LOS FOCOS ROJOS DEL TURISMO VINCULADO
A LA CULTURA: CUATRO CASOS MEXICANOS
Leticia de Salazar Díaz
Ciudad: México, México
Instituto: ITAM (Instituto Tecnológico Autónomo de México)
Resumen:
México, uno de los países con el mayor número de declaratorias otorgadas al
patrimonio cultural tangible que alberga, ha disfrutado y padecido al mismo
tiempo las prácticas turísticas vinculadas a la cultura.
A causa de intereses económicos y políticos, así como la falta de conciencia
social y ecológica, el turismo llega a ser la gota que derrama el vaso de los
problemas para las comunidades y para el patrimonio mismo.
El propósito de este trabajo es exponer cuatro casos mexicanos donde uno u
otro factor ha desvirtuado de alguna manera el turismo cultural.
En el caso de Oaxaca, la disputa entre Mc.Donald's y la cultura local por asentarse
en el centro de la ciudad; en Cancún, por la destrucción del entorno ecológico
provocada por las necesidades turísticas que al mismo tiempo parecen olvidar
el potencial maya de la zona; en el puerto de Veracruz porque la bonanza turística
ha ocasionado problemas sociales entre la población de la entidad que paralelamente
está olvidando su cultura; y finalmente el caso de El Tajín, también en el estado
de Veracruz, donde las autoridades han convertido dicho sitio arqueológico en
botín político.
El objetivo de difundir esos casos es el de permanecer alerta, detectar la
presencia de focos rojos y ponerles un alto para preservar la riqueza cultural
de nuestras localidades.
Introducción
Turismo cultural, probablemente la modalidad más encomiable
del viajero. Más que un viaje, un paraíso. Más que sol aislado, laberinto en
la eternidad de la memoria.
Al turismo siempre se le había estudiado por el lado
de los beneficios económicos. Ahora, se ha visto que su influencia puede llegar
mucho más lejos. En el caso de la cultura, el turismo es la mejor estrategia
para que la humanidad se acerque a su patrimonio cultural.
He ahí donde radica la gloria del turismo cultural:
al tiempo que permite conocer el patrimonio, atrae los recursos necesarios para
preservarlo y para que las comunidades receptoras se desarrollen de manera integral.
En un mundo globalizado donde las distancias se acortan
y los intereses de los unos por los otros van en aumento, el turismo cultural
se va posicionando en las preferencias de las personas al permitir un acercamiento
con esos mundos que aparecen nuevos en el globo.
Ante lo anterior, debemos ser visionarios y aceptar
el reto: queremos conocernos, descubrir nuestras raíces, la esencia de la otredad.
Hagamos nuestro ese patrimonio cultural y de forma planeada llevemos a la marcha
ese proyecto que puede ser tan enriquecedor en sus múltiples facetas.
Focos rojos
Toda clase de turismo tiene dos facetas: Por un lado
se encuentra el lado positivo, donde la derrama económica, la creación de empleos,
el impulso a otras industrias y el sano esparcimiento de los viajeros son las
características principales. Incluso, en el caso del turismo cultural puede
ser la mejor estrategia para promover el patrimonio cultural en la globalidad.
Sin embargo, el turismo también tiene un lado negativo,
aquel que es nocivo y que puede llevar al deterioro, ya sea por acción directa
de los visitantes o por los mismos habitantes del destino turístico, pero ambos
como producto de dicha actividad.
En el ámbito cultural, los flujos masivos exigen la
implantación de negocios globales como cadenas hoteleras o de alimentos que,
al establecerse en los lugares donde existe patrimonio cultural, pueden afectar
al patrimonio mismo.
En lo ecológico, la necesidad de ser turísticamente
atractivos provoca que cualquier permiso se otorgue, tanto para construir en
las inmediaciones de los ecosistemas como para la circulación de enormes barcos,
que bajo la modalidad de crucero surcan los mares sin importar la destrucción
de arrecifes de coral y la muerte de seres vivientes que eso lleva consigo.
La sociedad también se ve perjudicada. En ocasiones,
las cifras arrojan resultados sorprendentes que hablan de la bonanza turística
de un lugar. Sin embargo, eso no conduce necesariamente a mejores condiciones
de vida para la población receptora, sino que puede generar graves problemas
sociales como drogadicción o alcoholismo.
Lo político no es la excepción. Existen destinos o
proyectos turísticos plenamente identificados con algún político en turno, quien
se encarga de difundir sitios que le dejarán algún beneficio económico o en
su curriculum político. Al promocionar un lugar ignorando completamente si
se cuenta con la infraestructura o las condiciones necesarias para un funcionamiento
adecuado, los políticos están impulsando un “pseudo turismo” que puede llevar
a la destrucción del sitio y el patrimonio cultural que pueda contener.
A continuación se describen algunos casos a manera
de denuncia, donde el turismo ha provocado una serie de problemas de diversa
índole que laceran a las localidades donde se lleva a cabo. Algunos de ellos
fueron relatados de viva voz por los pobladores de algún destino turístico o
que vivieron el tiempo suficiente en ellos para darse cuenta del grave problema
que afectaba a la localidad. Otros, son producto de seguimiento hemero- bibliográfico.
