Sobre las cenizas de la guerra: Reconstruyendo los paisajes turísticos
en la ex-Yugoslavia
Por Alvaro Higueras
Resumen
Las condiciones turísticas han cambiado drásticamente
en las republicas de la ex-Yugoslavia después de la guerra. Los nuevos países
jóvenes e independientes buscan volver a atraer el denso flujo de turistas de
Europa occidental. La llegada de turistas ha sido gravemente afectado por la
guerra por dos motivos: la creación de varios países en lo que era un solo territorio,
y la destrucción por guerra e intencional de las atracciones turísticas más
importantes de la ex-Yugoslavia.
La creación de las nuevas republicas, de sus nuevas identidades
nacionales y de territorios que pueden ser definidos étnicamente llevo a la
destrucción de muchos monumentos que no coincidían con las características de
la nueva entidad, como por ejemplo monumentos islámicos en la Republica Serbia
de Bosnia. Las acciones de grupos nacionalistas en contra del patrimonio cultural
de origen islámico ha dejado a muchas ciudades de esta entidad como tierra arrasada
para el turismo.
Sobre las cenizas de la guerra: Reconstruyendo los paisajes turísticos en
la ex-Yugoslavia
El tema de esta ponencia se aparta algo de enfoque geográfico
que la mayoría de las contribuciones a este foro. Sin embargo, representa un
caso extremo en el cual la sociedad civil y política, después de un intenso
periodo de conflicto, toma ciertas decisiones para reconstruir sus paisajes
históricos. Estos nuevos paisajes pueden o no ser atractivos al turismo interno
o extranjero. En un caso particular, propongo que el potencial turístico de
algunas ciudades ha sido destruido para siempre en pos de pureza étnica que
la guerra buscaba lograr. En este caso el potencial turístico de la ciudad ha
sido comprometido.
El tema de esta ponencia, la preservación y futuro del patrimonio
cultural en los nuevos países balcánicos de la ex-Yugoslavia, requiere de comentarios
del contexto histórico de los últimos 20 años en Yugoslavia, pues son los eventos
históricos que han definido directamente la situación del patrimonio cultural
en cada uno de estos nuevos países.
El contexto histórico
Yugoslavia era hasta 1992 uno de los países más populares para
turistas de Europa. Yugoslavia brindaba mar, montañas, ciudades históricas,
monumentos ortodoxos, musulmanes y católicos, una ciudad olímpica, y todo ello
en un radio de 3-4 horas de manejo sin fronteras entre las republicas que la
conformaban, estrechándose desde Italia a Grecia. (Hoy se debe cruzar cinco
países para ese mismo tramo.) La guerra entre 1992 y 1995 cambió todo el éxito
turístico de Yugoslavia. Este pasado éxito se ha convertido hoy, en gran parte,
en el éxito de Croacia pues es la república que domina la costa dálmata.
Pero Yugoslavia era un país socialista y ateo, en el cual las
practicas religiosas no eran toleradas. Pero los importantes monumentos religiosos
ortodoxos, musulmanes y católicos eran preservados de manera notable. En el
periodo de la pre-guerra y pre-independencia religión y etnicidad de los ciudadanos
no eran asunto de consideración, como lo era pertenencia en el sistema del partido
político que controlaba el país.
Al desmembrarse Yugoslavia, a fines de 1991, ocurren dos cambios
súbitos y cruciales que alimentan el deseo de independencia y genera el conflicto:
la red política y jerárquica del partido se derrumba, y la afiliación étnica
y religiosa se convierte en la nueva forma de ver al vecino. Ambos procesos
movidos por un incipiente pero dinámico nacionalismo, que se alimenta del deseo
de crear un nuevo país independiente: en los casos menos peligrosos, de crear
un país en la que la mayoría étnica tenga el monopolio del poder (que acabe
con la dinámica de gobierno multi-étnico que era la norma en la Yugoslavia de
Tito), y en los casos más graves, en la que la mayoría étnica de un territorio
expulsa y extermina a las minorías étnicas. Esas políticas de limpieza étnica
afectaron también al patrimonio histórico.
En ninguna república fueron estos procesos de problemas de
dominación, exclusión y nacionalismos incipientes, con un rápido crecimiento
de la identidad religiosa para reforzar esos fervores nacionalistas, más críticos
que en Bosnia y Herzegovina.
En 1992 la república de Bosnia y Herzegovina decide declarar
su independencia. En Bosnia, que es un microcosmos de la antigua Yugoslavia,
las tres etnias de serbios, musulmanes, croatas eran 40%, 40% y 20% respectivamente
de la población total, se lanzaron inmediatamente a la lucha armada para definir
territorios para cada uno ellos. Estas tres etnias formaban un mosaico en Bosnia,
y no estaban segregadas. La guerra iría a segregarlas. La guerra de Bosnia
produjo 200.000 muertos y cientos de monumentos destruidos.
