La salud y la estaciones: invierno

¿Cómo disfrutar del invierno y no enfermarse en el intento? En las épocas frías estamos más propensos a padecer enfermedades respiratorias, a aumentar de peso con notoriedad y a permanecer en un estado latente muy próximo a la depresión. Aquí compartimos siete claves para convertir el invierno en una estación para vivir a pleno.

1. La primera clave para mantenerse sano en invierno consiste en higienizarse las manos con mayor frecuencia que en las demás épocas del año. De esta manera, evitamos llevarnos virus, gérmenes y bacterias, compartirlos con las demás personas o recibirlos de ellas. Asimismo, la ventilación de los ambientes para renovar el aire que respiramos también favorece el mantenimiento de espacios saludables.

2. La segunda clave es estar preparado para los cambios radicales de temperatura. Solemos pasar varias horas en espacios climatizados, pero luego salimos a la calle y nos encontramos con temperaturas que en algunas ciudades suelen ser muy bajas.

 abrigo

En este sentido, debemos estar vestidos de manera que podamos quitarnos capas cuando sea necesario y abrigarnos cuando la temperatura lo requiera. Otra manera de reducir la diferencia entre ambos espacios es no abusar de la calefacción, teniendo siempre presente que los ambientes deben contar con una rendija abierta para garantizar la ventilación del ambiente.

3. Nuestra tercera clave es el uso de cremas especiales para combatir los efectos de las bajas temperaturas sobre la piel. Estas deben contener al menos, vitaminas C y E, con lo que garantizaremos hidratación, nutrición y protección.

El efecto del frío sobre la piel se conoce como vasoconstricción. Lucimos pálidos porque los capilares se contraen reduciendo la irrigación sanguínea. Esto provoca una disminución de oxígeno y de nutrientes para las células, con lo que éstas demoran más en reemplazarse.

La consecuencia es una piel con acumulación de células muertas, de textura opaca, grisácea y sensible, porque la secreción sebácea no puede lubricar la epidermis, puesto que no llega a la superficie. Aplicándonos cantidades suficientes de cremas ricas en vitaminas C y E lograremos contrarrestar los efectos del frío sobre nuestra piel.

4. La cuarta clave es la incorporación de frutos secos a la dieta alimenticia para cubrir las necesidades calóricas del organismo durante el invierno, sin desatender el peso corporal adecuado para nuestra contextura.

Tanto los frutos naturalmente deshidratados con cáscara dura, como los resultantes del proceso industrial que reduce su contenido en agua, presentan un alto contenido en potasio, propiedades antiinflamatorias y antioxidantes.

Asimismo, colaboran en la disminución de la presión arterial y del colesterol malo. El consumo de un puñado diario nos garantizará una buena concentración de calorías, nutrientes, proteínas vegetales y fibra.

frutos secos

5. La quinta clave consiste en incorporar al ginseng y a la jalea real a nuestra dieta diaria. La planta tan valorada en Oriente tiene propiedades tonificantes y revitalizantes, reduce el colesterol malo, contrarresta el agotamiento físico y psíquico, y favorece que el nivel de azúcar en sangre disminuya.

Por su parte, la jalea real, sustancia viscosa, amarillenta y de delicado sabor ácido, alimento exclusivo de la abeja reina y de las larvas, tiene numerosas propiedades beneficiosas para disfrutar del invierno en forma saludable.

Además de incrementar la resistencia al frío y a la fatiga, aumenta la hidratación y la elasticidad de la piel, provoca la estimulación del sistema inmunitario y mejora el estado de ánimo.

jalea real6. La sexta clave consiste en mantener los vínculos sociales, pese a la hostilidad del clima y la reducción de la cantidad de horas de luz solar. Compartir cenas con amigos, programar salidas a espacios cerrados u organizar actividades colectivas en clubes o salones va a impactar favorablemente en nuestro estado de ánimo.

7. Por el mismo motivo, es imprescindible continuar con la actividad física adaptándola al clima invernal, nuestra séptima clave. Espacios cubiertos y bien ventilados pueden albergar actividades que en otras épocas del año realizamos al aire libre.

Por el contrario, podemos incorporar actividades que se realizan en interiores como natación, gimnasia o patín.

