ROMANTICA, LEGITIMACION Y DOMINACION EN NUESTRA VISION DE LA CULTURA:
Notas sobre las fuentes culturales de nuestras opciones paradigmáticas.
Nombre: Miguel Ernesto Alvarado Borgoño
Edad: 32 años
Grado académico: Antropólogo Social.U.de Chile.
Magíster en Ciencias Sociales. Ilades/P.Universidad Gregoriana de Roma
Candidato a Doctor en Ciencias Humanas.UACH / U de Goettingen (Alemania)
Ocupación: Académico Jornada Completa. Escuela de Antropología.Universidad
Católica de Temuco. Teléfono y fax:56- 45-205309.
E-mail: malvarad@uctem.cl
Dirección: Alessandri 0812. Temuco, IX Región.
INTRODUCCION
En este ensayo se reflexiona en torno al vínculo entre las bases
culturales de las relaciones de poder y los orígenes de la comprensión
actual con respecto a la identidad latinoamericana; en lo que respecta
específicamente al modo en que el indígena y el sujeto popular han sido
percibidos por la elite político-literaria en el siglo XIX y por las
ciencias sociales en nuestro siglo, definiéndose desde allí formas de
ejercer el poder sobre estos actores desde categorías epistémicas
ideológicas determinadas.(1)
Siendo nuestro intento básico el aportar algunos elementos con respecto a
la influencia de la estética romántica en la comprensión cultural afincada
en las ciencias sociales como vínculo entre la caracterización estética y
la racionalidad científica moderna dentro del contexto latinomericano.
El surgimiento y consolidación de la racionalidad moderna ha requerido del
concepto de ciencia como una base sobre la cual ubicar las distintas
comprensiones paradigmáticas que han influido a su vez en distintos
procesos sociales, es así como podemos afirmar que en América Latina
múltiples paradigmas han definido la comprensión y la práctica social por
parte de la elite, sin embargo se encuentran aún en signos de
interrogación las fuentes culturales que nos han permitido la
reinterpretación de estos paradigmas en tanto desconocemos los elementos
culturales que han confluido en el modo como se reinterpreta un paradigma
cultural o científico en el contexto específico de nuestro continente.
En este trabajo intentaremos identificar las fuentes de aquellas
categorías que nos han permitido reconocer nuestro entorno socio-cultural
durante los últimos dos siglos y que, asociadas a distintas posiciones
epìstemológicas, ya sea desde la suposición de la identidad entre la
estructura y el valor o desde un culturalismo que supone una ruptura entre
ethos y logos, han nutrido la comprensión científicosocial latinoamericana
de elementos significativos de su escenario cultural, en este caso desde
una fuente estética, para definir prácticas sociales que han estado
íntimamente relacionadas con el problema del poder en nuestro contexto.
Es así como afirmamos que el reflexionar en torno al vínculo entre poder y
cultura en América Latina implica, entre otras cosas, el identificar las
fuentes de aquellas formas de leer nuestro mundo social que, desde las
ciencias o la estética, han determinado la comprensión que la elite va
definiendo con respecto a su entorno. Comprensión que le es necesaria a
esta elite para diseñar desde allí los proyectos y utopías en base a los
cuales se ha intentado definir el futuro, tanto en la afirmación de
movimientos culturales como en la crítica de estos.
Con estrecho vínculo a las afirmaciones anteriores respecto a la necesidad
de identificar las fuentes de nuestra autocomprensión, nos parece
importante afirmar el que sin duda el movimiento postmoderno no es la
única reacción hacia el proyecto ilustrado de la cual la historia de
occidente puede dar cuenta, en tanto en la corriente romántica europea y
latinoamericana existe una crítica de los fundamentos culturales del poder
de un profundo cuestionamiento de la verdadera posibilidad de liberación
humana por medio del uso de la razón que el proyecto ilustrado propone.
Frente a esto la crítica postmoderna del Racional Iluminismo no nos
aparece en muchos sentidos más que como una reedición de algunos elementos
de la corriente romántica; en tanto dentro de este movimiento cultural en
la "legitimación estética" de los valores socialmente compartidos se
jugaba la posibilidad de construir sociedad desde los fundamentos
valórico-culturales del poder, estando esta "legitimación estética"
fundamentada en el primado formal de la muerte de Dios, edificándose por
parte de este movimiento en numerosas ocasiones, en substitución de la
figura de Dios, mitologías estéticamente coherentes, las cuales cerraran
el círculo que comienza en la secularización y concluye con la elaboración
de una nueva teogonía, en un proceso vertiginoso donde la moral de los
amos, es decir de aquellos destinados a poseer y administrar el poder, se
edifica sobre la base de una nueva concepción de lo justo desde lo bello.
