Museos de la Infancia - Enfocados hacia el Aprendizaje.
El Caso del Canadian Chilldren's Museum de Québec, Canadá
II CONGRESO VIRTUAL DE TURISMO.
PONENTE: ALAN F. CARRASCO DÁVILA
EJE TEMÁTICO: MUSEOS Y SUS PROPUESTAS CULTURALES PARA EL TURISMO.
De todos es conocido que lo que se espera de los museos es que
difundan una determinada interpretación cultural, de un determinado
contenido. El patrimonio resulta esencial e imprescindible para
conocer la realidad evolutiva de la Humanidad. El desarrollo de
los museos locales y regionales de carácter principalmente etnológico,
histórico e industrial efectuado en los últimos años, con atención
preeminente a la animación participativa y comprometida del público,
trajo consigo el despertar colectivo sobre la realidad patrimonial
de los pueblos.
Los Museos de la Infancia son centros que facilitan y promueven
el aprendizaje permanente. Están enfocados hacia el cliente, no
se centran en un tema o en una colección en particular y colocan
al visitante en el centro focal de todas sus actividades, preocupándose
de que todas las exposiciones y los programas estén diseñados para
despertar el interés de los niños y de sus familias según la edad,
el estilo de aprendizaje y los gustos individuales de cada uno.
Los Museos de la Infancia, por definición, están orientados hacia
las distintas edades de los visitantes –desde los pequeñines
hasta los padres de mayor edad– para favorecer su fidelización,
un nivel de satisfacción elevado entre los visitantes y fomentar
en ellos un interés permanente por los museos.
Desde su inauguración en 1989, el Museo Canadiense de la Infancia
ha trabajado para incrementar la conciencia multicultural de los
niños y su capacidad de comprensión, mediante un enfoque táctil
e interactivo diseñado para promover los procesos de aprendizaje.
Más de tres millones de visitantes han ampliado sus experiencias
culturales disfrutando de un entorno estimulante en el que conocer
mejor el mundo mediante la participación en los diversos programas
y exposiciones temáticas del museo.
Cada año se organizan más de 1500 talleres, actividades preescolares
para padres e hijos, programas escolares y eventos especiales. Además,
durante todo el año se ofrecen programas familiares, que atienden
a las necesidades educativas de un amplio abanico de familias que
residen en la región.
En particular, los Museos de la Infancia constituyen un entorno
sano y estimulante para niños en edad preescolar, y pueden contribuir
a encauzar su desarrollo social y emocional. Howard Gardner, profesor
de la Universidad de Harvard y autor de varios libros sobre los
estilos de aprendizaje, considera que los Museos de la Infancia
son una institución importante para el aprendizaje temprano. Los
Museos de la Infancia no sólo proporcionan una alternativa interesante
y sana a la televisión, a los centros comunitarios y a las guarderías,
sino que, además, son una herramienta estimulante de aprendizaje,
que puede ser aprovechada por los responsables de los centros de
día y de los programas para la primera infancia. Hoy en día existe
una mayor demanda de actividades de calidad, pues hay muchas familias
en las que ambos padres trabajan, o familias de un solo padre, y
el tiempo libre es poco. Incluso para aquellos niños que se crían
en casa, los Museos de la Infancia pueden ser de ayuda para predisponerlos
al aprendizaje preparándolos para el entorno más formal de la educación
reglamentada.
El juego tiene un papel activo en el aprendizaje temprano, y los
Museos de la Infancia, con sus ricos espacios expositivos, posibilitan
la exploración multisensorial, la actividad física y la manipulación
de objetos. Una visita al museo, con sus padres o sus cuidadores,
ofrece al niño oportunidades de interacción con grupos pequeños
o con modelos de comportamiento importantes. Pero, sobre todo, los
niños pueden entrar en contacto con el mundo real, a la vez que
satisfacen su curiosidad y descubren cosas nuevas en un entorno
divertido y emocionante hecho a su medida, y lo suficientemente
recogido como para que se sientan cómodos en él. Las exposiciones
contextuales hacen que los niños empiecen a identificar y relacionar
objetos, o aprender secuencias de eventos y a compartir y colaborar
con otros niños y adultos. La simple repetición de determinadas
acciones y la consecución de objetivos fáciles resulta gratificante
para el niño.