Pérdida de identidad y deterioro del patrimonio cultural
Oaxaca es un estado situado al suroeste del país, en la convergencia
formada por la Sierra Madre del Sur y la Sierra Madre de Oaxaca. Su capital,
la maravillosa ciudad de Oaxaca, enclavada en el valle, fue incluida en la Lista
de Patrimonio Común de la Humanidad de la UNESCO en 1987 y es un excelente ejemplo
de turismo cultural exitoso.
Oaxaca siempre se ha caracterizado
por su pluralidad étnica y por tener rasgos identitarios sólidos. Es probable
que la población no se diera cuenta de la riqueza cultural que ello implica,
pero conservando por siglos sus tradiciones han hecho posible que la humanidad
goce de su patrimonio.
¿Qué motiva a la gente a viajar
a esa ciudad? Los turistas se dirigen a Oaxaca por el simple placer de estar
en ella: recorrer sus calles, sentarse en la plaza a ver pasar a la gente y
escuchar la banda de música, entrar en sus numerosas iglesias, e ir al mercado
a comer tasajo[1] o mole negro
y tomar un delicioso chocolate caliente. Eso es turismo cultural. Los viajeros
no siempre están plenamente conscientes de ello, pero lo que los motiva a visitar
el sitio oaxaqueño es su patrimonio cultural.
Además, se sabe que buena parte
de los oaxaqueños vive de la industria turística, ya sea que trabaje en hoteles,
surta de materias primas a los restaurantes, conduzca medios que transporte
que lleven a la ciudad o venda artesanías a los visitantes.
Por lo anterior, es evidente que Oaxaca depende en
buena medida del turismo. La mayor parte de los turistas acuden de Europa, Japón
y Estados Unidos. A diferencia de los turistas de playa, el turismo oaxaqueño
busca cultura y al encontrarla la respeta profundamente.
Es cierto que la mayoría de turistas que van a Oaxaca
lo hacen en el plan conocido como “mochilero”[2] y no deja una gran derrama económica.
Pero eso demuestra que la importancia del turismo cultural no sólo es económica,
sino espiritual y de preservación. Los turistas que viajan a aquella ciudad
tienen conciencia del patrimonio, por lo que lo visitan y admiran sin provocarle
daños. Lo mismo hacen sus habitantes quienes, orgullosos de su propia cultura,
dan una mano amiga al turista y le ofrecen lo mejor de sí.
Mas eso no ha sido suficiente para algunos y su ambición
se desenfrena. La cadena de comida rápida McDonald’s, empresa global que no
ofrece un producto de calidad sino solamente una marca que se puede identificar
en todo el mundo, estudia a profundidad el mercado de los países donde piensa
establecerse. Así es como sus puntos de venta se ubican en lugares concurridos
como centros comerciales, plazas y explanadas, y hace años sus ejecutivos se
dieron cuenta que los sitios turísticos eran lugares inmejorables para poner
sus locales.
Por lo anterior se puede afirmar que McDonald’s fue
un negocio que palpó la importancia que tenía el turismo cultural – al menos
y por desgracia – en el ámbito económico. En otras palabras, McDonald’s vio
que mucha gente visitaba sitios culturales como la Catedral de Nôtre Dame en
París y la ciudad italiana de Florencia, entre otras, y en frente de cada uno
de esos sitios puso un restaurante de comida rápida. Todos esos turistas eran
potenciales consumidores de sus hamburguesas.
Conscientes también de que el centro de Oaxaca atraía
numerosos turistas igual que los otros sitios y aprovechándose de los lugares
importantes para hacer su aparición, McDonald’s vio que la rentabilidad era
alta para instalarse ahí, en plenos portales de la plaza, en el centro de reunión
de propios y extraños, en el corazón de la ciudad.
Vendiendo la idea de modernización tras la cual se
esconde su afán económico, McDonald’s siempre consigue los permisos oficiales
para establecerse. Lo mismo ocurrió en Oaxaca, donde los supuestos expertos
en materia de cultura que conforman el personal del Instituto Nacional de Antropología
e Historia (INAH) autorizaron el nuevo local de la transnacional.
Lo más grave en ese caso es que el modus vivendi
de los oaxaqueños depende de su cultura y del turismo que esta llama. En buena
medida, el valor de Oaxaca radica en su patrimonio cultural, y el establecimiento
de un McDonald’s en pleno centro pone en peligro tanto el patrimonio cultural
tangible como el intangible. El primero porque la “M” que conforma la imagen
de la empresa contrasta y altera visualmente los arcos tradicionales que datan
de la época colonial. Las características físicas de los establecimientos McDonald’s
chocan con el estilo arquitectónico por el cual se incluyó a la ciudad de Oaxaca
en la Lista del Patrimonio Común de la Humanidad.
El segundo, porque los oaxaqueños también "venden
siglos de tradición culinaria".[3] Hay que recordar que el patrimonio
cultural intangible incluye las manifestaciones gastronómicas tradicionales
como parte de la identidad de un pueblo. Así que la llegada de un McDonald’s
a pleno centro de Oaxaca pone en peligro su tradición gastronómica, su patrimonio
cultural y, con ello, la identidad de los oaxaqueños.
La población no se ha cruzado de brazos. Desde el principio,
Francisco Toledo y el Patronato Pro Defensa y Conservación del Patrimonio Cultural
y Natural del Estado de Oaxaca (ProOax),[4]
encabezaron las protestas y propusieron al Ayuntamiento la realización de un
referéndum para que la población oaxaqueña decidiera si quería o no un McDonald’s
en el centro de su ciudad. Asimismo, exigieron una revisión a la ley cultural
del estado.
