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TURISMO, PATRIMONIO CULTURAL DE LA SOCIEDAD

Margarita Barretto [1]

Resumen

Este artículo pretende justificar la necesidad de estudiar el turismo a partir del enfoque de diferentes áreas del conocimiento, teniendo en cuenta sus características peculiares de fenómeno social total, llamando la atención para los perjuicios ocasionados a la sociedad por las disputas por el objeto de estudio a partir de varias ciencias.

Introducción

El turismo ha sido motivo, durante muchos años de disputa entre diferentes áreas del conocimiento, tanto para su estudio cuanto para la ejecución de algunas acciones. El turismo tiene dos aspectos que precisan ser seccionados en una análisis epistemológico. El fenómeno turístico se produce en una continuidad entre el núcleo emisor del turista (aquel lugar donde el turista vive), el desplazamiento de ese turista y el núcleo receptor (lugar donde el turista llega y permanece). En esta continuidad de acciones se producen una serie de relaciones entre el turista, sujeto principal de la acción y lo que se llama de “industria” turística o trade  turístico, que es el conjunto de servicios, infra-estructura y facilidades o equipamientos que organizan comercialmente el sector. Así como en muchas otras actividades sociales, la necesidad de algunos, significa trabajo para otros. El turismo moderno (a partir del siglo XIX) presenta estas características. Para el turista, el turismo es una actividad de placer, descanso, recreo, que requiere servicios y equipamientos. Para los prestadores de servicios turísticos el turismo es un negocio. Cuanto más servicios sean creados para mejorar la experiencia de vacaciones del turista, mayores serán los beneficios económicos de la actividad, lo que justifica, que, del lado de la acción, haya una disputa histórica por los cargos en los negocios turísticos. Los administradores de empresas reclaman ese derecho, así como los licenciados en turismo y los economistas. En el área de recreación organizada la disputa es entre licenciados en turismo y profesores de educación física, y en la tarea de mostrar los atractivos, profesores de historia y geografía rivalizan con los guías de turismo profesionales. En el área de planificación la disputa es con arquitectos y urbanistas.

         En el área de la investigación sobre el turismo, rivalizan economistas, geógrafos, científicos sociales y turismólogos.

         Una de las grandes paradojas de este proceso es que, dentro de las ciencias sociales, los estudios de turismo no tienen mucha aceptación y se puede leer, en publicaciones de la última década del siglo XX, lo mismo que se denunciaba en la década del 70.

         En sus primeras incursiones en los estudios turísticos a partir da sociología, afirmaba el Cohen (1979, p. 31) que

          “El problema metodológico en el campo del turismo es similar al encontrado en otros campos de la sociología aplicada. Estrictamente hablando, no existe una sociología del turismo como campo separado de la teorización sociológica....Lo que tenemos es la aplicación de teorías sociológicas generales al campo específico del turismo. Si hay una unidad en este campo no es por la existencia de una teoría general del turismo sino por una serie de características empíricas comunes que diferencian al turismo de otros tipos de fenómeno social”

         Prácticamente veinte años después, Nash (1996, p. 90) reconoce que ha habido un cierto avance en los estudios antropológicos de turismo, pero no deja de mencionar la resistencia de la academia, que entiende que los estudios relativos a turismo y recreación, son superfluos.

          “El estudio antropológico del turismo, a pesar de la demora en avanzar _demora que parece estar relacionada a una falta de respeto por el tema, generalizada en la cultura de la cual provienen los antropólogos_ se ha desarrollado hasta un punto en que se pueden ver  tendencias generales y se pueden emprender análisis críticas substanciales”

         Así, los científicos sociales estudian turismo dentro del fuego cruzado, teniendo de un lado a sus pares, que entienden que el turismo no es una categoría lo suficientemente seria para merecer atención y, del otro, a los turismólogos que entienden que los primeros, al estudiar turismo, están invadiendo un área de su exclusiva competencia.

         La paradoja de esto último es que, en el área de la investigación,  la producción realizada por licenciados en turismo es escasa, en general porque el interés de aquellos que cursan estas carreras es ingresar en el área comercial de los servicios turísticos o  dedicarse a la planificación, pública o privada de espacios turísticos.

         No obstante, no debería haber disputas, sino complementación, ya que el turismo no solamente admite sino que requiere estudios por parte de todos los que por él se interesan a partir de los más diversos marcos teóricos y requiere equipos multi- disciplinares para la ejecución de cualquier proyecto.

