COMUNIDAD AFROECUATORIANA DE CONCEPCIÓN
- Un proceso de Cambio Cultural
[1]
Ant. Henry Medina Vallejo
Consultores Independientes
Quito- Ecuador
henrymedina@andinanet.net
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INTRODUCCIÓN
Uno de los hechos sociales que al momento constituyen asunto de
interés académico y ha motivado la realización de estudios antropológicos
y sociológicos es, sin duda, el relativo a las transformaciones
de diferente grado y tipo que en las últimas décadas se han producido
al interior de grupos étnicos y comunidades campesinas, consideradas
desde hace mucho como tradicionales.
La comunidad negra que habita en la Cuenca del Río Chota
Mira y en particular en La Concepción, en la provincia del Carchi
(Ecuador)- no constituye una excepción en lo relativo a transformaciones
de índole sociocultural que han sucedido, en su interior, a través
de siglos de historia: el proceso, en sus orígenes, se remonta al
período colonial, época en que los primeros esclavos arriban a las
haciendas de la Compañía de Jesús y a varias estancias de particulares
para ser utilizados como fuerza de trabajo en tareas predominantemente
agrícolas.
Lograr una aproximación histórica y analíticodescriptiva
al proceso de cambio cultural que se ha operado en la Comunidad
Negra asentada en esta parroquia norteña constituye el objetivo
más general de este estudio que enfatiza en las transformaciones
socioculturales más evidentes en las tres últimas décadas.
El proceso vivido por los concepcionenses, desde la época de la
esclavitud hasta nuestros días, constituye una muestra
representativa de una realidad mayor que, con sus insoslayables
particularidades, concierne a toda la población negra del Valle
del Chota y Cuenca del Mira, una realidad dependiente de procesos
nacionales que, como en el caso de la Reforma Agraria, han incidido
poderosamente en los derroteros de la transformación.
1. UNA HISTORIA DE HACIENDAS Y
ESCLAVOS
La presencia negra en la actual jurisdicción de la parroquia Concepción
se remonta al siglo XVII, época en que los jesuitas propietarios
de 8 haciendas cañeras en el valle del ChotaMira y estancieros
y hacendados particulares deciden buscar alternativas para activar
su producción ante la progresiva disminución de la población indígena.
Los rigores del trabajo en las plantaciones de
vid, olivos, algodón y caña de azúcar, los malos tratos, la resistencia
india, presiones por la tierra y el agua, y el clima malsano del
Valle del Coangue (el Valle de Sangre) determinaron
una fuerte caída de la población local que llevó a estancieros y
hacendados (laicos y jesuitas) a decidirse por la introducción de
esclavos negros de origen africano.
En el valle del Chota Mira los jesuitas recurrieron al trabajo
indio para la conformación de sus primeras haciendas, en un segundo
momento compraron esclavos y luego, hábilmente, combinaron los dos
tipos de trabajo.
En la actual jurisdicción de la parroquia Concepción se encontraban
en tiempos coloniales siglos XVII y XVIII 3 haciendas
jesuitas: La Concepción, Chamanal y Santa Lucía. Estas, conjuntamente
con Pisquer y Huaquer, correspondían a la zona de Mira y su jurisdicción,
y estaban adscritas a la Villa de San Miguel de Ibarra. Entre las
haciendas cañeras de las tierras bajas del Mira, La Concepción fue
la más importante durante este período; ésta era la más productiva,
manteniendo la mayor extensión de tierras sembradas.
En el Ecuador, la esclavitud como institución legal fue abolida
por la Quinta Constitución, promulgada en 1854 durante la presidencia
del General José María Urbina. Sin embargo, sólo unos 10 años más
tarde todos los esclavos habían accedido a la libertad y sus amos
a la consiguiente compensación.
[2]
Abolida la esclavitud, los negros de la Cuenca del Mira cayeron
víctimas de nuevas formas de servidumbre, similares a las que se
implementaron para someter a la población india: Después de recibir
su compensación, los patronos emplearon a sus antiguos esclavos
por salarios de miseria, y así, estos últimos, se vieron lentamente
envueltos en deudas impagables que inclusive se transmitían de generación
a generación. [3] . Los peones negros vivieron en las haciendas
como huasipungueros [4] hasta la puesta en práctica del
proceso de Reforma Agraria, ley promulgada, en su primera versión,
en 1964. La desaparición de la esclavitud como institución significó
el inicio de un proceso de campesinización que marcaría definitivamente
otros derroteros en la vida social, económica y cultural de la población
negra.