La salud y las estaciones: otoño

Frecuentemente asociamos el otoño con los resfríos, el malestar corporal, la baja de energía vital. En esta etapa del año necesitamos ajustar algunos hábitos para mejorar nuestra calidad de vida y disfrutar de esta estación tanto como de las demás.

otoño

Una de las estrategias para prevenir resfríos es incrementar la frecuencia de la higiene de nuestras manos. Agua y jabón, o alcohol en gel, según la disponibilidad y el lugar donde nos encontremos, son elementos simples que nos ayudarán a eliminar gérmenes y evitar contagios.

Por lo mismo, la permanencia en lugares cerrados o carentes de una buena ventilación, donde el aire no se renueva, resultan caldos de cultivo para la proliferación de enfermedades. Es necesario mantener una rendija constantemente abierta que permita el ingreso de oxígeno al ambiente.

Uno de los desafíos del otoño es el vestuario. Tras meses de cubrirnos con ropa muy liviana, este período del año nos pide vestirnos siguiendo la estrategia de la cebolla, utilizando varias capas de prendas de vestir.

De esta manera, iremos ajustando nuestra temperatura corporal a los ambientes o espacios que vayamos transitando. Si contamos con dos o tres prendas superpuestas, podremos fácilmente quitarnos una a una, de acuerdo con el nivel de calefacción reinante en cada sitio en el que permanezcamos.

El aumento del consumo de frutas ricas en vitamina C es el puntapié inicial para prepararnos a vivir un buen otoño. Este nutriente favorece la absorción de hierro y otras vitaminas, opera como antioxidante, previene la aparición de enfermedades degenerativas y cardíacas, y refuerza el sistema inmunológico del organismo.

Asimismo, colabora con el desarrollo de una piel más suave, promoviendo la producción de colágeno y favoreciendo la unión de las células, y disuelve las grasas acumuladas en el organismo porque acelera el metabolismo. Naranjas, limones, kiwis, pomelos, mandarinas y limas pueden consumirse directamente, en jugos o incorporarse en ensaladas, platos principales o postres.

cítricos

Varios productos naturales nos permitirán aliviar dolencias propias del otoño. Infusiones a base de hierbas de té, miel y jengibre tienen la propiedad de reducir molestias localizadas en la garganta.

El té verde se ha popularizado por las diversas propiedades que contiene. Su alta composición en catequinas e isoflavinas lo convierte en un gran antioxidante que mejora la circulación y previene el endurecimiento de las paredes de las arterias. También se ha comprobado que la ingesta de té verde favorece la pérdida de peso corporal porque reduce la acumulación de grasa en el hígado.

La presencia de cafeína hace de esta infusión un aliado para la concentración y el trabajo intelectual. Otros beneficios incluyen la prevención de caries, el cuidado de las encías, y las propiedades antiinflamatorias que actúan en casos de enfermedades dermatológicas.

té verde

¿Cómo consumir té verde? En infusión, en polvo, en cápsulas o en aceite esencial. La primera opción es la más popularizada, pero resulta también muy simple incorporar esta hierba en su presentación en polvo, en numerosas recetas. La versión en cápsulas está destinada a cubrir objetivos terapéuticos puntuales. Finalmente, el aceite esencial permite aprovechar sus propiedades cosmetológicas.

Otra estrategia natural para aliviar las molestias respiratorias propias del cambio de estación es el empleo de vapor de agua para tratar las secreciones. Lejos de las antiguas formas de preparación que incluían el uso de palanganas, toallas y eternos minutos de padecimiento en una sauna concentrada, actualmente podemos optar por simplificar esta práctica terapéutica.

Cualquier recipiente con agua que pueda llevarse al fuego directo hasta romper el hervor, y luego retirarse, genera vapor suficiente para realizar breves respiraciones profundas que lo hagan circular a través de nuestras vías respiratorias. Por lo mismo, se puede utilizar la pava eléctrica, una vez que el agua haya hervido y la hayamos apagado.

Inicialmente, la distancia entre el rostro y el vapor debe ser amplia, pero con el entibiado del agua, podemos acercarnos para aprovechar las emanaciones. Además de deshacernos de las secreciones, le regalaremos a nuestro cutis una suavidad y tersura que pocas cremas pueden conseguir.