Cuestiones epistemológicas

Para entender lo anterior, es preciso definir claramente las varias dimensiones de este fenómeno social denominado turismo. Es un fenómeno tanto desde el punto de vista de la definición filosófica, porque es empíricamente observable, cuanto desde el punto de vista social pues se manifiesta en un conjunto significativo de individuos. También es un fenómeno desde el punto de vista del lenguaje común porque sucede de forma poco controlable o previsible, a pesar de la planificación, las estadísticas y proyecciones de los órganos oficiales. En los últimos años está siendo considerado un fenómeno social total, de acuerdo con la definición de Marcel Mauss (1967), por varias razones. De cierta forma, el turismo atraviesa varios aspectos del tejido social de los grupos que están involucrados en su práctica: la moral, la economía, la religión (cuando pensado como rito de pasaje), la estética, la mitología (cuando analizado a la luz de las expectativas del turista) El acto de “hacer turismo”, practicado por los turistas es, de un lado, una decisión individual pero, por otro lado, también y en muchos casos, es un comportamiento socialmente adquirido y esperado, un habitus (cf. Bourdieu,1974, p.191), compartido por los miembros de un determinado estatus; es un acto al que las personas, de cierta forma, son llevadas por el grupo social del que forman parte. Por otro lado, en las comunidades receptoras de turismo, la presencia de los turistas interfiere, de varias formas, en prácticamente todos los miembros de esa sociedad, por los llamados efectos directos, indirectos e inducidos, clasificación esta creada por Acerenza (1984) para los impactos económicos y que puede ser adoptada también para los sociales y ambientales, efecto este que podríamos, también, designar como efecto cascada, porque tiene, en la sociedad un efecto que evoca a las caídas de agua: desniveles y dispersión, salpicando de forma aleatoria en función de factores condicionantes.

         Como gran desplazamiento humano voluntario, el turismo debe ser estudiado por las ciencias humanas. Por sus impactos económicos debe ser estudiado por la ciencia económica, por su impacto en el medio ambiente debe ser estudiado por las ciencias geográficas, biológicas y ambientales. Por sus impactos sociales debe ser estudiado por la sociología y por sus impactos culturales, por la antropología. Las cuestiones comportamentales y la relación visitante-visitado requieren estudios de psicólogos sociales.

         En referencia a las acciones relacionadas con la recepción de los turistas, o sea, con las instalaciones y servicios colocados a disposición de este movimiento humano, también el enfoque debe ser multi-disciplinar. Toda empresa relacionada con la prestación de servicios turísticos requiere administradores, muchos servicios requieren animadores culturales y educadores. La planificación requiere arquitectos, urbanistas, ingenieros sanitarios y ambientales para los aspectos territoriales,  así como sociólogos  y antropólogos para las cuestiones relacionadas e la sociedad en que el turismo va a ser implantado, y estadísticos para procesar los datos. Requiere historiadores para sistematizar los atractivos relacionados al pasado del lugar. La promoción de un destino turístico requiere comunicadores sociales, publicitarios, mercadólogos, relaciones públicas.

          En publicación anterior (Barretto, 2000, p. 21) comparé el sector de turismo con el de la habitación. En el área de la habitación están involucrados arquitectos, ingenieros, constructoras, albañiles, agentes inmobiliarios, fábricas de ladrillos y cemento, decoradores de interiores, escribanos que hacen los contratos de compra y venta, bancos que financian las operaciones. Nadie espera que haya un profesional de la habitación tan polivalente como para, al mismo tiempo, ser ingeniero civil, albañil y agente inmobiliario y otros, como se pretende que sea el licenciado de turismo, o turismólogo (que, a rigor, no es lo mismo)

         El turismólogo es aquel profesional que conoce la amplitud y diversidad del tema turismo, que estudia, que investiga el fenómeno y que sabe cuales son los pasos de la planificación y qué profesionales debe colocar en su equipo en cada ocasión; que sabe lo que debe ser hecho, como debe ser hecho y por quien y juega un papel en la sistematización y coordenación del equipo multidisciplinar de trabajo. No es un ser polivalente que puede hacerlo todo solo. En cada etapa u ocasión, debe asociarse a especialistas, lo que no quita que pueda hacer él mismo, alguna especialización, agregando dos o más años de estudio a los tres o cuatro de las carreras de grado.

         Así planteado, no hay lugar para rivalidades ni disputas por las tareas relacionadas al turismo ya sea en las operativas como en las de investigación. De la misma forma que el turismo en cuanto práctica social es un derecho de todos, como el derecho a la recreación y al trabajo, el turismo en cuanto objeto de estudio es patrimonio de toda la sociedad y por lo tanto no tiene dueños dentro del medio académico, ni para su planificación ni para su estudio.

Los intereses de la resistencia

La resistencia a la participación de la academia en la planificación del turismo en la esfera pública y en los negocios privados es un problema mencionado por todos los autores del área en todas partes del mundo de cuya producción hay conocimiento.