2. CONCEPCIÓN: Siglo XX
2.1. La disolución de la Hacienda Tradicional
Controvertidas en sus contenidos y alcances, las Leyes de Reforma
Agraria tuvieron como objetivo central posibilitar una modernización
de la agricultura, eliminado las formas precarias de trabajo y permitiendo
un mayor desarrollo del capitalismo en el país a partir de la producción
de insumos industriales y la ampliación del mercado interno. Estos
tenían que pasar por la desaparición de la hacienda tradicional,
el fortalecimiento de las empresas agrarias y la ampliación del
trabajo asalariado. [5]
De acuerdo a datos del Instituto Ecuatoriano de Reforma Agraria
y Colonización IERAC-, por concepto de Liquidación de Huasipungos
se entregaron en la parroquia Concepción, desde 1965 hasta 1968,
191.9 hectáreas a un total de 158 beneficiarios. El promedio general
de superficie de las tierras adjudicadas a los ex-huasipungueros
de las haciendas La Concepción, Santa Ana, La Loma y Chamanal no
alcanza a las 2 hectáreas, extensión muy reducida para satisfacer
las necesidades de supervivencia de las unidades familiares.
El valor de la tierra, especialmente en zonas de pie de monte,
se multiplicó enormemente, y a pesar de que la dotación de una parcela
significó un alivio para la precaria economía de las familias de
ex -huasipungueros, ésta resultó insuficiente para la subsistencia
familiar y para dar empleo a todos sus miembros. En treinta y cuatro
años ya prácticamente no hay tierra que repartir y las fincas no
tienen capacidad para absorber la mano de obra.
La Concepción, parroquia del cantón Mira (provincia del Carchi),
se encuentra ubicada en la cuenca del río del mismo nombre, a una
altitud de 1.475 m.sn.m. En esta parroquia, habitada en su gran
mayoría por población negra, viven alrededor de 4.285 habitantes,
de los cuales 2.231 (52.1%) son hombres y 2.054 son mujeres (47.9%) [6] ,.
Actualmente, la mayoría de la población se dedica a actividades
agrícolas en parcelas cuya extensión es reducida. La ganadería no
existe como actividad económicoproductiva de subsistencia:
algunas familias poseen bueyes para arar las tierras de cultivo
y unas cuantas vacas para cría, así como también caballos, mulares,
o asnos para la movilización y apoyo de las faenas agrícolas. Varias
personas tienen cabras, cerdos y aves de corral, animales dedicados
al consumo doméstico, y eventualmente, a la comercialización en
el lugar.
2.2. Tradición y Modernidad en Concepción
En gran medida, en la zona de Concepción, como en el resto de la
Cuenca del Mira, la forma y condiciones de existencia de la población
negra estuvieron determinadas en su desarrollo o al menos,
fuertemente condicionadas- por la existencia de la estructura piramidal
de poder característica de la hacienda, lo cual no posibilitaba
autonomía en múltiples aspectos de orden económico, político, social
y limitaba considerablemente las posibilidades de cambio. A esto
se podía agregar la escasa vinculación e interrelación poblacional
existente con respecto a los centros urbanos más próximos y el desinterés
estatal por apoyar efectivamente a estos grupos campesinos en sus
reivindicaciones y necesidades sociales básicas.
La precaria economía de la población, consecuencia directa de su
condición de fuerza de trabajo explotada y sometida al poder hacendatario,
y su reducida vinculación o articulación a la dinámica de la sociedad
nacional, constituyeron importantes factores para la conservación
por mucho tiempo de tradiciones culturales que tiene que ver con
formas y sistemas productivos, estructuras familiares, relaciones
intra e intergrupales, hábitos de alimentación, vivienda, vestido,
recreación, religiosidad y festividades, usos lingüísticos, etc.
Esta permanencia cultural relativa, por cierto,
pues a través del tiempo fueron produciéndose transformaciones,
resultó alterada significativamente con la disolución de la hacienda
tradicional y la nueva condición de propietarios de la mayoría de
los campesinos, a partir de una posterior y notoria acción del Estado
especialmente como ente generador de servicios sociales
y una gran integración a los circuitos de mercado tanto comercial
como laboral.
En tiempos de la gran propiedad, los exiguos ingresos económicos
de los huasipungueros únicamente permitían una dieta alimenticia
basada en producción obtenida de sus pequeñas parcelas, el trueque,
y algún producto que esporádicamente se podía comprar en la zona
o, muy eventualmente, en la ciudad de Ibarra.