El Museo Canadiense de la Infancia atiende a los niños en edad
preescolar de muchas formas distintas. Además de las visitas informales
a los espacios expositivos, donde los niños participan junto con
sus padres, hermanos y otros niños, y con la ayuda de animadores
voluntariosos, una vez a la semana hay una sesión más estructurada
de Tiempo Compartido. Este programa, dirigido a niños entre 3 y
5 años, y a los adultos que los acompañan, fomenta los juegos de
rol, las funciones motoras, la vida comunitaria y la interacción
con los vecinos de su barrio. Proporciona a los niños, criados en
casa, la oportunidad de interactuar con otros niños y con sus respectivos
padres en un entorno positivo, siendo ésta también una ocasión para
los padres de conocer a otros padres, y aprovechar los recursos
específicos del museo. Los temas de este programa de inmersión varían
regularmente para aquellos visitantes que deseen realizar varias
visitas a lo largo del mes.
El museo ofrece en alquiler, a los visitantes regulares y a los
miembros del museo, "Paquetes de Aventuras". Estos kits
de actividades pueden ser contratados por periodos de una hora.
Los temas son variados, con títulos tan atractivos como "¡En
marcha!", que se centra en los medios de transporte, o "Estallido
Animal", una forma algo especial de ver los animales a través
de unos cuentos. "Entrega Especial" incluye todos los
accesorios y materiales necesarios para conocer el funcionamiento
del correo y el papel del cartero. Este kit puede ser usado a lo
largo de todo el museo, aprovechando los buzones, las casas y los
edificios repartidos por todo el recinto. Las "Aventuras Salvajes"
proporcionan todos los accesorios y materiales, que serán usados
en el parque expositivo al aire libre, incluyendo una tienda de
campaña, muñecos y aparejos para la pesca. Cada kit proporciona
actividades, indicaciones de uso para los padres, y accesorios y
disfraces para el niño.
Para las guarderías y escuelas infantiles existen programas más
formales y hechos a medida, que ofrecen actividades multisensoriales
e incluyen juegos de rol, lenguaje, música, alimentos, manualidades
y movimiento. Estos programas destacan las estaciones y la vida
social en diferentes partes del mundo. Los educadores consideran
que este programa, de 45 minutos de duración, es ideal para fomentar
la interacción grupal, la conciencia y la confianza en uno mismo.
Para los niños en edad escolar, los Museos de la Infancia ofrecen
a los estudiantes unas experiencias multisensoriales que no están
disponibles en el colegio o en la comunidad. A diferencia de la
mayoría de los museos, que se centran en visitas guiadas, ejercicios
sobre papel, demostraciones y talleres, los Museos de la Infancia
sumergen al niño en las obras expuestas, brindándole la posibilidad
de participar, y no sólo de observar. Cada niño puede aprender según
su propio ritmo, ya que las exposiciones están diseñadas para fomentar
el desarrollo y el estilo de aprendizaje individual de los niños.
Lo que se enfatiza es el proceso de aprendizaje, no la acumulación
de nociones. Según van comprendiendo los conceptos ganan confianza,
toman el control sobre su entorno y, por libre elección, se concentran
en sus propias habilidades y capacidad. Las exposiciones son contextuales,
proporcionan un enfoque multidisciplinar a la materia estudiada
y una oportunidad para analizarla desde diversos puntos de vista.