El presidente municipal, Gabino Cué Monteagudo, junto
con 24 organismos no gubernamentales, instituciones públicas, asociaciones civiles,
centros académicos y cámaras empresariales, organizaron el Foro sobre la
Protección del Patrimonio Cultural del Centro Histórico de la Ciudad de Oaxaca,
con objeto de conocer lo que pensaban la ciudadanía y los expertos en materia
cultural. Dicho Foro inició el 7 de septiembre de 2002 y se prolongó 6 días.
La respuesta fue un NO rotundo a la instalación de la transnacional en el centro.
En cuanto al segundo punto, el de la ley cultural de
Oaxaca, el Congreso estatal redactó un borrador de propuesta de ley "que
contempla proteger los monumentos históricos de la entidad de las empresas que
'atenten' contra el pasado histórico de los oaxaqueños y su cultura arquitectónica,
visual o sentimental".[5]
Tan grande es el peso de Toledo y el patronato que
el borrador se entregó primeramente a ellos para ver si tenían observaciones
que hacerle antes de que se convierta en ley. Eso demuestra que la sociedad
civil ha tomado efectivamente las riendas de su cultura, su promoción y preservación,
y que gracias a eso se impide que se atente contra el patrimonio cultural.
Ante ese panorama, lo mejor que puede hacer McDonald’s
siguiendo esa línea es poner su local a unas cuadras del centro, lugar donde
acudirán los interesados en su comida rápida.
Daño al ecosistema
El caso de Cancún es uno de los más dramáticos en cuanto
a daño ambiental. Cancún es un puerto ubicado en el estado mexicano de Quintana
Roo que se beneficia del esplendor del Mar Caribe. En sus cercanías se encuentran
zonas de enorme valor histórico como son Tulum y Chichén Itzá – aunque este
último pertenece al estado de Yucatán –.
Originalmente, en los años setenta, se le concibió
como un lugar paradisíaco para cierto tipo de turistas, principalmente europeos
y estadounidenses con alto poder adquisitivo. Para los mexicanos era prácticamente
prohibitivo ir allá.
Esos planes pudieran considerarse discriminatorios,
pero un lugar como Cancún exige mayor control del turismo que ahí puede acudir
por los riesgos que corren el ecosistema y los sitios arqueológicos ante la
masificación. Los recursos aportados por una cantidad modesta de turistas con
alto poder adquisitivo serían suficientes para preservar el puerto. Un turismo
masivo podría perjudicar el lugar.
Así se conservó Cancún casi virgen por cerca de 20
años, hasta que en septiembre de 1988 el huracán Gilberto arrasó con toda la
infraestructura del puerto, dejando un saldo de entre 24 y 316 pérdidas humanas,
en tanto que los daños materiales ascendieron a mil millones de pesos. Cancún
estaba devastado y en ese momento se creyó que abriendo el turismo a la masificación
sería como saldrían del problema. El tiempo ha demostrado lo contrario.
Las autoridades pensaron erróneamente que aumentando
la oferta provocarían una demanda que aportara los recursos para la reconstrucción
del puerto. Las tarifas se abarataron a tal grado que Cancún recibe un número
excesivo de turistas – nacionales y extranjeros – que llegan a realizar actos
irresponsables y que no necesariamente dejan una derrama de consideración.
Entre ellos se encuentran los llamados “spring breakers”,
adolescentes estadounidenses cuyo único móvil de viaje es ir a un lugar donde
no hay reglas y se puede hacer lo que no está permitido en su país. Para ellos
se arman “paquetes” que incluyen viaje redondo en avión, hospedaje y en ocasiones
alimentos ilimitados por cuotas francamente ridículas.
Los "spring breakers" llegan a Cancún sin una conciencia
de preservación del entorno, sin tener el más mínimo respeto por el lugar que
los recibe. Lo peor es que ni siquiera gastan. Lo único que consumen son cervezas
y palomitas de maíz. Además se dedican a ingerir bebidas alcohólicas y drogas
en la vía pública sin que nadie lo prohíba. Eso implica un problema social porque
los lugareños toman los hábitos de los turistas, y los vicios no son ni parte
de una identidad nacional ni buenos en sí mismos.
¿Que porqué se permiten esos excesos? Por una serie
de intereses creados, entre ellos los de los hoteleros – que son de los pocos
que se benefician con los dólares de los jóvenes estadounidenses que llegan
en cascada durante el verano – y los especuladores de tierra.
El problema ecológico se encuentra en parte ahí, pues
los hoteles arrojan todos los desechos producto del turismo masivo a la laguna
de agua dulce llamada Bojórquez[6] que se encuentra también en Cancún. En esa laguna
solían habitar varias especies, pero desde que el huracán Gilberto mezcló las
aguas saladas del mar con las de la laguna, y desde que el turismo masivo aumenta
los desperdicios, el equilibrio ecológico ha sido alterado y muchos animales
han desaparecido de ese ecosistema.