Las chozas de bahareque, y las de paredes de mano (hechas
en base de barro, sin carrizo
[7] ), fueron las viviendas características de los huasipungueros,
e inclusive de algunos pequeños propietarios; en ella no había lugar
sino para un equipamiento mínimo, fabricado generalmente por los
usuarios a partir de materiales de la zona. En aquellos años, los
poblados negros constituían conglomerados desordenados de chozas
ubicadas en el perímetro de la hacienda, no disponía de agua entubada
peor potable -, tampoco de energía u otros servicios básicos,
en algunos caseríos existían escuelas unidocentes funcionando en
precarias condiciones, y sólo se podían acceder a ellos a través
de caminos de tercer orden o utilizando el ferrocarril Ibarra -
San Lorenzo.
El vestuario era bastante pobre y aquí prácticamente no existía
lugar para la moda; la recreación de los adultos se limitaba a las
reuniones sociales entre amigos y familiares, ingerir licor y jugar
naipes, cantar y/o bailar al ritmo de la música tradicional en las
fiestas familiares y de los caseríos. El porcentaje de analfabetismo
alcanzaba índices muy elevados y sólo unos pocos pobladores habían
logrado terminar la educación primaria.
Para las tareas agrícolas, en las cuales participaban también las
mujeres y, en ocasiones, los niños, se empleaba únicamente la energía
humana, herramientas como palas y zapapicos, y los bueyes para el
arado. No existía mecanización alguna y tampoco se utilizaba abonos
químicos, fungicidas o insecticidas de ninguna clase.
La producción en el huasipungo se orientaba fundamentalmente al
autoconsumo de la unidad doméstica, generando escasos excedentes
que podían destinarse a la comercialización o al intercambio: en
estas circunstancias los contactos con los centros urbanos estaban
limitados a eventuales ventas de pequeñas cantidades de ciertos
productos (frutas y tubérculos, básicamente) en las ferias semanales,
y a salidas para efectuar diligencias que requerían
de la presencia de los trabajadores en la ciudad.
En la hacienda, las mujeres de los huasipungueros participaban
activamente en las tareas del trapiche como empapeladoras,
es decir envolviendo en hojas de plátano los atados de panela que
iban a ser vendidos fuera de la gran propiedad; algunas eran destinadas
al servicio doméstico en la casa de la hacienda y a veces en la
residencia del patrón en la ciudad. En el campo hacían las labores
de deshierbe y el denominado pateo o sea circular vigilando
los campos de la hacienda: estaban sometidas, igual que los hombres,
a las tareas asignadas y a un salario similar. Los niños varones
eran articulados al trabajo a partir de los trece años de edad y
ganaban un salario mínimo: se ocupaban en arrear carreteras, en
hacer montones de caña cortada destinada a la molienda. Después
de tres o cuatro años de este aprendizaje pasaban a la categoría
de peones, incorporándose a las labores de cualquier trabajador.
[8]
Las fiestas más importantes de los caseríos negros se celebraban
en honor al santo patrono y a la Virgen: en esas ocasiones la población
participaba en actos religiosos (misas, novenarios) con mucho fervor.
La fiesta del pueblo constituía, a la vez, una buena oportunidad
para divertirse bailando al son de melodías interpretadas por bandas
musicales contratadas en pueblos de blanco mestizos y por
los conjuntos de bomba [9] , y también para reforzar lazos
de amistad y parentesco. El fervor religioso, significativo en la
mayoría de la población, se manifestaba particularmente en las
celebraciones de Semana Santa, Cuaresma, Día de Difuntos y Navidad.
Por aquellos tiempos, las fiestas familiares se limitaban a ciertas
ocasiones muy especiales (v, gr, matrimonios, bautizos): aquí, después
del rito religioso, se festejaba con comida, aguardiente, música
y bailes tradicionales. Prácticamente no se conocían las fiestas
por cumpleaños u otros motivos distintos a los ya señalados.
Con relación a las unidades domésticas puede decirse que aunque
existían ciertas tendencias a la formación de familias nucleares,
la modalidad familia ampliada tenía mayor presencia. La formalización
de los lazos conyugales, a través de la ley civil y/o el matrimonio
eclesiástico, siempre tuvo mucha importancia para el negro norteño,
a pesar de las inevitables excepciones. En este sentido, la unión
libre nunca fue bien vista por el conglomerado social; de
igual manera, la procreación de hijos al margen del matrimonio (hijos
naturales) y el abandono del hogar por parte de hombres casados.
Las posibilidades de establecer relaciones afectivas entre el hombre
y la mujer estaban bastantes restringidas debido a un gran control
de parte de los padres hacia las hijas, lo cual impedía una comunicación
libre y espontánea.
Las normas de la Iglesia Católica con relación a la planificación
familiar (condena al uso de métodos artificiales de contracepción,
específicamente) eran aceptadas prácticamente por la totalidad de
parejas muchas de ellas procrearon una numerosa prole, a la cual
resultaba muy difícil mantener.
