas al campo, pero falta desarrollar un turismo que valora el saber local, el habla, los modos, la forma de comer, ingredientes, relaciones familiares, actividades sociales, medios de comunicación local, fechas festivas etc. Todo ello desde una perspectiva genuina y no de mero “montajes culturales” organizados por otros sino que simplemente apostar al cotidiano vivir.
De las comunidades el “turista de intereses especiales” demanda una oferta aún inexistente prácticamente en sus “producto turístico” porque sus diseños continúan generándose desde la perspectiva del Estado que reconoce como único modelo el producto asociado a la demanda del turista convencional a lo más desde el eco turista, turista de aventuras y agroturismo espacios que no contemplan la necesidad de repensar el turismo desde otro paradigma.
Al respecto resulta un verdadero desafío creer en el conocimiento de las comunidades indígenas en su conjunto y en su estricta concordancia con el medio ambiente, a objeto de sumar voluntades del Estado y del sector privado en la planificación, formulación de proyectos y su respectiva gestión en un modelo de desarrollo turístico participativo en todas sus instancias.
De lo anterior, se hace necesario no solo responsabilizar al turismo convencional como actividad invasora en las comunidades sino que además es urgente reconocer la ignorancia que lleva a la falta de conciencia de la real presencia de los pueblos indígenas en todo el globo. Para ello y a continuación recordaremos lo siguiente:
Alrededor de 5000 pueblos indígenas que existen en el mundo, con una población estimada en alrededor de 600 millones, aportan gran parte de la diversidad cultural que existe hoy en el planeta. Habitan o reclaman como sus territorios ancestrales entre el 20 y el 30 por ciento de la superficie del planeta (Aylwin 20003).
Se entiende que son comunidades, pueblos y naciones indígenas los que, teniendo una continuidad histórica con las sociedades anteriores a la invasión y precoloniales que se desarrollaron en sus territorios, se consideran distintos de otros sectores de las sociedades que ahora prevalecen en esos territorios, o en parte de ellos. Constituyen ahora sectores no dominantes de la sociedad y tienen la determinación de preservar, desarrollar y transmitir a futuras generaciones sus territorios ancestrales y su identidad étnica como base de su existencia continuada como pueblo, de acuerdo con sus propios patrones culturales, su instituciones sociales y sus sistemas legales (Martínez Cobo, 19868/7).
Las formas de vida y sobrevivencia de los pueblos indígenas basadas en el uso de recursos y ecosistemas locales. Los mismos han desarrollado mecanismos sociales y culturales que permiten hacer un uso sustentable de los recursos, o al menos moderar los impactos ambientales.
Muchos pueblos indígenas tienen actitudes de conservación basados en sus creencias espirituales o en nociones éticas compartidas por la comunidad. Entre estas creencias se encuentran la del cuidado de la tierra, la de tomar solo lo que se puede utilizar en forma cuidadosa y plena. Muchas culturas indígenas tienen respeto a la tierra actitudes espirituales de aprecio y respeto y humildad. Aunque es efectivo que, en ocasiones, los pueblos indígenas impacten adversamente el ambiente en que habitan, sus actitudes y creencias espirituales, sus conocimientos tradicionales, sus niveles de consumo bajo, hacen de los pueblos indígenas fuertes aliados de la conservación.
Se entiende que para la mayoría de los agentes del sector turístico el valor
de los recursos naturales cobra cada vez mayor valor en el diseño
de 1 producto, pero al parecer hemos evolucionado muy poco sobre
la importancia de reconocer la existencia de los pueblos indígenas.
Por ejemplo Chiloé que es un Archipiélago ubicado en el Sur de Chile
comunicado con el resto de territorio solo por vía fluvial, en donde
su clima, su gente, arquitectura y gastronomía y creencias, forman
un atractivo que en su conjunto es valorado el turismo que se instala
con mayor fuerza a través del levantamiento de servicios turísticos
(transporte, alojamiento, alimentación) pero que sabe poco o nada
sobre la existencia de comunidades Huillinche.
Estas comunidades estuvieron desaparecidas ante todo el sistema
social imperante hasta la década de los 90`, esto quiere decir que
no se sabía que existía un pueblo originario en Chiloé. Hoy, lonkos
testimonian como tuvieron que demostrar que son un pueblo que siempre
vivió allí…(Manuel Muñoz Millalonko,2003). Actualmente, las
comunidades conocen el turismo porque son dueños de un territorio
de gran importancia para Chile y que durante décadas se le ha promovido
como un lugar de mitos y leyendas. Las comunidades pareciera que
no muestran adversidad hacia la actividad turística, al contrario
la ven como una posibilidad de desarrollo. Pero la distancia del
discurso de representantes Huilliches sobre el turismo y la conciencia
que tiene el país sobre la existencia de ellos aún es sideral (Myriam
Hernández 2003).
De lo anterior, creo que si el turismo se continúa instalando con servicios “que cumplan las normas” o “que sean productivos” nuevamente las comunidades no serán sujetos de los beneficios del turismo sino que competirán sus “fogones” con los restaurantes por ejemplo.
Conclusiones
1.- En Chile, la actividad turística se expande con mayor rapidez que la reacción de las comunidades.
2.- La formalización de los servicios turísticos (sanitarios, municipales y tributarios) no permiten reflexión sobre los genuinos intereses de las comunidades al insertarse en el turismo.
3.- El conocimiento del mercado del turismo de intereses especiales no ha bajado a las comunidades.
4.- El desarrollo sustentable es un tema que no se ha trabajado lo suficiente como una apuesta distinta de desarrolla al modelo que hoy impera en el mundo global. Lo poco que se avanza está muy marcado solo por el eje económico.
5.- El turismo se le reconoce como actividad productiva. Sin embargo al incorporar el elemento cultural solo se valora en nivel de “show” “muestra” en ningún caso como una mirada y una forma distinta de actuar en la vida, capaz de producir…
6.- El sector turístico debe abrirse a la posibilidad en la generación de propuestas de proyectos turísticos de las comunidades como instancia de innovadora.
BIBLIOGRAFIA
Aylwin José. Áreas protegidas y pueblos indígenas. Directrices y experiencias internacionales (2003).
Junis Eugenio. Turismo de Intereses Especiales (TIE). Encuentro Nacional en Arica (1994).
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