Caracterización Química Multielemental de Cerámicas Arqueológicas a través
de ICP-OES: Una Evaluación de los Métodos de Disolución de Muestras
Mgter. Guillermo A. De La Fuente[1]
Escuela de Arqueología – U.N.Ca. / CONICET
Email: gfuente@arqueologia.unca.edu.ar
Introducción
La Espectrometría de Emisión
Óptica de Plasma Inductivamente Acoplado (ICP-OES) es actualmente una técnica
bien establecida en la caracterización química multielemental de cerámicas
arqueológicas, entre otros materiales[2] (cf. Hart y Adams 1983, Hart et al. 1987, Cagle 1992,
Mirti et al. 1995, Hatcher et al. 1995, Castellano et al.
1996, Pérez-Arantegui et al. 1996, Mirti et al. 1998). Revisiones
críticas de la técnica analítica dando extensivas consideraciones técnicas
sobre preparación de las muestras, límites de detección, precisión, exactitud
y capacidades operativas, así como también análisis comparativos entre ICP-OES
y otras técnicas pueden ser encontradas en varias publicaciones especializadas[3] y manuales introductorios (Boumans
1987a, 1987b, Thompson y Walsh 1989, Moore 1989, Hatcher et al. 1995,
Pollard y Heron 1996, Boss y Fredeen 1997). La mayoría de las investigaciones
aplicando análisis a través de ICP-OES en cerámicas arqueológicas han focalizado
justificadamente sobre análisis de procedencia como el principal objetivo
de investigación, pero sorprendentemente se ha observado que una ausencia
de discusión involucrando las implicaciones geoquímicas ha gobernado la mayor
parte de los trabajos (cf. Mallory-Greenough et al. 1998 para un caso
contrario aplicando ICP-MS), excepto por algunos trabajos que han intentado
desarrollar una discusión más profunda sobre los elementos químicos a ser
determinados (cf. Djingova y Kuleff 1991, Kuleff y Djingova 1996), y un tratamiento
extensivo de la geoquímica de las arcillas y su relevancia para la caracterización
multielemental de las cerámicas arqueológicas (cf. Pollard y Heron 1996, Capítulo
4).
En este trabajo se explorará
y discutirá, a través de literatura especializada y diferentes casos de estudio,
un tópico específico en el análisis de cerámicas arqueológicas por ICP-OES:
los procedimientos de preparación de muestras, y específicamente las técnicas
de disolución de las muestras. Adicionalmente, se considerarán brevemente
los procedimientos utilizados en la determinación de los elementos químicos
tierras raras (REE).
Procedimientos
en la Preparación de las Muestras
Como fue puntualizado por Boss
y Fredeen (1997:76), el proceso de preparación de muestras está orientado
a alcanzar los siguientes objetivos: (1) poner la muestra dentro de la solución,
(2) estabilizar la solución que contiene la muestra (especialmente cuando
bajas concentraciones del analito están presentes), un punto importante también
notado por Pollard y Heron (1996:33), (3) lograr que la concentración del
analito caiga dentro del rango del instrumental analítico, y (4) asegurar
que la solución conteniendo la muestra pueda ser nebulizada en una manera
reproducible.
Disolución
de las Muestras
Como las cerámicas arqueológicas
pueden ser consideradas "rocas sedimentarias metamorfoseadas" (Glascock
1992:11), ellas pueden ser beneficiadas de todas las técnicas de disolución
desarrolladas y experimentadas para las muestras de rocas geológicas (materiales
ricos en silicatos) en general.