En la transmisión de conocimientos e inculcación de valores y comportamientos
sociales a niños y adolescentes el peso de una tradición de siglos,
en la cual el papel de los padres y abuelos fue preponderante, se
constituyó en decisiva para la conformación de la personalidad de
los individuos y en particular para quienes no llegaron a experimentar
las influencias de la educación escolarizada. Todavía la cultura
oral manifestaba una fuerte presencia con relación al proceso endoculturativo
vigente en la zona.
Por otra parte, las perspectivas sociales con relación a una futura
forma de vida se reducían a las limitadas posibilidades ofrecidas
por las haciendas y caseríos: para la gran mayoría de jóvenes no
se presentaban otras alternativas viables que las de asumir el mismo
modus vivendi de sus progenitores, familiares y coterráneos como
trabajadores de hacienda-, o emigrar a las ciudades en busca de
trabajo.
Las precarias condiciones de vida de los huasipungueros estimularon
la pervivencia de la reciprocidad y ayuda mutua, como eficaces y
necesarios mecanismos orientados a resolver los problemas, necesidades
y limitaciones planteadas por una dura cotidianidad: esto fue particularmente
desarrollado al interior de los grupos de parentesco sanguíneo y
ritual.
A primera vista, y de manera superficial, bien
podría pensarse que en la Concepción de hoy, y sus caseríos, nada
o casi nada queda de lo que antaño vale decir hace unas 3
o 4 décadas- constituyeron elementos y manifestaciones culturales
propias y diferenciadas del pueblo negro que por siglos laboró en
las grandes haciendas cañeras y agrícolas de la zona. Por ejemplo:
las típicas chozas de bahareque y paja de caña o de paredes
de mano han desaparecido, para dar paso a construcciones muy
similares sino idénticas- a las observadas en otras zonas
rurales de la sierra norte; el tradicional vestido de la mujer negra(pollera,
blusas de colores vistosos, pañuelos de cabeza, collares de cuentas,
pañolón para los días fríos) ha quedado relegado al uso de unas
pocas mujeres de edad avanzada, y la gran mayoría de hombres y
mujeres de edad avanzada, y la gran mayoría de hombres y mujeres
jóvenes, especialmente- visten ropas similares a las que usan
la mayor parte de los ecuatorianos.
Los caseríos tienen ahora, cierto trazado urbano y alguna infraestructura
social inexistente en tiempos de las viejas haciendas (v. gr. escuelas
prefabricadas, energía eléctrica, agua entubada); la cabecera parroquial
en su trazado urbano, construcciones y servicios básicos-
se asemeja a otros pueblos del país. Muchas familias han incorporado
a su cotidianidad el uso de artefactos tales como cocinas a gas,
televisores, equipos de sonido o radio - grabadoras; se consumen
alimentos, bebidas y otros productos industrializados antes fuera
del alcance de la gran mayoría de la población. Casi no existen
analfabetos el pueblo de Concepción cuenta inclusive con un
colegio de ciclo básico -; hay un buen nivel de escolaridad y algunos
individuos han alcanzado un alto grado de formación académica (estudiantes
y profesionales universitarios).
Con el transcurrir del tiempo ciertos cultivos destinados a satisfacer
la dieta tradicional, tales como la yuca, el camote, el plátano,
casi han desaparecido (el área dedicada actualmente a éstos es insignificante)
y las tierras se dedican hoy a cultivos comercializables, principalmente
tomate, fréjol [10]
y maíz. Las familias campesinas se han incorporado así, a una
economía monetarizada que depende en gran medida de los vaivenes
del mercado.
En la actualidad, los concepcionenses deben vender casi toda su
producción para acceder a los alimentos y bienes que ellos no producen:
el antiguo mecanismo del trueque ha sido ya olvidado, quedando apenas
uno que otro rezago de esta práctica cotidiana en tiempo
de la gran hacienda. La producción orientada al mercado, si bien
genera buenos réditos en temporadas de precios altos, también obliga
a los campesinos a la utilización intensiva de insumos industrializados
(abonos químicos, fertilizantes, insecticidas, especialmente en
el caso del tomate) anteriormente no usados en el cultivo parcelario.
En este sentido, el ritmo de las modalidades del trabajo agrícola
han cambiado: los tomateros de Concepción dedican hoy mucho de su
tiempo y esfuerzos a labores culturales de riego, fertilización
del suelo, control fitosanitario, etc.
Sin duda la integración de los circuitos del mercado, tanto comercial
como laboral (en éste último caso por parte de quienes buscan trabajo
temporal en el ingenio azucarero de Tababuela o en ciudades como
Ibarra y Quito) ha determinado una gran movilidad poblacional,
antes desconocida en la zona. El constante ir y venir, hacia y desde
los centros urbanos es ahora una práctica cotidiana que evidencia
la gran dependencia económica a que está sometida la población y
constituye a la vez un importante referente de explicación a cambios
culturales que últimamente se han producido en esta zona.