Además son imaginativas y animan a los niños a explorar y descubrir,
usando objetos y materiales reales. Tienen varias entradas y salidas
posibles, amoldándose de esta forma a la tendencia natural del niño
hacia las selecciones aleatorias. Están diseñadas para crear un
entorno recogido que favorece la interacción en los grupos reducidos,
fomenta la comunicación eficaz y las actividades encauzadas hacia
un objetivo.
En caso de necesidad, los animadores dan sugerencias, indicaciones
sutiles y asistencia al niño. Sin embargo, nunca interfieren en
la exploración individual del niño ni le imponen sus propias áreas
de interés ni sus esquemas temporales. Los animadores estimulan
al niño para que sea creativo e independiente. También desempeñan
roles que contribuyen a sostener el sentido del relato expresado
por la exposición.
Los programas escolares para este grupo fomentan la actividad de
relatar historias, solucionar problemas, entornos que impliquen
la interacción del alumno con otros niños y con los adultos (preguntando
direcciones, tomando decisiones y comunicándoselas a los demás,
trabajando en equipo, compartiendo, colaborando, llevando a cabo
tareas), y desarrollando sus habilidades expresivas mediante la
comunicación oral, la lectura, el dibujo, relatando historias, etcétera.
Uno de los programas, "En Vivo desde la CNN", brinda
a los niños la posibilidad de usar cámaras reales y desempeñar el
papel de periodistas de la televisión, trabajando en grupo para
crear un vídeo de sus viajes por el Museo de la Infancia. Otro programa,
titulado "Intercambio de Profesiones" favorece el trabajo
en equipo pues los niños trabajan juntos, desempeñando las tareas
propias de los trabajadores de la Aldea Internacional. De esta forma,
adquieren una comprensión de la diversidad de la gente que vive
en la aldea, y la necesidad de colaborar y comunicar eficazmente.
Todos los grupos escolares en el museo son subdivididos en grupos
más pequeños, de 5 a 7 niños, para que quepan en las estancias más
recogidas de las exposiciones individuales. El tamaño más reducido
de estos grupos revierte en una mayor participación, mejor dinámica
de grupo, y un mayor interés por las exposiciones y el programa.
Los niños se sienten más cómodos en este entorno y a todos se les
asignan roles significativos que desempeñar. Todos tienen un papel
dinámico y participan en la actividad.
Programas específicos, para el niño individual en edad escolar,
que desee profundizar por su cuenta en sus conocimientos sobre un
tema concreto puede participar en una serie de talleres impartidos
a lo largo de un periodo de tiempo. La serie sobre arquitectura,
impartida los jueves por la tarde, por ejemplo, presenta el proceso
y las técnicas de diseño y planificación de un edificio, con la
ayuda de profesionales procedentes de la comunidad, y culmina con
la construcción de una maqueta, que posteriormente será expuesta.
Este tipo de programa atrae a niños con inquietudes específicas,
que desean información concreta sobre un tema o, simplemente, desean
conocer a otros niños de su misma edad y con aficiones similares,
o que estén interesado en el museo.
Igualmente, para niños individuales, de edades comprendidas entre
los 7 y los 12 años, hay campamentos de día, con duración de una
semana, sobre temas tan diversos como el circo o los dibujos animados.
Las Aventuras Nocturnas están diseñadas para grupos fuera del entorno
escolar. Estos programas exclusivos, que se desarrollan en el museo
después del cierre, incluyen actividades como manualidades, cocina
y juegos de rol con disfraces y accesorios. También está prevista
una estancia nocturna dentro del área de exposición. En algunos
casos cumple un objetivo educativo específico, como la consecución
de una insignia de boy-scout, o simplemente responde a la necesidad
de los jóvenes de relacionarse con gente de su edad y, a la vez,
de adquirir una mejor comprensión y mayor tolerancia con respecto
a las diferencias que existen entre las personas.
El Museo de la Infancia está diseñado para los adolescentes.
Los jóvenes pueden formar parte del Comité de Asesoramiento Juvenil.