Además, el afán por atraer turistas puso de moda la
construcción de campos de golf. Al no haber suficiente terreno para un proyecto
que necesita una vasta región de tierra, dragaron la zona para rellenarla sin
estudiar el impacto que eso traería. Eso provocó que el agua se volviera turbia,
que algas, materia orgánica en descomposición, olores desagradables y fauna
nociva aparecieran. Ha aumentado la deforestación, se ha perdido más del 50%
de los manglares y la calidad de las aguas se ha deteriorado por la circulación
de vehículos que dejan combustibles y lubricantes en la superficie. La belleza
de antaño de la laguna se ha ido difuminando.
El agua de la laguna podría regresar a su estado natural
si se pusieran en práctica las recomendaciones hechas por el Instituto Mexicano
de Tecnología del Agua (IMTA), un organismo descentralizado que después de estudiar
las condiciones de Bojórquez propuso quitar mediante bombeo el nitrógeno y el
fósforo del agua – ingredientes que los humanos han añadido de manera artificial
junto con desechos combustibles – para regresar a la transparencia, a un agua
libre de materia orgánica que se descompone y produce mal olor. Por desgracia,
no existe la voluntad política necesaria para purificar la laguna, a pesar de
que el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) apoyó la creación
de la bomba y el Fondo Nacional para el Turismo (FONATUR) financió el estudio
ambiental de Bojórquez.
También conviene a algunos que los turistas lleguen
masivamente porque les venden predios a la orilla del mar a precios muy bajos.
En pocas palabras, en Cancún existe la especulación de tierras y se lucra con
espacios que son parte de la nación o incluso de la humanidad. Tal es el caso
de la zona cercana a la Riviera Maya, lugar que pretende recuperar la exclusividad
que gozaba Cancún anteriormente, con la diferencia que ahora no se está realizando
bajo una planeación sobre el impacto que tiene en la localidad.
La Riviera Maya es un proyecto conformado por una serie
de hoteles y casas edificadas a lo largo de la costa, llegando casi a la Reserva
de la Biosfera de Sian Ka’an, sitio que también está incluido en la Lista del
Patrimonio de la UNESCO. La expansión del proyecto está depredando la selva
quintanarroense, incluyendo la Reserva, con tal de seguir recibiendo un pago
por la venta de esas tierras.
Por si todo lo anterior fuera poco, existe otra actividad
turística que pone en peligro el medio ambiente de Cancún. Dicha actividad son
los cruceros. Esas embarcaciones cuentan con permiso de acercarse cada vez más
a tierra firme so pretexto de que los turistas a bordo admiren desde su lugar
los bancos de coral. Pero al pasar encima de ellos los mata, ya sea por el golpe
del barco con sus estructuras o por los desechos que arrojan al mar. Los arrecifes
de coral de Cancún son reconocidos por su variedad y belleza, pero el turismo
los está acabando.
Anteriormente, el turismo con alto poder adquisitivo
iba a Cancún a descansar y sabía que cerca de ahí existen sitios arqueológicos
que guardan vestigios mayas, tales como los ya mencionados Chichen Itzá y Tulum,
a los cuales acudía. Actualmente, la oferta cultural pasa inadvertida por la
mayor parte de turistas, los cuales se dedican a la vida nocturna, a tirarse
en una toalla en la arena durante el día, o a subirse en vehículos motorizados
que derraman aceite o diesel en el agua de mar o la laguna, afectando casi irreversiblemente
el entorno ecológico de Cancún. Olvido o beneficio, al menos el patrimonio cultural
permanece al margen de ciertas modalidades de turismo nocivo en Quintana Roo.
Pero inevitablemente, el problema ambiental es un punto rojo manifiesto en el
Caribe mexicano.
Tendencias globales afectando a la sociedad
En el caso de Cancún ya se anunció la ingesta de alcohol
como un problema cada vez más frecuente en los lugares turísticos. En ese sentido
ocurre algo similar en el puerto de Veracruz, capital del estado mexicano del
mismo nombre.
Veracruz ha sido uno de los puertos más importantes
del país. Enclavado en el Golfo de México, Veracruz se caracterizaba hasta hace
unos años por acoger actividades de la Secretaría de Marina y Petróleos de México
(PEMEX). Mas no por ello carecía de visitantes. Los viajeros acudían al puerto
para conocer el Fuerte de San Juan de Ulúa – punto medular de intercambio entre
Europa y el Nuevo Mundo –, escuchar las jaranas en el kiosco y pasear por el
Malecón sintiendo la brisa en el rostro.
Al pasar los años creció la infraestructura para acoger
a un mayor número de turistas. Veracruz entró en la dinámica turística mundial
con gran fuerza. Por ese motivo se construyó una avenida que va del aeropuerto
a la ciudad, pasando por la zona hotelera. Las tendencias globales de establecer
grandes cadenas hoteleras fue implementada con aparente éxito y hoteles como
el Howard Johnson llegaron al puerto.
Asimismo, el boulevard fue remodelado y la Secretaría
de Turismo del estado se dio a la tarea de promocionar el puerto como destino
turístico de nivel internacional. Carteles y anuncios en medios impresos y electrónicos
aparecían por doquier.
La campaña pareció surtir efecto, pues en un lapso
no mayor a cinco años los flujos turísticos registraron un incremento considerable,
y con el crecimiento de la oferta hotelera los empleos abundaron en ese ramo.
Veracruz inició una bonanza turística reflejada en
cifras oficiales y en los bolsillos de los habitantes. Por desgracia, ese excedente
de recursos no se ha enfocado para mejorar la vida del puerto, ni por el lado
de la autoridad ni por el de los veracruzanos.