En las ciudades se adquieren, paulatinamente, otros hábitos y comportamientos
sociales que se trasladan a los pueblos y caseríos de origen. Con
el tiempo, esto hábitos y comportamientos se difunden y asimilan
en el ámbito general, llegando a formar parte de la cotidianidad
familiar y social, como ha sucedido por ejemplo- con nuevos
productos de consumo alimenticio, útiles de aseo personal y adorno,
ropas y modas, equipamiento doméstico, formas rituales de festejar
fiestas de cumpleaños, bodas y bautizos, y nuevas modalidades de
entretenimiento familiar (radio y televisión básicamente). Los requerimientos
de dinero para solventar las nuevas necesidades son mayores ahora
y la vida y perspectivas sociales, en general, de han tornado más
complejas.
La asimilación de nuevas costumbres, hábitos, ciertas formas de
mirar la vida y la vigencia de nuevas condiciones de subsistencia
podrían conducirnos a creer que en lo que en términos antropológicos
es conceptuado como rasgos característicos de una cultura
tradicional han desaparecido por completo en esta zona, o
que apenas quedan ya escasas manifestaciones no relevantes
en función de la estructura y dinámica sociales. Sin embargo, y
a pesar de los evidentes cambios que pueden ser detectados, perviven
aún entre la población negra manifestaciones y rasgos particulares
que conforman parte importante de una tradición cultural de siglos.
Resistiéndose a desaparecer, a despecho de las nuevas condiciones
de vida y de las influencias externas e inquietudes internas, la
música tradicional negra constituye un buen ejemplo de lo afirmado.
2.2.1 La Bomba sobrevive...
Desde tiempos inmemoriales, que se remontan a la esclavitud en
la hacienda cañera, el negro de la sierra norte encontró en la música
y el baile un medio eficaz para recrear, quizás de manera inconsciente,
la tradición lejana y perdida del Africa ancestral y, al mismo tiempo,
manifestar, por medio de la versificación, vivencias y sentimientos
que tienen que ver con realidades del grupo social, experiencias,
sueños, frustraciones, ilusiones personales. La bomba
[11] , verso, música y baile, se constituyó así en un elemento
comunicador por excelencia, un vehículo de denuncia y, al tiempo,
en manifestación cultural identificadora.
Los grupos musicales tradicionales utilizaban además del tambor,
denominado también bomba, instrumentos sencillos elaborados
a partir de plantas y frutos de la zona, tales como los purus
(calabazos silvestres secos), hojas de naranjo, el alfandoque
(caña guadúa rellena con semillas), la calanguana (calabazo
con incisiones, a manera de guiro), e inclusive quijadas de asno
como instrumento de percusión.
Algunos de estos instrumentos casi han desaparecido, pero otros
se han incorporado a través del tiempo. Así, en la actualidad se
utilizan guitarras, requinto, guiro, maracas, panderetas, claves;
unos pocos grupos que han tenido la oportunidad de comercializar
su música, usan inclusive el bajo eléctrico, hecho que habla claramente
de afán existente por modernizar la interpretación de la música
vernácula en los nuevos conjuntos musicales negros.
La músicabomba, interpretada por los grupos de bomba
y las bandas mochas (conjunto musical tradicional
que utiliza los instrumentos mencionados arriba), se han ido transformando
con los años. Así, algunas canciones compuestas en los últimos años
dan cuenta de las nuevas realidades e incorporan nuevas modalidades
rítmicas. Sin embargo, la finalidad cultural festiva
comunicacional misma de la bomba, su mensaje intrínseco
y sus posibilidades de convocatoria, aunque un tanto menguadas con
relación al pasado, no han variado.
Cabe anotar que, en los últimos años, ritmos musicales tales como
la salsa y el son cubano, el vallenato de la costa atlántica colombiana,
y hasta el rap o el afrorock han sido incorporados prácticamente
en forma masiva por la juventud de la Cuenca de Río Mira: las evidentes
raíces negras de estos géneros son, sin duda el elemento que, sumado
a la influencia de la moda, determina su gran aceptación por parte
de las nuevas generaciones.