En el contexto latinoamericano este proceso tiene un correlato específico
en la elite, tanto católica como laica, que intenta asumir la modernidad
desde la relectura de nuestra identidad cultural sobre la base de la
búsqueda de una mitología secularizada, en la cual la figura del pobre o
del indígena pasan a ser un elemento más en este panteón mítico asociado
al trazado modernizante y a su organización de las relaciones de poder,
penetrando este movimiento incluso la médula misma del pensamiento
católico tanto en su comprensión de América Latina como en elementos de su
propia espiritualidad (2).
Se apela al recurso estético como mecanismo de comprensión intercultural
en un ejercicio dialógico producto del cual el pobre y el "indio" en
abstracto pasan a configurarse en imágenes estilístas a las cuales se
menciona como mecanismo de legitimación de las transformaciones
modernizantes del orden social.
Todo se hace por el indio o el pueblo en pos de su promoción, para ello el
pasado es embellecido y el bárbaro para se ser el "ingenuo salvaje", bello
tan sólo por su misma ingenuidad. La nueva mitología se construye por lo
tanto sobre la base de sujetos elaborados escenicamente como dignos y
sufrientes, olvidándose al sujeto cultural concreto, con sus grandezas y
contradicciones.
Es esta elite la que requiere de un concepto de cultura, capaz de dar
cuenta del "otro" en su diferencias substanciales, es así como en la elite
política y literaria la que desde la corriente romántica latinoamericana
elabora un concepto de cultura aún antes que las ciencias sociales
aportaran con lo suyo.
Posteriormente es la ciencia social, aplicada tanto en el indigenismo como
en el desarrollismo, la heredera de este concepto, el cual sobre una
cáscara racionalista esconde la idealización estéticamente fundamentada
que se aparta de los sujetos culturales concretos, para crear valores en
torno a la praxis social edificados sobre la base de una ética
auto-referida en pos de la belleza de un actuar y un pensar, definida
desde el prisma de esa elite y en función del destino profético que la
elite quisiese darle a nuestro continente.
En base a lo anterior afirmamos que el liberal-romanticismo crea en
Latinoamérica un concepto de cultura antes de que lo hiciese la ciencia
antropológica, lo cual determinó una autocomprensión tanto con respecto a
los efectos del proyecto ecuménico del Barroco como del Racional
Iluminismo, sellándose así un tipo de legitimación estética del poder de
esa elite.
Lo anterior se evidencia, por una parte, en el indigenismo de la primera
mitad del siglo XX, fundamentado en una apelación estética, lo cual fue
positivo como recuperación de lo indígena pero negativa como
caricaturización del mismo, y por otra en las numerosas transformaciones
en la percepción del sujeto popular desde la idea de chusma sujeto de
redención a pueblo actor de su liberación.
EL USO DEL CONCEPTO DE CULTURA.
Mientras nuestro uso del concepto de cultura se reviste de un carácter más
polisémico, entonces más requerimos precisar las fuentes del mismo para
identificar sus elementos constitutivos, sin embargo un camino equivocado
sería el pensar que estas fuentes se encuentran exclusivamente dentro de
los límites racionales de la ciencia cuando, por lo que podemos apreciar,
el uso del mismo excede los límites de la labor científica constituyéndose
en una categoría que se origina en fuentes tanto científicas como
estéticas y que actúa como un sello ideológico de ciertos contenidos, más
que como un instrumento para la verdadera comprensión del mundo social.
El retorno postmoderno actual a la "apelación estética" debe ser visto, en
alguna medida, como producto de la crisis epistemológica de las ciencias
sociales latinoamericanas, que comienza históricamente en el período de
gobiernos militares a lo largo de América Latina en las últimas décadas.