Las personas no supieron qué hacer con todo el dinero
que ganaban gracias a los negocios que giran en torno al turismo veracruzano,
así que daban a sus hijos demasiados pesos. Los jóvenes, descontrolados también
ante la nueva situación, destinan esos recursos personales a comprar autos y
a beber en el boulevard, este último denominado “boulevard de alcohol”. Como
consumen bebidas alcohólicas sin límite y abordan sus vehículos en estado etílico,
es común que terminen estrellándose en algún punto de la avenida.[7]
La nociva mancuerna alcohol-volante entre los jóvenes
ha provocado un aumento en la inseguridad por accidentes automovilísticos. Esos
son problemas sociales provocados por la bonanza turística, pues en poco tiempo,
los veracruzanos se vieron inmersos en un círculo económico virtuoso que simplemente
los descontroló.
Por el lado institucional se critica que la promoción
del puerto, a cargo de las autoridades, incluya imágenes de playas hermosas,
sitios históricos y arqueológicos siendo que el gobierno gasta todo en publicidad
sin destinar un centavo a esas playas y sitios de Veracruz. Paradójicamente,
se promueve algo que ellos mismos desconocen e incluso ignoran.
Algunos se preguntarán, ¿porqué Veracruz, siendo heredero
de lugares ricos en cultura incluidos en la Lista del Patrimonio Común de la
Humanidad como son El Tajín y Coatzacoalcos, no atrae el turismo cultural que
Oaxaca? La respuesta es tristemente sencilla: a la población no le interesan
sus propias tradiciones ni su cultura. La irresponsabilidad derivada de esa
falta de conciencia de la sociedad civil no realiza presión alguna sobre las
autoridades para que velen por la preservación del patrimonio cultural.[8]
Y como la gente no se interesa por conocer su propio
patrimonio tampoco tiene incentivos para promoverlo. Aparentemente, la oferta
turística del puerto se reduce a la facilidad de beber en plena calle.
Todos los elementos que forman parte de su identidad
se están diluyendo por apatía y falta de interés de la población, aunado a que
buena parte de los veracruzanos se inclinan más por lo material que por lo intelectual
y dan al turista sólo lo que pide, olvidando que tienen mucho más que ofrecer,
como es su patrimonio cultural.[9]
Otros más informados dirán, “El Tajín sí ha recibido
el apoyo estatal”. Pero eso no es gratuito. A dicha zona arqueológica se le
restauró de pies a cabeza por fines meramente lucrativos provenientes de altas
esferas políticas, según se verá en el apartado que sigue.
Pseudo turismo cultural
El turismo también ha sido víctima del desenfreno, producto
de la ambición de los políticos en turno. Ellos han formulado políticas erróneas,
improvisadas, creando lo que se puede denominar “pseudo turismo cultural”, porque
ni se realiza para conocer los sitios que conforman el patrimonio de la humanidad,
ni arrojan los resultados positivos que supone el turismo. Lo único que provoca
el “pseudo turismo cultural” es la destrucción del propio destino cultural y
la amenaza de pérdida de la identidad.
Uno de los mejores ejemplos de “pseudo turismo cultural”
comenzó en diciembre de 1999, cuando las calles, periódicos y revistas se vieron
invadidas por publicidad que anunciaba un evento denominado “Cumbre Tajín 2000,
Primavera del Milenio” a celebrarse en marzo de 2000. El máximo organizador
del evento era el gobernador del estado de Veracruz, Miguel Alemán Velasco.
El Tajín es un sitio arqueológico perteneciente a la
región conocida como Totonacapan[10], tan importante como Teotihuacan,
Monte Albán o Palenque. Fue incluido en la Lista del Patrimonio Común de la
Humanidad en 1992 por su valor universalmente excepcional. Pero no sólo se trata
de un vestigio arqueológico, sino que en sus cercanías habitan los herederos
de esa tradición totonaca. Las autoridades estatales hablaron con ellos, afirmando
que el evento les beneficiaría porque llegarían los servicios a la zona y, lo
más importante, la ocasión daría a conocer al mundo el patrimonio cultural tangible
e intangible de los totonacas.
En efecto, la promoción del evento se basaba en la
cultura del Totonacapan, incluyendo sus artesanías, danzas y tradición culinaria.
Sin embargo, el programa del evento en sí mismo no tenía una sola connotación
cultural. Lo que ofrecían eran talleres de lectura del café, runas nórdicas
y aromaterapia, actividades que entran en lo que se llega a denominar “turismo
espiritual”, pero disfrazado de turismo cultural.
Los habitantes de las zonas aledañas al Tajín no vieron
ningún beneficio del turismo que el gobierno del estado estaba promoviendo.
Al contrario: cercaron con malla ciclónica el lugar para limitar el paso sólo
a aquellos que pagaran los quinientos pesos de entrada al parque temático o
los cuatro mil pesos para hospedarse en el sitio arqueológico.[11]
Paradójicamente, los pobladores, herederos naturales del patrimonio cultural
totonaca, fueron quienes no pudieron asistir a la celebración que supuestamente
se hacía para honrarlos.
También se les “vendió” la idea de que Cumbre Tajín
les llevaría infraestructura más allá de los días del evento. Desafortunadamente,
servicios como alumbrado público, líneas telefónicas y agua potable sólo funcionaron
temporalmente. Terminado el evento, se acabaron los servicios.