3. NEGROS: UN PROCESO HISTÓRICO DE CAMBIO
El cambio es una sucesión de diferencias en el tiempo en
una identidad persistente
-Robert Nisbet-
La esclavitud significó para los africanos negros no solamente
la pérdida ignomiosa e injusta de su libertad y el abandono de las
tierras ancestrales, cuna y asiento de tradiciones culturales milenarias,
sino también el enfrentamiento forzoso y abrupto a desconocidos
ambientes geográficos, a condiciones de existencia radicalmente
distintas de las originarias. Aquí, en sus nuevos hogares
cárcel les sería, desde todo punto de vista, imposible desarrollar
su propia vida bajo las mismas normas y circunstancias que en sus
regiones de procedencia.
A partir del momento en que negros de diferentes edades, tradiciones
culturales, condición social, etc., eran atrapados a viva fuerza
por los cazadores de esclavos, para ser comercializados y trasladados
a las colonias americanas en condiciones infrahumanas, habría de
iniciarse un obligado y continuo proceso de respuesta a nuevas situaciones
de vida para quienes sobrevivían al viaje o no perecían en el intento
de recobrar su antigua libertad. Desde el instante del apresamiento
empezó también para ellos un violento e irreversible proceso de
deculturación que continuaría desarrollándose, impulsado insistentemente
por los amos, en las zonas de trabajo esclavo.
Varios mecanismos deculturativos fueron implementados por los esclavistas
para la obtención de máximos rendimientos en el trabajo esclavo
con el afán de obstaculizar su resistencia y reivindicación. Este
proceso determinó pérdidas culturales irreversibles e impulsó a
los negros hacia nuevos cambios nunca previstos.
La tradición artesanal del vestido africano y del adorno se perdió
definitivamente con la esclavitud, quedando apenas ciertos africanismos
tales como el gusto por los colores vistosos en las ropas y ciertos
peinados femeninos, que todavía se mantienen. Las viviendas, para
nuestro caso, fueron construidas por sus propios ocupantes utilizando
materiales que se podrían encontrar en los predios de las haciendas
(carrizo, paja de caña, barro), siempre junto a la casa patronal
y siguiendo un mismo estilo constructivo que no daba lugar a diferencias
notorias por jerarquía u otras razones socioculturales.
La deculturación se ejerció también sobre uno de los más importantes
elementos culturales de cualquier sociedad: el idioma. Esta manera
forzada de asumir como único el idioma de los amos determinaría
el abandono de las lenguas de origen (de las cuales generalmente
solo subsistirían ciertos elementos linguísticos) y una forma particular
de manejar el nuevo medio comunicativo, al margen de las convencionales [12] como aconteció en el Valle del Chota y cuenca
del Mira.
Dioses, espíritus, rituales y creencias de procedencia africana
en fin, todo lo que tenía que ver con el corpus religioso
ancestral- fueron proscritos y una nueva religión se impuso a los
esclavos, como parte del proceso deculturativo implementado deliberadamente
por los dominadores para lograr sus objetivos. En el Ecuador
y particularmente en el Valle del Chota y cuenca del Mira- de las
religiones africanas no quedaron rastros significativos o claramente
identificables.
Sin pretenderlo, y aunque parezca contradictorio, la discriminación
racial (que también es cultural) contribuyó sustancialmente para
que los grupos negros conservaran vivas cierta cosmovisión y manifestaciones
culturales propias y a que al mismo tiempo, se pierdan o dejen de
lado otras y se asimilen elementos y prácticas culturales de la
sociedad dominante.
Para poder sobrevivir como grupo social los descendientes de africanos
se forjaron una cultura propia, una cultura negra, como respuesta
al nuevo ambiente en el que debía desarrollarse su vida [13] , tomando lo que de útil y funcional podía
existir para ellos entre blancos e indígenas, integrando lo que
les convenía, haciendo a veces esta selección bajo la influencia
de su tradición cultural ancestral, como en el caso de la música.
Así, los esclavos negros de la sierra norte iniciaron un proceso
de conformación social y cultural particular, con alguna referencia
en las lejanas tradiciones ancestrales pero significativamente sustentado
en la nueva realidad productiva, económica, social y cultural de
la hacienda cañera.
Sin pretender considerar a los factores exógenos como los únicos
incidentes en los cambios que se han producido en la parroquia Concepción,
especialmente en las tres últimas décadas, habrá que considerar
a éstos como los principales impulsores de transformaciones en las
condiciones de vida de sus habitantes y en este sentido, como los
factores, hechos, o acontecimientos que de diferente manera posibilitaron
la adopción de nuevas prácticas, costumbres, y hasta cierto punto,
una nueva manera de ver el mundo y enfrentar los nuevos
retos por parte de la comunidad negra.