Este grupo de jóvenes, que asesoran al personal del museo sobre
el desarrollo y la implantación de los programas y de las exposiciones,
se reúne a lo largo del año para ofrecer sus ideas, evaluar y ensayar
prototipos de exposiciones y valorar proyectos potenciales. El compromiso
de estos niños, de edades comprendidas entre los 8 y los 14 años,
tiene una duración de dos años; proceden de los distritos escolares
y comunidades de las dos provincias que lindan con el museo y actúan
de embajadores entre el museo y sus colegios. Además de las evidentes
ventajas educativas, proporcionadas por el conocimiento del contenido
de las exposiciones, los niños adquieren un mayor conocimiento de
los mecanismos de funcionamiento del museo. Y, más importante aún,
aprenden de otros sobre sus regiones, y desarrollan respeto y confianza
en sí mismos al ver que sus opiniones son tenidas en cuenta y sus
ideas escuchadas.
Después del colegio, los fines de semana y en verano, los adolescentes
de entre 12 y 17 años pueden actuar como voluntarios juveniles para
adquirir experiencia laboral, relacionarse con sus compañeros y
aprender más sobre los museos. Este grupo activo, formado por noventa
jóvenes, está especialmente entrenado para crear programas, animar
las exposiciones y trabajar con el público. A medida que crecen
y adquieren más experiencia, muchos de ellos pasan a ser voluntarios
adultos. Este grupo dinámico también constituye un modelo positivo
y muy valioso para los más jóvenes que visitan el museo o participan
en alguno de los programas.
Finalmente, los estudiantes de secundaria pueden obtener créditos
escolares e información de primera mano sobre el entorno de un museo
participando en nuestros programas de becas, por los que desarrollan
proyectos y encargos especiales o trabajan con el público. El tacto,
la gestión de un negocio, la capacidad técnica y el trabajo en equipo
son algunos de los objetivos de aprendizaje práctico que alcanzan.
En el Museo de la Infancia además se tiene en cuenta a los padres.
Las exposiciones y los programas están diseñados pensando también
en los adultos, pues las familias vienen y aprenden juntas. Para
acoplarnos a sus estilos de aprendizaje e intereses, utilizamos
técnicas interpretativas. Padres e hijos trabajan juntos en el espacio
expositivo; los padres más jóvenes adquieren una mejor comprensión
de la forma de aprender de sus hijos, o bien, aprovechando los rótulos
descriptivos, actúan como facilitadores del aprendizaje de sus hijos.
En este entorno de aprendizaje informal, padres e hijos están a
gusto y, sin prisa, se divierten y aprenden a la vez. Los padres
pueden tomarse un tiempo para disfrutar del museo, que les resulta
tan interesante como a sus hijos. Los educadores también confían
en su capacidad de alcanzar sus objetivos de aprendizaje, en un
museo multidisciplinar que estimula a los estudiantes sin necesidad
de recurrir a los métodos museísticos tradicionales
Con toda la actividad, el ruido y la diversión que tiene cabida
en el Museo de la Infancia, ¿es realmente posible aprender?
En 1994, en previsión de una ampliación del Museo de la Infancia,
se llevó a cabo una evaluación exhaustiva, que incluía encuestas,
cuestionarios, y grupos de control formados por padres e hijos o
profesores y niños. Un porcentaje de visitantes muy elevado calificó
el Museo Canadiense de la Infancia como una oportunidad para los
niños de aprender algo. El 79% de los encuestados hubieran deseado
ver más objetos que pudieran ser manipulados y, en la mayoría de
los casos, mencionaban juguetes, juegos y temas relacionados con
ellos. El 97% indicó que el museo estaba consiguiendo enviar a los
visitantes el mensaje general que pretendía dar.