Nuestro segundo caso de estudio es el de Kosovo. En 1989 esta
provincia autónoma de Yugoslavia, cuya población 90% de etnia albanesa y musulmana,
pierde su autonomía bajo orden de Milosević. Se inicia una administración
serbia del territorio, y un régimen de apartheid que afecta a la población
kosovar. La importancia de Kosovo para la sociedad serbia es vital: lo consideran
como su tierra de origen. El patriarcado de la iglesia ortodoxa y tres de los
monasterios ortodoxos más importantes están en Kosovo. El hecho que los Otomanos
destruyeran los ejércitos serbios en el siglo XIV derrotando a un rey que es
un santo patrón sólo refuerza la voluntad de mantener Kosovo. En 1999 la policía
militar serbia desocupó Kosovo después de los bombardeos de NATO, dejando decenas
de monumentos islámicos destruidos. Muchos monasterios ortodoxos aislados también
fueron destruidos por kosovares.
Patrimonio cultural y limpieza étnica
Nos concentraremos en los casos de Bosnia y Kosovo y el impacto
en su patrimonio cultural islámico, ortodoxo y católico. La guerra destruyó
las dieciséis mezquitas de Banja Luka en Bosnia y decenas de mezquitas en todo
Bosnia, y arrasó con la ciudad de Mostar y su puente antiguo. Muchos de estos
monumentos fueron construidos en el apogeo del imperio Otomano en Bosnia en
los siglos XVI y XVII. Más tarde en 1996, en Kosovo, se repite la destrucción
de arquitectura islámica y ortodoxa. Esta destrucción hace parte de las políticas
nacionalistas de limpieza étnica.
El caso de Banja Luka
Banja Luka es la capital tradicional de los serbios de Bosnia.
Pero su historia se remonta a tiempos romanos y fue particularmente importante
durante la ocupación otomana de Bosnia, pues era, a los pies del macizo de Bosnia,
la última ciudad islámica antes de llegar las llanuras del río Sava, la frontera
con el Imperio Austro-Húngaro. Banja Luka había sido una ciudad importante para
el imperio con una fuerte presencia de la tradición islámica hasta 1992.
La ciudad era definida como un importante sitio histórico en
guías de viaje europeos, una ciudad de “espíritu” islámico. En efecto, la ciudad
contaba con 16 mezquitas, una torre de reloj y un fuerte construidos durante
los dos siglos de ocupación otomana. Una de esas mezquitas, la de Ferhadija,
era del siglo XVI la segunda más grande de los Balcanes. Todas las mezquitas
y la torre fueron arrasadas en una quincena de junio de 1992 por hordas nacionalistas
queriendo transformar la faz de Banja Luka en una ciudad puramente serbia. Quedan
sólo de estos monumentos históricos el fuerte y los cementerios y mausoleos
que se encontraban en los recintos de las mezquitas.
Hoy Banja Luka es una ciudad de faz serbia que ha tratado de
borrar toda huella de sus raíces islámicas. La población musulmana, aproximadamente
25,000 personas antes de la guerra, también fue desplazada. Hoy una comunidad
de 2000 personas ha regresado a Banja Luka, y en los últimos meses una de las
mezquitas en las afueras de Banja Luka, sin ningún valor histórico, está siendo
reconstruida. (La mezquita rural y de los siglos XVII y XIX en los Balcanes
es simplemente una casa de cuatro aguas con y un discreto minarete).
La única reconstrucción en curso en Banja Luka es una antigua
iglesia ortodoxa en el centro de la ciudad que fue destruida durante la segunda
guerra mundial, y nunca fue reconstruida en el periodo de Yugoslavia. Esa nueva
iglesia será el nuevo centro de religioso de la ciudad. La iglesia católica
sufrió daños menores.
Será imposible por la falta de voluntad de las autoridades
serbias (amén de la escasez de fondos), reconstruir las varias mezquitas que
eran parte del patrimonio histórico de la ciudad. La presión por reconstruir
la mezquita principal y otras dos menores viene del representante de las Naciones
Unidas que mantiene el poder de facto en Bosnia. Pero los serbios son
reticentes a dejar proseguir la reconstrucción de mezquitas en la capital de
su territorio. Sin embargo, muchas mezquitas han sido reconstruidas en el campo
a la vez que poblaciones musulmanas regresan a las propiedades de las cuales
habían sido expulsadas.
Las autoridades serbias parecen rechazar cualquier razón para
reconstruir el patrimonio islámico de Banja Luka. El factor turismo no es relevante,
por el momento. Igual para las Naciones Unidas. La reconstrucción de la mezquita
de Ferhadija sería más bien un reflejo del progreso de la reconciliación que
han podido fomentar en Bosnia, siete años después de la guerra. Esto es sumamente
ambicioso, como lo demuestra las dos primeras ceremonias de “primera piedra”
que causaron graves disturbios en la ciudad.