En la mayor parte de los lugares turísticos, el turismo se desarrolló o sin planificación o con una planificación dirigida a beneficiar los grandes capitales internacionales.  La academia ha demostrado que ese procedimiento no lleva al desarrollo económico social preconizado por la Organización Mundial del Turismo (OMT) en la segunda mitad del siglo XX. Al contrario, lo que los estudios científicos de turismo han demostrado a partir de la década de 1970, con la paradigmática publicación del seminario organizado por la Unesco y el Banco Mundial (de Kadt, 1979), con una significativa producción en la década de 1980 [2] , ha sido que el turismo ha contribuido con la concentración de capitales, dejando, muchas veces, para las poblaciones locales de los países subdesarrollados, apenas los residuos y detritos, ocasionando daños ambientales y descaracterización cultural.

Las críticas de la academia,  asustan al trade  turístico y al poder público por varias razones, que pueden ser mejor sistematizadas retomando la clasificación de los estudios turísticos realizada por Jafari (1994). De acuerdo con el autor, la literatura científica sobre turismo pode ser dividida en cuatro plataformas: de defensa, de advertencia, de conciliación y de conocimiento. La plataforma de advertencia está constituida por aquellos que ven al turismo como generador de beneficios, propulsor del desarrollo, el crecimiento y el progreso. La plataforma de advertencia es la que, precisamente, advierte contra los daños socio-ambientales ocasionados por el turismo. La de conciliación es la que pretende equilibrar daños y perjuicios ocasionados por el turismo. Finalmente, la del conocimiento es la plataforma que no se posiciona sino que estudia porque entiende que aún no hay una cantidad tan grande de estudios como para llegar a conclusiones definitivas.

Tomando como punto de partida este esquema de Jafari y centrándonos en las dos primeras plataformas, podemos identificar, en este momento, rivalidades internas dentro de las plataformas y entre las plataformas entre si.

Dentro de la plataforma de defensa vemos que el trade  turístico y el poder público defienden la promoción del turismo, con la convicción de que esta actividad trae beneficios económicos en función del ingreso de divisas en la economía local. Esta plataforma está constituida, mayormente, por economistas y también por aquellos que han hecho carreras en el área de administración de turismo o licenciaturas en turismo, que ejercen profesiones en el área de turismo.  No obstante, aunque ambos _trade  y académicos de la plataforma de defensa_  creen en los beneficios del turismo, no tienen la misma visión de como el fenómeno debe ser tratado. La academia intenta imponer criterios de calidad internacionalmente adoptados para la prestación de servicios, en los equipamientos e infra-estructura y defiende que los turistas sean vistos y tratados como individuos, mientras que el trade  y el poder público quieren lucro inmediato e insisten en ver al turista como un ser genérico cuya única cualidad es traer una billetera con dólares.

La plataforma de la advertencia ya es mucho más centrada en la academia, reuniendo estudios de geógrafos y sociólogos y se opone frontalmente a la de defensa, porque ve apenas los maleficios provenientes del turismo y aquí la rivalidad interna se da cuando hay turismólogos que eventualmente comparten esta visión.

         Tenemos, por lo tanto, una rivalidad entre trade, poder público y academia que se fundamenta en diferentes visiones de mundo y una rivalidad interna de la academia que, no siempre obedece a divergencias teóricas sino a intereses corporativos.

         Este juego de rivalidades internas solo ha llevado al fortalecimiento de las fuerzas del mercado que dominan el escenario turístico, sin considerar las necesidades de las poblaciones locales en materia económica, social y cultural, muchas veces utilizando la cultura local como un atractivo más agregado al pintoresquismo del  paisaje.