Principalmente las técnicas de
disolución pueden ser divididas en dos procedimientos generales y distintivos
(Boss y Fredeen 1997:76, Walsh y Howie 1980:969, Boumans 1987b:27-47):
(1) digestión por ácidos,
requiriendo que las muestras sean disueltas en ácidos (usualmente HF-HClO4
/ ácidos fluorhídrico y perclórico) antes de su introducción en el ICP, lo
cual requiere calentar la solución de digestión conteniendo el ácido y la
muestra disuelta (en una placa caliente en una campana o en hornos microondas);
y
(2) reacción de fusión,
la cual es utilizada en los casos en que las muestras sólidas son dificultosas
de disolver; la muestra es calentada con un componente fundente tal como LiO2
(metaborato de litio) o Na2O2 (peróxido de sodio), y
luego disuelta en otra solución ácida (usualmente HNO3 - ácido
nítrico).
Como ha sido puntualizado por
Boumans (1987b), el procedimiento de disolución de las muestras es un paso
crítico en el análisis por ICP teniendo en cuenta que (1) las muestras deberían
ser completamente disueltas para obtener resultados exactos y reproducibles,
y (2) los problemas del nebulizador deberían ser evitados.
La mayor parte de los minerales
incluidos en rocas son refractarios, y algunas veces ellos tienen que sobrellevar
un tratamiento químico duro a los efectos de alcanzar una buena disolución.
A causa de la disolución incompleta, se forman los residuos en forma de sales[4]
causando principalmente una deriva en las lecturas del instrumental (Walsh
y Howie 1980, Boumans 1987b). Las ventajas y desventajas de la disolución
de muestras por éstos dos métodos son discutidas por Boumans (1987b).
Concerniente a los métodos de
fusión una desventaja importante es aquella relacionada con la baja sensibilidad
para los elementos traza, los cuales a su turno requieren pretratamientos
más amplios de la solución tales como la preconcentración usando un intercambiador
de cationes ácido (un ejemplo es dado por Govindaraju 1980, citado en Boumans
1987b). Alternativamente, los métodos de fusión son mucho más rápidos que
la digestión por ácidos, y ellos son usados principalmente para la determinación
de elementos grandes y menores (cf. Walsh y Howie 1980:969), requiriendo ácidos
más blandos en la disolución de la cuentas de LiO2 formadas (usualmente
HNO3 - ácido nítrico), aunque ellos involucran el uso de crisoles
(Pt o grafito) para el proceso de fusión (cf. Boumans 1987b, Walsh y Howie
1980).
Los métodos de disolución por
digestión de ácidos pueden ser divididos en (1) de disolución directa por
ácidos: sistemas abiertos, y (2) de disolución directa por ácidos: sistemas
cerrados (Boumans 1987b).
En los métodos de disolución
por digestión de ácidos son utilizados en el procedimiento ácidos fuertes
tales como HF-HClO4 . Se ha acordado que éste método es el mejor
de todos para la determinación de la mayoría de los elementos traza en las
rocas[5], pero con la única
e importante desventaja de perder la concentración de Si por la evaporación
de SiF4. La pérdida de Si puede ser resuelta por el uso de un sistema
cerrado con la adición de ácido bórico a la solución (cf. Boumans 1987b, Walsh
y Howie 1980). Adicionalmente, este procedimiento conlleva mucho más tiempo
(varias horas) que el de fusión, y existe el problema de que diferentes rocas
reaccionen en formas distintas al mismo ataque ácido, principalmente dependiendo
de los constituyentes minerales de la roca (Boumans1987b). El proceso puede
ser realzado con el uso de calor para producir la evaporación y el secado,
pero teniendo sumo cuidado de las temperaturas aplicadas (cf. Boumans 1987b).
Boss y Fredeen (1997:76) mencionan que el uso de los “hornos microondas”,
especialmente diseñados para la preparación de las muestras pueden reducir
los tiempos de digestión fuertemente.
Varios estudios comparativos
considerando los resultados obtenidos a través del uso de diferentes métodos
de disolución sobre muestras geológicas (rocas) han sido desarrollados (cf.
Balaram et al. 1995, Balaram et al. 1996, Totland et al.