La disolución de la Hacienda Tradicional en la zona, vía proceso
de Reforma Agraria, se constituyó, al posibilitar el acceso a la
propiedad de la tierra y liberar la fuerza de trabajo, uno de los
principales factores para la transformación de las condiciones de
vida de la mayoría de los pobladores. Si bien las parcelas que recibieron
los ex-huasipungueros como compensación a los largos años de trabajo
para los hacendados fueron de extensiones muy reducidas y los patrones
lograron conservar lo mejor de su territorio, la ruptura de la dependencia
casi total con respecto a la hacienda permitió una producción con
fuerte orientación hacia el mercado, la libre venta de fuerza de
trabajo en otras zonas, y en diferentes condiciones laborales y
una mayor migración hacia ciudades. Todo ello contribuiría a un
aumento de ingresos, lo que progresivamente elevaría el nivel de
vida de muchos sobre todo de quienes pudieron, vía compra
venta, acceder a tierras de mayor extensión
[14] .
El Estado, a través de sus organismos seccionales (municipalidades,
en particular) se constituyó especialmente a partir de los años
ochenta (creación del cantón Mira), en un fuerte impulsor de mejoras
orientadas al beneficio social de los habitantes de la parroquia
Concepción. Las obras de infraestructura ejecutadas, tales como
vías de comunicación, escuelas, un colegio de ciclo básico y un
dispensario médico en la cabecera parroquial, tanques de captación
de agua para consumo doméstico, luz eléctrica, etc y ciertos programas
de apoyo a los campesinos, evidencian una preocupación oficial mayor
que en otros tiempos con relación a las necesidades básicas de la
población de esta zona (antes de dominio casi total de los hacendados)
y contribuyeron a ofrecer, al mismo tiempo, una imagen distinta
a la de los antiguos caseríos olvidados de la época de las grandes
haciendas.
La gestión comunitaria, en este sentido, se ha
fortalecido y se orienta cada vez más a lograr de parte del Estado
un apoyo que expresa anhelos y perspectivas más amplias con relación
a la calidad de vida: el negro de hoy, sin los estrechos límites
que le imponía el régimen hacendatario, quiere para su familia una
mayor holgura económica, educación, salud, y en general mayor bienestar.
4. EL CAMBIO CULTURAL: necesidad de supervivencia y adaptación
El largo tiempo de esclavitud debió, al constituirse
en una constante presión aculturadora y sujeción a la normativa
patronal, orientar forzosamente el comportamiento social e individual
del negro hacia la adopción de formas culturales que, resultando
funcionales y convenientes en miras a su supervivencia y reproducción,
no se constituían o no eran consideradas como peligrosas
o atentatorias a la preservación de los fines económicos de la hacienda
colonial. Con relación a rasgos y manifestaciones culturales de
origen africano, solamente aquello que los amos consideraban como
inocuo, y que no valía la pena erradicar, pudo ser mantenido y transmitido
de una generación a otra.
Así, los esclavos negros de la sierra norte iniciaron
un proceso de conformación social y cultural particular, con alguna
referencia en las lejanas tradiciones ancestrales pero significativamente
sustentado en la nueva realidad productiva, económica, social y
cultural de la hacienda cañera.
Obligados a trabajar y compartir parte de su
vida con los pocos indígenas que los jesuitas emplearon en sus latifundios,
los negros de Concepción y el Valle integrarían a su vida algunos
elementos de la cultura india tales como utensilios domésticos,
el consumo de ciertos productos y la preparación de algunos alimentos,
el uso de ciertas prendas de vestir, algo de su tradición musical
(pentatonía) e inclusive algunos términos lingísticos quichuas
y ciertas formas sintácticas en el lenguaje.
Los amos blancos religiosos, primero y
luego laicos- forzaron a sus esclavos a través del trabajo sistemático
e inhumano en la s faenas agrícolas y el trapiche, al aprendizaje
de técnicas y destrezas hasta entonces desconocidas para ellos.
Estas nuevas prácticas y conocimientos progresivamente se constituyeron
en parte sustancial del bagaje cultural del grupo negro, germen
de una sociedad que en el futuro se conformaría de campesinos dedicados
al cultivo de la caña de azúcar, cereales y otros productos de autoconsumo.
Sin pretenderlo, y obligados por las circunstancias,
los trabajadores de las haciendas tuvieron que aprender del amo
su religión, su idioma
[15] , algunas de sus costumbres y quizás parte de su cosmovisión
y mundo valorativo, a riesgo de comprometer aún más su precaria
existencia.
El contacto intercultural negro blanco
indio, aunque en términos notoriamente disímiles en el primer
caso (relación negro - blanco) hizo posible una suerte de intercambio
cultural en donde el préstamo de elementos funcionales
a su modus vivendi se constituyó en práctica común de la
comunidad negra al tiempo que se conservaban ciertos africanismos
en la vida cotidiana. Formas de arreglarse el cabello de las mujeres,
alimentación, gusto de los colores cálidos y vistosos en las ropas,
formas expresivas en la comunicación cotidiana, maneras de bailes
y ritmos musicales, constituyen todavía manifestaciones que aluden
a una tradición cultural traída a Concepción por los primeros esclavos.