La salud y las estaciones: verano

El sol se acerca a nosotros. Los días son largos y la intensidad del calor nos pide que nos involucremos en actividades relacionadas con el agua. La ropa que usamos tiene que estar precisamente adaptada a las altas temperaturas que se viven en la mayoría de las ciudades.

En el caso de los alimentos, siempre es preferible seguir de cerca combinaciones y cantidades, para evitar malestares estomacales que pueden repercutir en el funcionamiento de todo el organismo.

sol

Todas las actividades que tienen lugar en el agua poseen un lugar privilegiado durante el verano. Desde la natación, pasando por el acqua gym, hasta el surf y el esquí acuático, el medio líquido tiene invitaciones para todos.

Sin embargo, la natación se destaca porque está ampliamente aconsejada para todas las edades. En principio, permite corregir diversos tipos de desviaciones de la columna vertebral, así como aliviar dolores derivados de padecimientos como artritis, artrosis y obesidad, y mejorar la postura.

El movimiento corporal en el agua favorece al sistema circulatorio y regula la actividad cardíaca. Asimismo, nos descubrimos con una flexibilidad mayor; muchos de los movimientos que podemos desarrollar dentro de una piscina, nos costarían mucho más esfuerzo fuera del agua. Finalmente, la temperatura del medio acuoso favorece la relajación de los músculos.

nataciónPor otra parte, el algodón es el protagonista de los armarios en verano. Es un tipo de fibra muy preciada por su suavidad, versatilidad y ligereza. Estas cualidades convergen en la comodidad que experimentamos al vestirnos con telas de este tipo.

En verano, nuestros cuerpos necesitan que el aire circule entre la ropa y la piel, pero además, queremos que el sudor se absorba. Más allá de ofrecernos comodidad, este tejido favorece el buen funcionamiento de las glándulas sudoríparas permitiendo la liberación del sudor, pero también brindándonos la solución para la humedad que produce nuestro organismo y deja huellas en la ropa.

algodon

Todo esto lo consigue el algodón: absorbe el sudor para luego liberarlo en la superficie del tejido. Así, se convierte en nuestro mejor aliado a la hora en que la ciudad arde en verano. Ampliando nuestro vestuario en telas de algodón, vamos a sentirnos más livianos, frescos y cómodos.

No menos importante es el calzado. El aumento de sudoración y el efecto del calor en el cuerpo, generalmente provocan hinchazón, por lo que un calzado cómodo, abierto y flexible nos va a ayudar a movernos con mayor comodidad.

Sandalias, ojotas, alpargatas y calzado deportivo liviano son los más recomendados. Y siempre que sea posible, disfrutar del contacto directo de los pies descalzos con el pasto, la tierra o el agua. Además de liberar las tensiones nerviosas que se concentran en la planta de los pies, fortaleceremos las piernas y mejoraremos la circulación en nuestro organismo.

 ojotas

Al momento de sentarse a comer, el verano exige mucha ingesta de líquidos, poco consumo de alimentos con alto contenido graso y mucha abundancia de frutas y verduras de estación. La correcta hidratación favorece el buen funcionamiento de las células, permite que los nutrientes lleguen a destino, lubrica las articulaciones y equilibra la temperatura corporal.

En verano, no es necesario esperar a tener sed para ingerir líquidos. El calor provoca sudoración y esta pérdida de líquidos puede tener consecuencias más graves como la pérdida de resistencia y el incremento del ritmo cardíaco.

Agua natural, jugos de frutas e infusiones con bajo contenido en azúcar son las más recomendadas. Además de hidratarnos, las frutas jugosas nos proporcionan minerales como el potasio y el magnesio, que se pierden durante la sudoración.

jugo

Como un efecto dominó, el aumento del consumo de frutas y verduras, reduce por consecuencia, la ingesta de carnes y alimentos grasos. Esta receta es la mejor manera de reducir peso durante el verano. La diversidad y abundancia de frutas y verduras las convierten en el ingrediente principal de almuerzos y cenas estivales.

Disfrutar del verano es un desafío al alcance de la mano. Cuidando nuestra vestimenta, haciendo actividades acordes a la temperatura ambiente y manteniendo una dieta sana y una hidratación completa, conseguiremos aprovechar lo mejor de esta estación.