1992, entre otros). Totland et al. (1992) comparando tres métodos de
disolución de muestras en rocas, tales como fusión de LiBO2, recipiente-abierto
con HF-HClO4, y microondas-calentado, digestión en recipiente cerrado
usando ICP-OES y ICP-MS encontraron que los elementos traza son bien determinados
por ambas técnicas analíticas, pero la exactitud y precisión de los resultados
fueron una función del método de disolución aplicado y la composición mineralógica
del material, lo cual a su turno está en buen acuerdo con lo establecido por
Boumans (1987b). Como resultado, a través de la fusión por LiBO2
los elementos grandes y menores fueron bien determinados, a excepción de los
elementos más volátiles tales como Pb, Sb, Sn y Zn, los cuales se perdieron.
La digestión abierta por ácidos y por microondas produjo las mejores determinaciones
para todos los elementos. En contraste, fue observado que para algunos elementos
tales como Zr, Hf, y Cr la recuperación de los mismos fue una función del
tipo de muestra (principalmente composición mineralógica). Se observó también
que la disolución por microondas disminuyó los tiempos de digestión para todas
las muestras (cf. Boss y Fredeen 1997). En conclusión, los autores recomendaron
una combinación de preparaciones de muestras como una función de los elementos
a ser determinados y la exactitud y precisión esperados en el análisis (Totland
et al. 1992).
Estudios de
Caso Arqueológicos: la elección del método de disolución
En este punto, deberíamos preguntarnos
¿cual es la mejor opción en la elección de un método de disolución para cerámicas
arqueológicas?, y más importante ¿porque deberíamos elegir un método de disolución
específico y no otro?
Estas preguntas debería ayudarnos
y guiarnos para pensar más cuidadosamente sobre las implicaciones de los diferentes
métodos de disolución, disponibles en los laboratorios analíticos, sobre los
efectos a ser esperados en los resultados.
A una primera mirada, la elección
de un método específico dependerá del problema arqueológico a resolver y como
el método de disolución específico será satisfactorio en los resultados obtenidos
vía el instrumental analítico como un todo (i.e. ICP-OES en este caso).
Pero esto no es completamente
verdadero, y nosotros también tenemos que considerar problemas técnicos específicos
y analíticos, tales como el tipo de instrumentación disponible, tiempo, precisión,
exactitud, y límites de detección; más importante, tenemos que vincular estos
parámetros analíticos específicos con el problema arqueológico que intentamos
resolver.
Analizando la literatura arqueológica
en la cual se ha aplicado ICP-OES como un medio para caracterizar multielementalmente
las cerámicas arqueológicas observamos que existe una división en dos grupos
generales en referencia a los métodos de disolución aplicados y los elementos
determinados.
Un grupo está caracterizado por
el uso de la técnica de fusión, específicamente LiO2 -metaborato
de litio (cf. Mirti et al. 1995, Castellano et al. 1996, Mirti
et al. 1998), y el otro por el uso de la digestión por ácidos
por medio de recipiente-abierto con HF-HClO4 para la digestión
de las muestras (cf. Hart y Adams 1983, Hart et al. 1987, Hatcher et
al. 1995, Pérez-Arantegui 1996).
En el primer grupo podemos observar
que los elementos determinados son: (1) Ca, Fe, Ti, Ba, Co, Cu, Sc, Sr, Y,
y Zn (cf. Castellano et al. 1996), (2) Al, Fe, Ca, Mg, Ti, Mn, Sr,
Ba, Cr, y Na y K –estos no determinados por ICP-OES, pero con FES[6] (cf. Mirti et al. 1995),
y (3) Al, Fe, Ca, Mg, Ti, Mn, Sr, Ba, Cr, Cu, Y, La, Sc, y Na y K –detectados
por FES (cf. Mirti et al. 1998).
Aquí podemos ver que una combinación
de elementos grandes (Al, Ca, Fe, -Na, K-) y menores (Mg, Mn, Ti, Cr) junto
con unos pocos elementos traza (La, Y, Sr, Sc, Ba) fueron detectados en estos
estudios.