Existe aquí, como en otras culturas un significativo
poder de la tradición que se manifiesta en la preservación y transmisión
generacional de formas culturales y cierta resistencia al cambio,
al menos con relación a determinadas áreas que pueden comprometer
la continuidad de la tradición cultural.
Si bien, la necesidad de supervivencia constituyó
a través de siglos de historia, la más poderosa motivación para
la comunidad negra desarrollara un decisivo proceso de adaptación
y transformación, constituiría un error el considerar únicamente
a las cambiantes condiciones económicas, sociales, políticas y culturales
a la que esta se ha visto enfrentada (factores exógenos) como el
único factor impulsor de cambio sociocultural. La comunidad negra,
al igual que otros grupos sociales, no responde y actúa como estructura
sociocultural buscando e implementando alternativas sólo cuando
se presentan acontecimientos críticos que eventual y
progresivamente puedan lograr desintegrarla: existen también otros
factores de orden endógeno- que aunque podrían aparecer como
insignificantes o de escasa relevancia, sin embargo también contribuyen
a orientar al grupo hacia la transformación. De ellos uno de los
más importantes es, seguramente la necesidad de innovación.
La realidad social, económica y cultural de la
población negra del Chota Mira amerita mayores estudios y
análisis orientados no únicamente a su conocimiento científico sino
sobre todo, a lograr un efectivo apoyo al proceso reivindicativo
iniciado hace tiempo por los propios actores sociales, y que busca
esencialmente se plasme en los hechos la declaración Ecuador:
país multietnico y pluricultural...
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[1] Este trabajo está basado en un texto mayor publicado
por el autor bajo el título COMUNIDAD NEGRA Y CAMBIO
CULTURAL: el caso de Concepción en la sierra ecuatoriana
(Ed. Afroamérica. Quito, 1966). Fotografías: 1: portada del libro
mencionado. 2 y 3: Diario El Comercio. Quito, Ecuador.
[2] Peñaherrera de Costales y Costales Samaniego:
Coangue o Historia Cultural y Social de los Negros del
Chota y Salinas. Llacta N° 7. Quito. 1959. p 58
[3] Stutzman, R: La gente
morena de Ibarra y la sierra septentrional. En: Sarance
N° 7 IOA. Otavalo. 1973. p. 12.
[4] Huasipunguero: trabajador de la hacienda
a quien el propietario entregaba un pedazo de tierra a cambio
de su trabajo, por varios días, en la gran propiedad.
[5] Rodas, Hernán: La migración
campesina en el Azuay. En: Ecuador Debate N°
8, Ed. CAAP, Quito, 1985, p.155
[6] INEC: V Censo de Población y VI
de Vivienda 1990.
[7] Caña silvestre utilizada en la construcción de
paredes de la vivienda tradicional.
[8] Espín, J. et. al: Campesinos
del Mira y del Chanchán. Quito, 1993, p 112
[9] Grupos musicales que interpretan la música tradicional
de los negros de la cuenca del Chota-Mira.
[10] Aunque una pequeña parte de
la producción de esta gramínea se la destina al autoconsumo familiar,
en épocas de buenos precios prácticamente se vende
todo.
[11] La bomba es el
nombre utilizado para designar el instrumento vernáculo principal
con el que se ejecutan canciones compuestas por trovadores lugareños,
una especie de tambor que se toca con las manos y a veces
hasta con el codo, el pie e inclusive la quijada Se denomina
también así al baile típico que ejecutan las parejas o grupos
al son de los cantos interpretado por el grupo instrumental. Además,
la música tradicional del negro de esta zona es conocida como
música- bomba.
[12] En: Moreno Fraginals, Manuel
(rel): Africa en América Latina, México, 1977,
p. 25.
[13] Bastide, Roger: Las Américas Negras
Madrid, 1969. p. 29
[14] Como consecuencia del desigual
acceso a la tierra se puede advertir fácilmente un diferente nivel
de vida entre los ex huasipungueros y ,al mismo tiempo,
un significativo contraste en el nivel de desarrollo de la cabecera
parroquial con respecto a los caseríos de su jurisdicción.
[15] Si como afirman los esposos
Costales, los esclavos traídos por los jesuitas desde Colombia
eran criollos ladinizados es seguro que ellos debían
tener ya un suficiente conocimiento de español, o al menos en
forma rudimentaria, que les permitiera la comunicación entre sí
y con sus amos (Cfr. Costales, 1959. p. 68)
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