"Lo único que el gobierno le donó a los papantecos
fue el cascajo y los residuos de algunas instalaciones que quedaron en la zona.
Nada más. Por ejemplo, construyeron una tubería de Papantla a El Tajín, pero
una vez concluido el espectáculo cerraron la llave y el agua ya no corre más.
Colocaron teléfonos y alumbrado público, pero también los quitaron. Se le dijo
[al gobierno] que era peligroso introducir maquinaria pesada a El Tajín
y la metió causando daños al patrimonio. Se le dijo que la planta tratadora
de agua en nada beneficiaría a las comunidades y la puso para que los baños
de la zona arqueológica [...] tuvieran agua limpia, mientras que los desechos
se filtran al río que usa la comunidad para abastecerse de agua.”[12]
Anticipadamente, muchos vieron lo pernicioso que podía
ser un evento como ese y meses antes manifestaron su negativa a la celebración
de Cumbre Tajín. Se hicieron protestas a las puertas del sitio arqueológico
y se envió un sinnúmero de cartas donde se explicaban los daños que podía provocar
la realización del evento. Las protestas fueron encabezadas por funcionarios
y arqueólogos del mismo INAH, estudiantes de la Escuela Nacional de Antropología
e Historia (ENAH), custodios del sitio arqueológico, periodistas y ciudadanos
informados de todos los rincones del país.
Todos ellos señalaban el peligro que implicaba establecer
el campamento que serviría como alojamiento para los visitantes en una zona
donde siempre habían existido letreros de no excavar, pues algunos ductos de
PEMEX que transportan gas atraviesan ese terreno, "constituyendo un riesgo
latente para la integridad de sus personas, para las instalaciones de PEMEX
y para la zona arqueológica."[13]
Y las cosas no se detuvieron ahí. Cumbre Tajín se celebró
a pesar de todo y lo mismo ha ocurrido los dos años siguientes, aunque con mayores
agravantes. La nueva “ocurrencia” de los organizadores para dar mayor “espectacularidad”
y hacer que la Cumbre Tajín 2001 vendiera más, fue montar el escenario principal
en plena zona de monumentos. Esa estructura pesaría mucho más de una tonelada,
y si una pirámide no está hecha para soportar el peso del turismo masivo, menos
estaría un conjunto de ellas para sobrevivir a tales excesos.
Al final, el anunciado escenario se colocó a las afueras
de la zona. No por tener “conciencia cultural”, sino porque al hacer una prueba
de resistencia a la estructura con mil quinientos policías encima como “objeto
de peso”, el templete se derrumbó y con él las personas, muriendo uno de ellos
y resultando gravemente lesionados cinco más. El percance se quiso esconder,
pero de cualquier forma se puso una vez más en evidencia que lo que les importa
es el lucro y la comercialización del evento, no la promoción y preservación
del patrimonio cultural.
¿Qué cómo se han permitido atropellos de esa magnitud,
tanto contra las personas como contra el patrimonio cultural? Gracias a que,
como ya se dijo, el promotor principal del evento es el gobernador de Veracruz,
con todas sus influencias y el poder que se requiere para corromper conciencias
y funcionarios.
Ante Cumbre Tajín, "podemos ser testigos de la timorata
política del CONACULTA al haber cedido, silenciosamente, a la petición del gobernador
Miguel Alemán al autorizar la Cumbre Tajín 2001 en provecho de la economía de
la administración veracruzana y de la gerencia de Televisa, que es la socia
de este encuentro."[14]
El factor político juega un papel muy importante en
el “pseudo turismo”. Pero también existen otro tipo de actores – como las empresas
privadas – que tienen fuertes intereses en actividades como Cumbre Tajín. Si
ambos actúan conjuntamente, se puede crear una combinación funesta para la promoción
y preservación del patrimonio cultural, además de que se puede difundir una
mala imagen de lo que podría ser un turismo cultural auténtico.
"Más allá del perjuicio físico que se presenta con
ese tipo de eventos comerciales dentro de El Tajín, lo grave es el daño intangible
que causa ese tipo de espectáculos cuando se tergiversa el sentido histórico
y social de un patrimonio cultural."[15]
Conclusiones
Los cuatro casos descritos en estas
líneas son francamente dramáticos, y aunque sólo se habló de México por ser
mi país, del cual tengo evidencia e información de primera mano, el mismo esquema
devastador se manifiesta en otros países. El adelanto tecnológico, las telecomunicaciones
y la interdependencia que aporta la globalización tan sólo parecen detonadores
de todos los males que puede aquejar a la sociedad mundial. Los efectos negativos
que el turismo puede provocar lo presentan como la actividad más perniciosa
que se puede realizar en cualquier lugar del mundo.
Y después de conocer todo lo malo
que puede provocar el turismo, ¿todavía se le puede considerar la mejor estrategia
para promover el patrimonio cultural en la globalidad? ¡Por supuesto que sí!
La clave está en lo que señala Arturo de la Serna, de la Escuela Nacional de
Conservación, Restauración y Museografía, al indicar que "Las estadísticas
han demostrado que el factor humano es el principal y único responsable directa
e indirectamente del deterioro del patrimonio cultural."[16] Lo mismo sucede en cualquier
actividad realizada o vinculada con el hombre.