Remarcablemente, todos estos
estudios no analizan arcillas en una vía independiente, sino que ellos tienen
como objetivo principal caracterizar y clasificar las cerámicas dentro de
grupos químicamente significativos. Adicionalmente, en estos estudios no se
desarrolla una aproximación geoquímica al estudio de los grupos composicionales.
Por ejemplo, el trabajo de Mirti
et al. (1998) usa fundamentalmente los grandes elementos tales como
Ca, K, y Na para separar los grupos composicionales y para confrontar los
nuevos casos analizados con los grupos químicamente definidos previamente
en el pasado (cf. por ejemplo la división entre las pastas cerámicas calcáreas
y no-calcáreas, Mirti et al. 1998). Aunque los principales grupos composicionales
son definidos por el uso de los grandes elementos, el tamaño de la muestra
analizado parece ser representativo cuando se consideran las interpretaciones
alcanzadas. Los mismos argumentos se pueden aplicar al trabajo de Mirti et
al. (1995), en el cual los grupos composicionales son definidos usando
las concentraciones de los grandes elementos, tales como el Ca, vinculando
las diferencias observadas a las características tecnológicas involucradas
en el proceso de manufactura de los artefactos, y asignando los casos a productos
locales o importados así como también a vasijas originales o imitaciones.
En estos estudios, los elementos
menores y los traza determinados participan en una forma muy reducida en la
definición de los grupos determinados estadísticamente, y ningún otro tipo
de discusión es desarrollada en referencia a los efectos tanto de la potencial
alteración postdepositacional en las cerámicas o el comportamiento geoquímico
de los elementos bajo consideración.
En el segundo grupo, los elementos
determinados son: (1) Al, Fe, Mg, Ca, Na, K, Ti, P, Mn, Ba, Ce, Co, Cr, Cu,
La, Li, Ni, Sc, Sr, V, Y, Zn y Pb (cf. Hart y Adams 1983), (2) Ti, Al, Fe,
Mn, Mg, Ca, Na, K, P, Ba, Ce, Co, Cr, Cu, La, Li, Nb, Ni, Sc, Sr, V, Y, y
Zn (cf. Hart et al. 1987), (3) Al, Ti, Fe, Mn, Ni, Cr, Ca, Mg, Na,
K, Ba, Co, Cu, Li, Nb, Sc, Sr, V, Y, Zn, La, Ce, Nd, Sm, Eu, Dy, y Yb (cf.
Hatcher et al. 1995), y (4) Na, Mg, Al, K, Ca, Ti, Mn, y Fe (cf. Pérez-Arantequi
et al. 1996)
Estos estudios, a excepción del
de Pérez-Arantegui et al. (1996), están interesados con la caracterización
de elementos traza en cerámicas arqueológicas y algunos de ellos analizaron
al mismo tiempo muestras de arcillas (cf. Hart et al. 1987). Es sorprendente
que en el trabajo de Pérez-Arantegui et al. (1996) la elección de la
técnica de disolución por digestión de ácidos no esté directamente correlacionada
con los elementos esperados a ser determinados, los elementos traza, sino
que en contraste ellos analizan mayoritariamente los elementos grandes y menores
(expresados como óxidos). Probablemente, los mismos resultados habrían sido
alcanzados usando el método de fusión, con la ventaja de ser mucho
más rápido en el proceso de preparación de las muestras.
El trabajo de Hart et al.
(1987) es un buen ejemplo en la caracterización de elementos traza en cerámicas
arqueológicas. Aquí puede ser observado que existe un gran tratamiento estadístico,
así como también un intento de maximizar el potencial de los "elementos
tierras raras" (REE) en el análisis de una submuestra de cerámicas como
elementos discriminantes. Sin embargo, después del análisis los autores observaron
que no había una buena correlación entre los principales elementos y los elementos
traza expresados en los grupos composicionales y en los REE y los grupos formados
por estos.
El trabajo de Hatcher et al.