El tema del patrimonio histórico en Banja Luka no se relaciona
hoy al tema de turismo pero más bien al tema de la nueva nación, que es parte
pero a la vez separada de Bosnia y Herzegovina. Este es un caso en la que la
posible reconstrucción de parte del patrimonio (la reconstrucción de todo lo
destruido es simplemente imposible) a procesos de reconciliación, que lamentablemente
no pueden ser dirigidos por diplomáticos europeos. Europa misma ha visto lo
mucho que toma a sus poblaciones reconocer daños del pasado y construir memoriales
para rememorar las injusticias del pasado (me refiero a los monumentos a las
comunidades hebreas de Viena y de Berlín).
El caso de Mostar
Mostar fue una ciudad mixta antes de la guerra y lo sigue siendo.
Pero esta hoy dividida entre las zonas musulmana y croata por una avenida
que fue el frente de guerra durante tres años. La comunidad musulmana es un
enclave pues todo el territorio que la rodea es poblado por croatas, y a sus
espaldas comienza en territorio de la República Serbia de Bosnia.
La ciudad antigua de Mostar era uno de los ejemplos mejor preservados
de urbanismo otomano en los Balcanes. Y en 1993 Mostar se convierte en uno de
los ejemplos más recientes de destrucción sistemática del patrimonio histórico
como parte de los procesos de limpieza étnica en la ex-Yugoslavia.
La ciudad histórica de Mostar, en la zona musulmana de la ciudad,
está siendo activamente reconstruía y ha recuperado mucho del esplendor del
pasado. Integrará, sin embargo, por muchos años las cicatrices de la guerra,
la mayor de las cuales es el puente antiguo que está actualmente siendo reconstruido.
Para los propósitos de turismo, Mostar está recuperando el flujo de turistas
que se enfrentan, a pesar de todas las muertes y asesinatos, a una historia
de Mostar aun más valiosa y rica, en la que la ciudad recupera su antiguo orgullo.
La parte musulmana de Mostar recupera su patrimonio porque
está en manos de la población musulmana. Otra sería la historia si la población
croata hubiera tomado toda la ciudad. En estos nuevos países, es bastante menos
improbable que la población de un grupo tome cuidado del patrimonio de otro
grupo, que además es de religión diferente, aun si se considera una perspectiva
del mercado turístico.
Para contrarrestar el imán turístico y monumental que representa
la ciudad vieja de Mostar (y la consecuente asociación de Mostar como ciudad
musulmana), se ha construido en la parte croata de la ciudad una inmensa iglesia
católica con un altísimo campanario, y se ha colocado una gigantesca cruz sobre
el peñón que domina la ciudad, el mismo peñón que abrigaba los cañones que destruyeron
el puente antiguo un día de noviembre de 1993.
La población croata en este nuevo país con una re-descubierta
religión que define a los grupos étnicos ha buscado establecer un nuevo balance
de las identidades que emanan del paisaje de la ciudad de Mostar creando nuevas
estructuras para definir la mitad católica de la ciudad, que a pesar de ello
no es un atractivo turístico.
En su intención de reflejar los orígenes multi-étnicos de Mostar
que florecieron durante el imperio Otomano, se ha planeado construir una sinagoga,
en rememoración a la alguna vez importante comunidad judía de la ciudad. La
sinagoga se construirá sobre la avenida que divide Mostar croata de Mostar musulmana
y que fue la línea de frente durante tres años.
El caso de Sarajevo
Sarajevo, tradicional centro cultural de la ex-Yugoslavia,
es hoy una ciudad que ha recuperado mucho de su antiguo esplendor histórico
y refleja el renacer de la república Bosnia independiente.
El sitio y bombardeo de la ciudad durante tres años generó
graves daños en el área de la ciudad vieja que han sido restaurados devolviéndole
el carácter islámico Otomano. El único edificio del centro antiguo de Sarajevo
que queda por restaurar es la biblioteca, un grandioso edificio neo-islámico
construido por las autoridades austriacas en el siglo XIX, que fue incendiado
en las primeras semanas del conflicto en 1992.
Sarajevo, que sigue siendo una ciudad multi-étnica (las fuerzas
serbias asediaron una población que incluía también población serbia), ha logrado
recuperar su estatura de ciudad histórica de Bosnia, y ha iniciado una política
de atracción al turismo foráneo a una ciudad que sigue enorgulleciéndose de
ser una capital multi-étnica con mezquitas iglesias y sinagogas de las comunidades
musulmana, judía ortodoxa y católica.