Del grupo de control enfocado hacia el niño se desprendía claramente
que el Museo de la Infancia tenía un efecto tanto inmediato como
duradero en los pequeños visitantes. Cuando se les pedía una respuesta
instintiva, los niños eran capaces de nombrar cosas específicas
que habían aprendido en el museo. Si se les enseñaban fotos de exposiciones
o accesorios, recordaban las actividades que habían desarrollado
en esa parte del museo. Las exposiciones especiales y las actividades
participativas tenían un impacto especialmente significativo en
los niños. Algunos de ellos, que habían estado en el museo tiempo
atrás, recordaban exposiciones especiales que se habían realizado
más de 2 años antes.
Los padres pertenecientes al grupo de adultos confirmaban que sus
hijos habían aprendido algo, y que recordaban varias cosas de lo
que habían visto en sus visitas. Los efectos sobre los niños a largo
plazo después de una visita, salían a la luz en conversaciones,
en actividades de seguimiento y en relación con programas de televisión.
Un padre puso el ejemplo de su hijo, que reconoció la arquitectura
de una exposición china cuando, posteriormente, vio un documental
sobre dicho país.
De los profesores encuestados, el 95% dijo que en la visita del
museo sus alumnos habían aprendido algo, y el 92% afirmó que los
efectos de las visitas son tanto inmediatos como duraderos. Los
profesores afirmaron que las exposiciones especiales y las actividades
participativas tenían un efecto más duradero en los niños, corroborando
así los resultados obtenidos del grupo de control formado por niños.
La encuesta indicó, además, que el 42% de los visitantes adultos
y el 39% de los profesores deseaban recibir más información sobre
cómo interactuar con sus niños en una exposición, y el 39% de los
visitantes adultos y el 61% de los profesores deseaban ser informados
sobre las distintas formas en las que se podían usar las exposiciones.
Desde entonces, el museo ha sido ampliado y se han colocado rótulos
descriptivos, dirigidos a los jóvenes lectores y/o a los padres
para que se los lean. En el desarrollo de la exposición se ha adoptado
un enfoque más contextual.
Para demostrar de qué manera los Museos de la Infancia ofrecen
un potencial de aprendizaje, haré referencia a una exposición específica,
desarrollada por el Museo Canadiense de la Infancia, llamada "Siqiniq:
Bajo el mismo sol". Dicha exposición ha estado en el museo
y ahora está realizando una gira por diversos museos de Canadá y
Estados Unidos.
"Siqiniq: Bajo el mismo sol" es el ejemplo de una exposición
contextual que, para su enfoque, organización y técnicas interpretativas,
se centra en el usuario. Sus proporciones se basan en el niño pero
es igualmente cómoda para el adulto. Cada área está diseñada para
la interacción dentro de un grupo reducido, sin embargo, puede acoger
a una clase entera que puede ser subdividida en equipos que, a su
vez, pueden interactuar entre sí. La presentación del contenido
resulta idónea para una amplia gama de estilos de aprendizaje y
de intereses.
Ya que la historia de los Inuit está relatada desde la perspectiva
de una familia, las familias de los visitantes pueden identificarse
con las actividades y funciones sociales de ésta, a pesar de que
existen ciertas diferencias en las rutinas familiares de ambos entornos.
Los niños tienen la oportunidad de descubrir las diferencias culturales
y, a la vez, de entender la universalidad de muchos aspectos de
la vida familiar.
El sentido de circulación en la exposición es aleatorio, permitiendo
así una exploración sin entradas y salidas predeterminadas. La exposición
está diseñada para funcionar adecuadamente con o sin el personal
del museo.
Asimismo, está diseñada para atender a las necesidades de un público
de edades comprendidas entre los 5 y los 12 años, con actividades
de apoyo para cada edad. Estas actividades resultan atractivas para
una amplia gama de estilos de aprendizaje, según postula Howard
Gardner, que ha escrito mucho sobre este tema. Yo aporto ejemplos
de las técnicas interpretativas que apoyan dichos estilos de aprendizaje.