(1995) es otro buen ejemplo de un análisis comparativo entre dos técnicas
espectrométricas analíticas diferentes: AAS y ICP-OES. Los autores usaron
un gran rango de elementos determinados en materiales de silicatos de referencia
standard [7] muy
bien conocidos y reconocidos para calibrar y discutir los parámetros analíticos
tales como precisión, exactitud, deriva instrumental, y límites de detección.
Los Elementos
Tierras Raras (REE): disolución de muestras
Boss y Fredeen (1997) apuntan
que otros procedimientos de preparación de muestras incluyen extracciones,
reacciones de neutralización, y preconcentración vía evaporación o intercambio
iónico. La determinación de los elementos tierras raras requiere la
aplicación de diferentes procedimientos para permitir la separación de estos
elementos. Boumans (1987b:42) da un resumen del método usado para determinar
estos elementos basado en el trabajo de Walsh et al. (1981). Básicamente,
las muestras son digeridas inicialmente por ataque con HF-HClO4
usando el método abierto. El procedimiento es repetido varias veces hasta
que los minerales resistentes al ácido son totalmente disueltos. La separación
de las REE es alcanzada por el procedimiento conocido como de intercambio
catiónico (Walsh et al. 1981, Jarvis y Jarvis 1985), el cual consiste
en la elución progresiva de los grandes constituyentes de las muestras con
una concentración creciente de ácido fluorhídrico, hasta obtener el residuo
final seco. Este residuo final es puesto en 1.6 N ácido nítrico antes de ser
introducido en el espectrómetro de ICP-OES (Jarvis y Jarvis 1988:1-2).
Jarvis y Jarvis (1988) han demostrado
la efectividad de la técnica ICP-OES en la determinación de la serie de los
elementos lantánidos (REE) en materiales de silicato de referencia internacional
aplicando el método de disolución descripto arriba. Adicionalmente, cuatro
elementos (Ba, Ca, Sr, Ti, y Zn) fueron determinados para calibrar las interferencias
espectrales sobre los REE. Los valores obtenidos por estos autores caen bien
dentro del rango y en concordancia con los valores previos determinados por
otras técnicas analíticas establecidas tales como Espectrometría de Masa con
Dilución Isotópica (IDMS), Análisis de Activación Neutrónica Instrumental
(INAA), Fluorescencia de Rayos X (XRF) (cf. Jarvis y Jarvis 1988:4).
Sin embargo, y retornando de
vuelta a la caracterización multielemental de cerámicas arqueológicas, a pesar
de que el método de disolución y la determinación en sí misma de los REE ha
sido establecida casi 10 años atrás para los materiales ricos en silicatos,
comparativamente existe una ausencia de la explotación del potencial de REE
en la aproximación metodológica para caracterizar cerámicas arqueológicas
usando ICP-OES, como una técnica alternativa a por ej. INAA.
Indudablemente, el potencial
para explorar el uso de las REE en la caracterización química multielemental
de cerámicas arqueológicas permanece aún intacto.
La Controversia
del "Método de Extracción-Ácido Débil"[8]
En los últimos años un nuevo
método innovador, rápido y de bajo costo para la disolución de muestras de
cerámicas arqueológicas ha sido propuesto: el método de extracción-ácido (cf.
Burton y Simon 1993). Este método involucra la disolución de una porción de
un fragmento de cerámica que es soluble en ácido. Usualmente, el método usa
un ácido débil tal como HCl, y lleva dos semanas de tiempo para el procesado
de una muestra. Las muestras son preparadas removiendo abrasivamente restos
de suelo y cualquier tratamiento de superficie en una pequeña porción de cada
fragmento y moliendo esta porción en un mortero de ágata. Después que unos
100-200 mg del polvo es inmerso dentro de la solución ácida, y mantenido a
temperatura ambiente por alrededor de dos semanas (cf. Burton y Simon 1993:47).