Algunas auto críticas

         Dentro de las ciencias sociales existe, por parte de algunos científicos, la percepción de que los estudios de turismo están contaminados por paradigmas que precisan ser superados. Franklin y Crang (2001) al presentar el primer número de su revista reconocen que los estudios antropológicos de turismo aún son pensado a partir del enfrentamiento entre la cultura “civilizada” y el exotismo de las comunidades tradicionales y se sigue pensando en una comunidad pasiva que solo se somete a los caprichos de los turistas. Desde el punto de vista de la visión del turista se sigue pensando en el turista de masa que, por un lado, sigue al rebaño y por el otro avasalla los lugares visitados, imponiendo la cultura de su lugar de origen. Poco se ha avanzado en materia teórica, prevaleciendo todavía los paradigmas del rito de pasaje, de Gennep, o la teoría de la clase ociosa de Veblen (cf. GRABURN e JAFARI, 1991), así como los trabajados por el ya citado de Kadt. Los nuevos estudios de turismo empiezan a demostrar que estos paradigmas están cambiando. Franklin e Crang, en el artículo citado, proponen que las ciencias sociales pasen a estudiar el significado del turismo dentro de la categoría movilidad, junto con otras formas de desplazamiento, y ya no más como mecanismo de evasión sino como una práctica que permite el encuentro con otras culturas a las cuales ya, por lo general, se ha tenido acceso por otros medios de difusión. Proponen el estudio del turismo como promotor de nuevas relaciones sociales, nuevos lugares (o no-lugares), nuevas formas de consumo y nuevas comunidades transnacionales. A la imagen de un turista masificado contraponen la de un turista reflexivo, en el sentido dado por Giddens (1991, p. 20-21) al concepto de reflexividad que es la capacidad de reaccionar de forma diferente a los estímulos externos en función de los cambios sociales y del conocimiento. A la imagen del turista que solo ve, con sus ojos o con su cámara, contraponen la del turista que siente, que utiliza sus cinco sentidos; al turista pervertido que busca sexo, contraponen el ser humano carente que busca ternura en otras culturas menos materialistas que la suya. Finalmente, entienden que el gran error de la antropología ha sido intentar estudiar el turismo “a pesar” de ser un estudio sobre placer y diversión y no exactamente por ello.

         Por su parte, los estudios de turismo provenientes de otras áreas, como las ciencias económicas y administrativas han estado orientados por las necesidades del mercado o del estado, a servicio de uno de ellos o de ambos y no del conocimiento o de la sociedad más amplia. Según Graburn e Jafari (1991, p. 6) “las empresas gubernamentales y los grupos empresariales han amparado a la industria [del turismo] mientras crecía hasta tener la importancia mundial que tiene hoy. Sin embargo solamente hace poco que han empezado a hacer investigaciones, y estas son aplicadas para conseguir la maximización de las metas en el ámbito comercial”.

         Es preciso considerar que los estudios de la plataforma de la advertencia surgen como una necesidad para frenar el avasallador paso del turismo de masas y para desenmascarar el discurso oficial de los beneficios por el turismo. Pero también es preciso considerar que algunos estudios de la plataforma de defensa, a veces han sido elaborados con la intención contrarrestar las críticas avasalladoras realizadas por los estudios antropológicos, sociológicos y políticos de las décadas de 1970 y 1980.

         Para la producción del conocimiento, nada mejor que estudios contastantes, que teorías discrepantes que puedan ofrecer marcos a diferentes tipos de investigaciones.

         Lo que no se puede hacer, es limitar la investigación a un marco teórico, a una filosofia, a un tipo de interés, y mucho menos a un diploma, porque la sociedad como un todo será perjudicada. Y la misión de la ciencia, no importa de cual ramo de ella, es dar condiciones para que el mundo, sociedad incluida, sea mejor.


BIBLIOGRAFIA:

ACERENZA, Miguel A. Administración del turismo. México, Trillas, 1984.

BARRETTO, Margarita. As ciências sociais aplicadas ao turismo. In: SERRANO, Célia, LUCHIARI, M. Tereza D. P. e BRÜNS, Heloísa T. Olhares contemporâneos sobre o turismo. Campinas: Papirus, 2000.

BOURDIEU, Pierre. A economia das trocas simbólicas. São Paulo: Perspectiva, 1974.

COHEN, Erik. Rethinking the sociology of tourism. Annals of tourism research. 6 (1), 1979, pp. 18-35.

de KADT, Emmanual. Tourism, passport to development? USA:Oxford University Press, 1979.

FRANKLIN, Adrian and CRANG, Mike. The trouble with tourism and travel theory?. Tourist Studies. Vol 1, n. 1, 2001, London, Sage, pp. 5-21.

GIDDENS, Anthony. Modernity and self-identity: self and sociey in the late modern age. California: Stanford University Press, 1991.

GRABURN, Nelson e JAFARI, Jafar. Introduction: Tourism Social Science. Annals of Tourism Research, Vol. 18, n. 1, 1991, pp.1-11.

JAFARI, Jafar. La cientifización del turismo. Estudios y perspectivas en turismo. Buenos Aires: CIET, V. 3, n. 1, 1994, pp. 7-36

MAUSS, Marcel.  The gift. New York: Norton, 1967,

NASH, Dennison. Anthropology of tourism. Bath: Pergamon, 1996.



[1] Dra. en Educación, área de Ciencias Sociales Aplicadas y Licenciada en Turismo. Docente del Programa de Maestría de la Universidad de Caxias do Sul (UCS) Educación Luterano de Santa Catarina (Ielusc) y de la Universidad del Sur de Santa Catarina (Unisul). Coordenadora de la Colección Turismo de la Editorial Papirus.

[2] Por una extensa lista de libros y artículos sobre turismo, consultar el site www.naya.org.ar/turismo

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