Se sabe que los humanos son seres altamente complejos
y las acciones que realizan tienen un lado racional y otro irracional. De éste
último ya se habló lo suficiente. En la otra cara de la moneda se encuentra
el turismo “racional” que se esbozó en la introducción de este trabajo, aquel
que planea y evalúa todos los resultados que puede generar de llevarse a cabo,
una modalidad turística que puede promover y preservar el patrimonio cultural
y natural de la humanidad. Un turismo bien implementado es el que respeta las
condiciones del lugar que va a promocionar. Si se trata del turismo vinculado
a la cultura, la industria estará consciente de que lo primero es conservar
el patrimonio antes que atraer viajeros.
Los daños provocados por el turismo en general y las prácticas
turístico culturales no sólo se relacionan con la falta de planeación y la ambición
económica, sino que también "la destrucción del patrimonio cultural se debe
en gran medida a la pérdida del vínculo de amor entre la ciudad y el ciudadano
y la pérdida de respeto del segundo por la primera."[17]
La tradición y su rescate, es decir, la preservación
de la identidad es la verdadera modernidad, y el respeto al orden, tiempo y
espacio al que se pertenece son elementos indispensables para la conservación
del patrimonio cultural.
La población debe estar consciente de ello para renovar
el lazo cultura-humanidad que tanto hace falta para sentirse parte de esos rasgos
particulares que conforman el patrimonio cultural y nuestra propia identidad.
Sólo en el momento que la población sienta al patrimonio como suyo será capaz
de preservarlo y promoverlo.
Una de las lecciones más importantes que dejan los
casos que exponen los efectos negativos o focos rojos del turismo es que "el
simple hecho de ser herederos de una cultura tan extensa como diversa no garantiza
el incremento inmediato del mercado turístico”,[18]
sino que se requiere trabajar exhaustivamente para lograr lo que se desea: un
turismo cultural que hermane y enriquezca a la humanidad.
Bibliografía
UNAM / Instituto de Investigaciones
Estéticas, La sociedad civil frente al patrimonio cultural, (México:
UNAM, 1997) 3º Coloquio del Seminario de Estudio del Patrimonio Artístico.
UNAM / Instituto de Investigaciones
Estéticas, Patrimonio y turismo, (México: UNAM, 1998) 5º Coloquio del
Seminario de Estudio del Patrimonio Artístico.
Hemerografía
"Apoyará Sectur promoción de Cumbre
Tajín 2002" en El Financiero, 19 de septiembre de 2001, Sección Negocios,
p. 23.
"Comienza mañana Cumbre Tajín 2002"
en Reforma, 15 de marzo de 2002, Sección C (Cultura), p. 1.
"Contrastes de un festival en una
zona sagrada" en Reforma, 14 de marzo de 2000, Sección C (Cultura), p.
4.
"Cumbre Tajín, fuera de la zona
arqueológica" en El Financiero, 25 de mayo de 2001, Sección Cultural,
p. 55.
"Defiende ley a la cultura oaxaqueña"
en Reforma, 19 de septiembre de 2002, Sección C (Cultura), p. 1.
"El INAH no sataniza actos culturales en zonas arqueológicas"
en Excélsior, 16 de febrero de 2001, Sección Cultura, p. 5.
"El Tajín, legado histórico de México, no de empresarios"
en El Financiero, 31 de enero de 2001, Sección Cultural, p. 42.
"En El Tajín se actuará con legalidad"
en Excélsior, 13 de febrero de 2001, Sección Cultura, p. 7.
Gastrotur, México, Año XIX, No. 235, 15 de diciembre
de 2001 al 15 de enero de 2002.
Gastrotur, México, Año XX, No. 239, 15 de abril al
15 de mayor de 2002.
"Impulsan el turismo cultural" en
Reforma, 7 de septiembre de 2001, Sección C (Cultura), p. 1.
"La cultura ¿.como negocio? en Alto Nivel, México,
Septiembre 1998, p.p. 95-112.
"La laguna de Bojórquez, en Cancún, ejemplo de degradación
ecológica" en El Financiero, 23 de marzo de 2001, Sección Cultural, p.
53.
"Movilización nacional de trabajadores del INAH contra la
Cumbre Tajín" en Excélsior, 6 de marzo de 2001, Sección Cultura, p. 5.
"Oaxaca, la magia de la tradición" en Celular, México,
Febrero 1997.
"Organizadores con 'permiso tácito'. Solicitan suspensión
de Cumbre Tajín ante un juez federal" en El Financiero, 15 de febrero
de 2001, Sección Cultural, p. 44.
"Pese al accidente, los planes no
cambiaron. El Tajín, un festival inamovible" en El Financiero, 23 de
marzo de 2001, Sección Cultural, p. 52.
"Plantean referéndum para Mc.Donald's"
en Reforma, 21 de agosto de 2002, Sección C (Cultura), p. 1.
"Plebiscito, si se niega espectáculo
final de Tajín 2001" en Excélsior, 10 de febrero de 2001, Sección Cultura, p.
9.
"Razona Toledo con Mc.Donald's.
Califican al Zócalo de lugar sagrado" en Reforma, 6 de septiembre de
2002, Sección C (Cultura), p. 1.
"Reaccionan ante Mc.Donald's" en
Reforma, 30 de agosto de 2002, Sección Buena Mesa, p. 15.