El método en sí mismo no es un análisis químico total (bulk), y solo se mide
la extracción de la pasta cerámica que es diluida o lixiviada en la solución
(Burton y Simon 1993:46). Los elementos propuestos para el análisis son los
siguientes: Al, Ba, Ca, Fe, K, Mg, Mn, Na, P, Sr, Ti, y Zn. Los autores reclaman
que este método permite caracterizar químicamente por lo menos 500 fragmentos
de cerámica en un mes, y sorprendentemente con un bajo costo en los materiales
usados de ca. us$d 50 (ibidem, 1993:46).
Adicionalmente, los autores postularon
que el método de extracción-ácido es más sensitivo a los parámetros tecnológicos
tales como temperatura de cocción, y probablemente a las alteraciones
postdepositacionales, que los otros métodos analíticos los cuales miden
la composición total en las muestras (ibidem, 1993:46). Con respecto
a los resultados analíticos obtenidos, y más específicamente aquellos relacionados
con la sensibilidad, precisión y exactitud los autores encontraron buenos
logros, pero ellos recomendaron que el análisis comparativo solamente será
válido cuando se comparen sets de datos obtenidos aplicando el mismo método
de extracción-ácido (ibidem 1993:48).
Pero más importante, los autores
reclamaron que el método es muy útil para analizar grandes sets de datos en
una forma mucho más rápida que con las otras técnicas, y más ampliamente que
los datos obtenidos son útiles para discutir la procedencia de artefactos
cerámicos a nivel de comunidad, y en algunos casos a nivel del alfarero particular,
como fue corroborado a través de datos etnoarqueológicos usados en estos estudios
(Burton y Simon 1993:48-58).
Una serie de críticas y respuestas
resultaron después de la aparición original de este método en el trabajo mencionado
anteriormente, especialmente desde el grupo de trabajo con INAA en los Estados
Unidos (cf. Neff et al. 1996, Burton y Simon 1996, Triadan et al.
1997). La discusión sobre la validez de método está lejos de ser solucionada
y numerosas preguntas permanecen sin responder. Como corolario podemos decir
que la comparación de este método de extracción-ácida con INAA está lejos
de ser una comparación realista, dado que no existen parámetros comunes sobre
los cuales basar tales comparaciones. De cualquier forma, la principal pregunta
que permanece sin respuesta en este método de disolución es ¿qué es lo que
realmente mide el método de extracción-ácido?, y por otro lado ¿tiene este
método una buena precisión (una medida de reproducibilidad) como fue reclamado,
siendo las cerámicas arqueológicas tan heterogéneas?. Para responder a estas
preguntas sobre bases científicas se requerirá tanto de una aproximación teórica
de cómo el método realmente trabaja y sus efectos reales, así como también
de una evaluación lo más crítica posible para analizar los datos obtenidos.
Conclusiones
Se han revisado en este trabajo
los métodos de disolución más importantes actualmente en uso
en el análisis de cerámicas arqueológicas por medio de ICP-OES. Como hemos
visto a través de la literatura especializada así como también a partir del
análisis de los estudios de caso arqueológicos, dos métodos de disolución
están en uso en la caracterización química: (1) la digestión por ácidos
y (2) la reacción de fusión, ambos con diferentes variantes dependiendo
del tipo de materiales y también de los problemas arqueológicos que el análisis
intente resolver.
Mientras que una gran cantidad
de trabajo ha sido realizado usando los elementos grandes, menores y traza
en la caracterización de artefactos cerámicos y muestras de arcillas, uno
puede concluir que existe una ausencia en el uso de los elementos tierras
raras (REE) y sus implicaciones geoquímicas en estos estudios.
Otra cuestión que surge de este
trabajo es ¿cual es el rol –si es que tiene alguno- que la petrología cerámica
podría jugar en la elección del método de disolución de las muestras cerámicas?,
como fue visto en las conclusiones delineadas por Boumans (1987b) y Totland
et al. (1992) sobre las reacciones de diferentes rocas a un mismo ataque
ácido.
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