El caso de Kosovo
La destrucción de monumentos musulmanes en Kosovo fue parte
de la respuesta de las fuerzas serbias a los bombardeos de la OTAN sobre Serbia
y la capital de Kosovo, Prístina. Al mismo tiempo, la policía serbia fomentó
el éxodo de los kosovares a Albania al iniciar la exterminación de la población
de muchos pueblos. Ese éxodo fue acompañado de la destrucción de importantes
pueblos como el de Djakova, en el que la mezquita fue bombardeada y el mercado
incendiado, para nombrar el caso más flagrante.
Kosovo representa un importante caso de coexistencia de patrimonio
musulmán y ortodoxo, pero en los años en que las actividades religiosas no eran
permitidas esos monumentos hacían parte de un importante patrimonio cultural
que, sin embargo, no figuraba como una atracción turística importante en la
ex–Yugoslavia. Kosovo fue siempre la provincia menos desarrollada, en la cual
sólo 10% de la población era de etnia serbia.
Desde 1989, en la que Milosević declara el eterno vínculo
de Serbia con Kosovo por razones históricas, los kosovares, es decir 90% de
la población, perderán su autonomía, el libre uso de su idioma y de sus costumbres,
mientras la religión ortodoxa vuelve a convertirse en la religión oficial de
la provincia. En consecuencia, la mayoría de las inversiones en el patrimonio
histórico se hizo, en los últimos 15 años, en monumentos ortodoxos. Si a ello
se le añade la destrucción de monumentos islámicos, en el año 2000 la situación
del patrimonio cultural islámico en Kosovo era deplorable. El gobierno del protectorado
de Naciones Unidas inició una difícil tarea de reconstruir los ejemplos más
resaltantes del patrimonio.
Reconstrucción de patrimonio cultural y el turismo cultural en Bosnia y Herzegovina
y Kosovo
Desde 1995, en que se firma un acuerdo de paz, Bosnia y Kosovo
han comenzado un masivo proceso de reconstrucción de monumentos históricos.
Pero tal ha sido la destrucción que será difícil para ambos países, y Kosovo
sobretodo (pues su situación política no está aún definida) poder emprender
una racional y adecuada reconstrucción de los monumentos históricos. Ello se
debe a que la organización política y étnica de Bosnia ha cambiado radicalmente
desde la guerra.
El turismo cultural no es una prioridad en estos países. Amén
de problemas logísticos intrínsecos al turismo, existen muchas otras consideraciones
implicadas en el proceso de reconstrucción, y muchas veces el establecimiento
de paisajes turísticos que podríamos llamar auténticos (pre-1992) no es uno
de ellos.
Propongo que el tema del turismo cultural no parece ser un
motivo de importancia en estos países, mientras que es establecimiento de nuevos
paisajes de identidad en la guerra post-guerra (que implicó destrucción de ciertos
monumentos y construcción de otros) transforma los paisajes “auténticos” en
nuevas construcciones históricas que se adaptan a las nuevas condiciones políticas
de Bosnia: segregación étnica, poder en manos de las mayorías, nuevos territorios.
Sin embargo, las Naciones Unidas actúa en este contexto para proveer el balance
a una situación que podría generar la permanencia de estos paisajes segregados.
Naciones Unidas apoya la construcción de mezquitas –de mínimo o ningún valor
histórico- en áreas rurales de la zona serbia de Bosnia.
Pero los nuevos paisajes sufren también de otras influencias
externas. Sumamente grave en Bosnia y Kosovo para el patrimonio histórico religioso
es la creciente influencia de organizaciones de países islámicos como Malasia,
Pakistán y Arabia Saudita que financian la reconstrucción de mezquitas. En la
mayoría de casos, sus demandas son claras: apoyan la reconstrucción de mezquitas
que se adapten a los cánones islámicos de aquellos países, en detrimento de
la arquitectura islámica característica de los Balcanes. (Por ejemplo, exigen
la remoción de tumbas en los jardines alrededor de las mezquitas, una práctica
muy antigua en la región). En muchos casos, estos países financian la construcción
de nuevas mezquitas en nuevos lotes, pero en casos en que deciden restaurar
mezquitas antiguas, esto usualmente resulta en la completa destrucción de la
estructura original. Muchos de los clérigos de estas últimas mezquitas aceptarán
los dadivosos fondos, a cambio de la perdida de la naturaleza histórica de su
mezquita pues establecer la importancia de la religión islámica es una prioridad.
Este proceso de nuevas construcciones históricas y nuevos paisajes
resulta importante en países nuevos como estos. Las prioridades de sus poblaciones
no se refieren a la imagen que puedan presentar al turismo extranjero, pero
más bien la imagen que ellos quieren tener en países donde el patrimonio histórico
es en su mayoría edificios religiosos, y donde además la religión tiene una
nueva dimensión después de cinco décadas de socialismo (y ateismo oficial).
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