"Tajín 2000, primavera del milenio.
Ultiman detalles entre controversia" en Reforma, 14 de marzo de 2000,
Sección C (Cultura), p. 1.
"Tendrá zona del Tajín un espectáculo
propio" en Reforma, 18 de marzo de 2002, Sección C (Cultura), p. 1.
Recursos electrónicos
www.inah.gob.mx
www.cumbretajin.org
Otras fuentes
Ponencia "Mc. Donalds en Oaxaca",
presentada por el Lic. Rafael Alcérreca dentro del curso Evaluación de Proyectos
de Inversión, ITAM, 13 de septiembre de 2002.
Seminario-taller Gestión del
Patrimonio Cultural, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA)
/ Espacio Espiral A.C. / Alianza Francesa, 16 al 20 de junio de 2003.
Testimonios de Jacobo Alvarado,
diseñador de Oaxaca y habitante de Cancún, 6 de agosto y 16 de octubre de 2002.
Testimonio de Luis Mireles, economista
de Veracruz, y Lucero Méndez, comunicóloga de Veracruz, 13 de septiembre de
2002.
[1] Tasajo
es carne seca tradicional de Oaxaca.
[2] Un turista mochilero es aquel que viaja sin mucho
dinero, tan sólo con una mochila a la espalda donde lleva algunos cambios de
ropa, una botella de agua y en ocasiones una manta por si tiene que dormir a
la intemperie. El turista mochilero no llega a grandes hoteles, sino que acude
a casas de huéspedes o pequeños hoteles familiares.
[3] Ponencia "McDonalds en Oaxaca", presentada por el Lic. Rafael
Alcérreca dentro del curso Evaluación de Proyectos de Inversión, ITAM, 13 de
septiembre de 2002.
[4] Francisco Toledo - uno de los pintores contemporáneos más importantes
de México, considerado líder del movimiento -, Luis Castañeda Guzmán, Hugo Hiriart
y Rafael Tovar y de Teresa - entonces director del Consejo Nacional para la
Cultura y las Artes (CONACULTA) -, fueron algunos de los que redactaron La
Hoja Volante, un manifiesto en el que solicitaban la protección de los conventos
de Santo Domingo, La Soledad, El Carmen y La Compañía. Para legitimar sus acciones
legalmente y ser un interlocutor formal ante la autoridad, los firmantes de
La Hoja Volante constituyeron ProOax el 4 de agosto de 1993. ProOax se
ha convertido en la voz que defiende el patrimonio de Oaxaca y que con sus acciones
y actos públicos es un foro que denuncia todo abuso que se intente hacer contra
la cultura oaxaqueña.
[5] "Defiende ley a la cultura oaxaqueña" en Reforma, 19 de
septiembre de 2002, Sección C (Cultura), p. 1.
[6] El destino
turístico de Cancún se desarrolló en torno al Sistema Lagunar Nichupté y su
principal laguna es Bojórquez. Cuando llegan los turistas al puerto y se encaminan
a la zona hotelera, un lado del paisaje ofrece la gama de azules del Mar Caribe
y el otro la laguna de agua dulce. “La laguna de Bojórquez, en Cancún, ejemplo
de degradación ecológica” en El Financiero, 23 de marzo de 2001, Sección
Cultural, p. 53.
[7] Testimonio de Luis Mireles, economista de Veracruz, y Lucero
Méndez, comunicóloga de Veracruz, 13 de septiembre de 2002.
[8] Ibidem.
[9] El patrimonio cultural que conforma la identidad
veracruzana conjuga elementos precolombinos y las primeras manifestaciones coloniales
por ser el puerto donde desembarcó Hernán Cortés al llegar a México. Se compone,
entre muchísimos otros, de tangibles como el ya mencionado fuerte de San Juan
de Ulúa, el Museo de la Marina, el Edificio de Correos, la Catedral de la Asunción
y la Casa del poeta veracruzano Salvador Díaz Mirón, e intangibles como las
canciones interpretadas por los jaraneros y la comida típica que incluye “picaditas”,
tlacoyos y plátano macho frito.
[10]
Se traduce como "rayo o trueno"
[11] Esas cantidades corresponden a un aproximado de
45 y 360 dólares respectivamente.
[12] "El
Tajín, legado histórico de México, no de empresarios" en El Financiero,
31 de enero de 2001, Sección Cultural, p. 42.
[13] "Contrastes de un festival en una zona sagrada"
en Reforma, 14 de marzo de 2000, Sección C (Cultura), p. 4.
[14] "Decepción cultural" en El Financiero, 16 de marzo de
2001, Sección Cultural, p. 52.
[15] "Cumbre Tajín, fuera de la zona arqueológica"
en El Financiero, 25 de mayo de 2001, Sección Cultural, p. 55.
[16] Arturo de la Serna, "Proyectos de rescate patrimonial"
en UNAM, Patrimonio y turismo, (México: UNAM, 1998 ), p. 113.
[17] Esperanza Ramírez Romero, “El acueducto de Morelia
y la participación de la sociedad en su restauración” en UNAM, La sociedad
civil frente al patrimonio cultural, (México: UNAM, 1997), p. 53.)
[18] Víctor Morel Flores Chapa, “Promoción patrimonial”
en UNAM, Patrimonio y turismo, Op. cit., p. 75.
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