La inteligencia lingüística y lógica se fomenta en distintas áreas
de la exposición, como en un juego de estrategias llamado Iglook,
en el que los jugadores deben tomar decisiones sobre los medios
y la ruta a seguir para un viaje, el panel del diario de a bordo,
donde hay que ordenar unas postales según un mapa, el juego de la
comida, por el que se deben clasificar y organizar los distintos
tipos de alimentos, un periódico interactivo, y un juego informático,
que reta a los visitantes a aprender algunas palabras en Inuit y
a escribir su propio nombre en dicho idioma; y el álbum de recortes,
donde se pueden intercambiar opiniones con los niños Inuit. Estas
actividades resultan gratificantes para el visitante que ama la
lectura, las conversaciones, la organización y clasificación, o
cualquier actividad relacionada con las habilidades de tipo verbal
o matemático.
La inteligencia espacial y musical se enfatiza mediante una amplia
gama de juegos, como el ordenador o el televisor, que el visitante
pondrá en marcha para ver programas en inglés, francés o inuktitut,
y los estudios de artes creativas, donde los visitantes pueden tallar
esculturas, crear cuentos con fieltros o hacer una serigrafía. Estas
actividades resultan atractivas para el alumno al que le guste trabajar
con las formas, las conexiones geográficas o las producciones creativas.
La inteligencia interpersonal es el centro de aquellas áreas de
la exposición que fomentan las actividades sociales o los juegos
de rol imaginativos. El trineo motorizado, la cooperativa, la cocina
completa con utensilios reales, el libro de recetas y la carne de
foca, el área de los juegos y los juguetes, y la zona de la pesca
en el hielo son ejemplos de ello. En muchas de estas secciones es
necesario cooperar y dialogar. Esto le resulta atractivo a aquellos
niños que prefieren trabajar en grupos pequeños, o con otras personas,
en un contexto social.
El aprendizaje cinético es muy bueno en las zonas de juegos, de
pesca en el hielo y de gimnasia, además de aquellas en las que se
fomentan los juegos de rol. Las funciones motoras, finas y gruesas,
se ponen a prueba con este tipo de aprendizaje.
Finalmente, la inteligencia intrapersonal, reflexionando en silencio,
es fomentada en el interior del iglú, donde se pueden contar cuentos,
en la cooperativa, donde con una plantilla y cuños de tinta se puede
imprimir una imagen, y en la zona de lectura. Estas actividades
atraen al estudiante independiente e introvertido.
Esta maravillosa exposición fue lanzada con éxito en Canadá y en
otros Museos de la Infancia, a lo largo y ancho de Estados Unidos,
donde niños procedentes de entornos y regiones de lo más variado
tuvieron la posibilidad de interactuar y participar con sus amigos
Inuit, para descubrir algo más acerca de sus vecinos del norte.
La respuesta del público ha sido positiva y la experiencia parece
haber producido un efecto duradero en muchos de los visitantes.
Esta exposición, junto con otras y con sus correspondientes actividades,
demuestra que los Museos de la Infancia están enfocados hacia el
aprendizaje. Estos Museos pueden constituir un entorno práctico
que convierte el aprendizaje en algo dinámico y divertido, y no
sólo para los niños, sino para los visitantes de cualquier edad.
Los museos deben seguir buscando formas innovadoras para atraer
al público, para ampliar las posibilidades educativas de los centros
de enseñanza, y para que los museos sigan siendo adecuados y relevantes
para todos. Los Museos de la Infancia en particular tienen un futuro
brillante ante sí, pues se les reconoce la capacidad de atender
eficazmente a sus usuarios, y de constituir un nexo importante entre
las personas y las colecciones.
Agradecimiento al "Canadian Children´s Museum de Quebec. Canadá"
y a Dña. ELAINE MERCER, por la información e investigación para
el desarrollo de esta ponencia.
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