 

 

 

 

 

La salud y las estaciones: primavera

El cambio de estación está acompañado de pequeñas grandes modificaciones en nuestra vida. El aumento de la cantidad de horas de luz y el tenue incremento en la temperatura ambiente nos llevan a revisar el armario y volver a prestar atención a las texturas, los colores y los diseños en función de las sensaciones corporales.

Además, al planear el menú, nos vamos ajustando a los alimentos de estación disponibles y a las calorías que demanda nuestra cotidianeidad. Como si fuera poco, las actividades recreativas o deportivas también encuentran otros espacios donde llevarse a cabo. ¿Cómo aprovechar estos cambios para mejorar nuestra calidad de vida y aumentar el nivel de nuestra salud?

Llegó la primavera. Los pesados abrigos van dejando espacio a las chaquetas livianas, las camperas de media estación y los saquitos de hilo. Los gruesos pantalones van quedando acumulados en la parte posterior del armario.

Colores más vivos, diseños floreados, estampados divertidos se combinan con camisas, remeras de algodón y hasta con alguna prenda sin mangas. Los zapatos tienden a reducir su tamaño, con lo que los pies comienzan a sentir un poco más de liberación. Se asoman sandalias, zapatos que dejan ver tobillos y calzados deportivos de tela.

Estos cambios de vestimenta nos hacen tomar mayor conciencia de nuestro cuerpo. Al llevar menos capas de ropa, las formas propias se lucen más. Y entonces, nos disponemos a revisar el menú.

Guisos desbordantes de hidratos de carbono van dejando lugar a las ensaladas de las más variadas combinaciones. La primavera nos ofrece acelga, alcachofas, apio, calabaza, col de Bruselas, colifor, espárragos, espinacas, endivias, habas, chauchas o judías verdes, nabos, puerros, remolacha y repollo. Todas estas hortalizas son altamente nutritivas. Son ricas en potasio y sodio, por lo que ayudan a disminuir la retención de líquidos.

hortalizas primavera

De esta manera, se previene la hipertensión, y se reduce la hinchazón del vientre y de las extremidades inferiores. Por lo mismo, la ausencia de grasas y la diminuta cantidad de calorías presente en las hortalizas, favorecen la pérdida de peso corporal y colaboran en la prevención de la obesidad.

La gran proporción de fibras también colabora con la regularización del tránsito intestinal. Como consecuencia, aportamos nutrientes y reducimos riesgos de enfermedades. Menos colesterol, mejor calidad de vida.

Entre los minerales que aportan las hortalizas se destacan el hierro, zinc, potasio, fósforo, calcio y magnesio: todos esenciales para que nuestro organismo funcione correctamente. Junto con la pérdida de peso y la prevención de enfermedades, podemos fortalecer nuestras defensas y mejorar el funcionamiento de nuestro sistema nervioso con la ingesta de hortalizas y verduras ricas en vitamina A, B y C.

Finalmente, las extensas actividades al aire libre irrumpen en nuestra vida, para quedarse. El aumento de las horas de sol y el tenue incremento de la temperatura ambiente invitan a disfrutar más tiempo lejos del cemento urbano. Plazas, parques, recreos, clubes y paseos comienzan a hacerse más habituales, ampliando los breves momentos que solía permitir el invierno, para programar salidas más extensas.

Además del sentido recreativo, las actividades al aire libre se multiplican en primavera. Andar en bicicleta, salir a trotar, y hasta ejercitarse en patines o en patineta, en esta estación, tiene el beneficio de que el cuerpo no se expone a amplias diferencias de temperatura.

Unos meses atrás, al terminar la actividad física, el cuerpo se exponía a una baja de temperatura muy rápida por acción de las condiciones ambientales. Por el contrario, en primavera, el termómetro corporal supera por poco la sensación térmica, previniendo cambios bruscos de temperatura.

andar-en-bicicleta

Por todo esto, la llegada de la primavera es un regalo de la Naturaleza que podemos aprovechar para mejorar nuestra calidad de vida, vistiéndonos con ropas más ligeras, alimentándonos más sanamente, e incrementando el tiempo que pasamos al aire libre.

De este modo, incorporando hábitos más saludables le daremos un lugar preponderante a nuestra calidad de vida y mantendremos nuestro cuerpo vital, con energía y en buen estado físico.

 

La primavera llegó. ¡Podemos dejarla pasar o aprovecharla al máximo!

 

 

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