Se trata en nuestra opinión del retorno de aspectos de la corriente
romántica en forma abierta, sin que sea necesario ya apelar a un
fundamento racionalista. Desnudo ya del sentido ideológico de la apelación
estética positivista o materialista dialéctica, estas ciencias sociales
emprenden la búsqueda de una nueva mitología, sobre la base de la
conciencia del fracaso de instancias como aquella teología de la
liberación más dependiente de una opción materialista histórica, que
podría haberse erguido como posibilidad de una reflexión científica
teológicamente fundamentada (3), la ciencia social emprende una profunda
revalorización de la cultura como búsqueda trascendental de aquello que
Manfred Frank ha denominado como "construcción mitológica".
En la caracterización de este proceso de mitologización se debe dar cuenta
de la influencia de la dimensión estética de la cultura en la
fundamentación del discurso metateórico, es la ciencia social por lo
tanto, como antes lo fue la sociedad propiamente tal, la que se ve
inundada del sentido estético que la corriente romántica otorga al
concepto de cultura. La polisemia del concepto de cultura en uso hoy en
nuestro contexto, tanto dentro como fuera de las ciencias sociales, no es
por lo tanto casual sino que más bien responde a la imposibilidad de
apelar a criterios racionalistas rígidos para la comprensión de América
Latina, debido en mucha medida a la influencia de la estética romántica en
el sentido común que en nuestro continente se articula, demostrando sólo
el que la ciencia social de inspiración postmoderna en América Latina no
es más que una nueva forma de romántica, con la grandeza de entendimiento
de la corriente romántica pasada y también con los límites de un tipo de
interpretación que sigue como siempre estando en manos de la elite.
Desde lo anterior creemos que la fuente de esta crisis en la capacidad de
definir que cosa entiende la intelectualidad de nuestro continente por
cultura, tiene su más profundo origen en la corriente romántica en tanto
ésta entiende a la identidad cultural como un conjunto de valores que nos
remiten a una tradición, entendida esta tradición como un fenómeno con un
carácter un tanto estático, en tanto la tradición cultural no es asumida
como un patrimonio instrumental desde el cual los sujetos definan su
vínculo con la naturaleza o sus relaciones sociales.
Es así como la visión que se tiene de la cultura nos remite a un pasado
embellecido, poblado de buenos salvajes llenos de la pureza de la
inocencia, por lo tanto la cultura no debería ser más que la restitución
de ese pasado mitológico sobre la base de una tradición hermoseada en la
cual la historia de la cultura es más bien la remembranza de ideales
heroicos más que la identificación de los valores de sujetos concretos
puestos frente al problema de la sobrevivencia, por lo tanto se edifica un
ethos ideal como respuesta a un logos racional iluminista, por lo tanto la
identidad pasa a ser una bandera de lucha frente al intento refundacional
originado en la ilustración latinoamericana.
LA ROMANTICA COMO ARTICULADOR SOCIAL.
Para Arnold Hauser el gran continuador del pensamiento estético de la
escuela de Frankfurt resulta forzada aquella distinción entre el
"reaccionario" romanticismo alemán y el "libertario" romanticismo centro
europeo, más bien él piensa en esta corriente como un fenómeno
multifacético que posee manifestaciones reaccionarias y libertarias
dependiendo esto de los sujetos concretos que la asuman. Sin embargo la
comprensión histórica propia de la corriente romántica representa para él
un obstáculo para la verdadera interpretación del mundo social, en tanto
cualesquiera sea la manifestación del romanticismo, aunque valorará en
exceso el pasado, no alcanza a entender la situación objetiva del sujeto
histórico, el cual para Hauser se encuentra desde una lectura dialéctica a
medio camino entre el pasado y el futuro.
Según Hauser sin duda en la corriente romántica existe una crítica
profunda del racionalismo, en tanto es allí donde la ilustración según él
sufre la derrota más penosa de su historia, ya que el destino histórico es
regido desde valores estéticamente legitimados los que encuentran su
soporte en una lectura también estética de la tradición cultural, es así
como, para Hauser,
..."La historia aparece según esta lógica como una esfera dominada por
fuerzas anónimas, como un substrato de ideas más altas, las cuales en los
fenómenos históricos individuales se expresa sólo de manera imperfecta. Y
esta metafísica platónica encuentra expresión no sólo en las teorías
románticas, pasadas de moda ya del espíritu popular, la épica popular, las
literaturas nacionales y el arte cristiano, sino también todavía en el
concepto de la "intención artística" (Kunst-wollen)"(4) En el pensamiento
de Hauser, por otra parte, el "sentido histórico" como interpretación
racional del pasado apreciable en autores como Hume y Herde, acentúo la
apreciación del origen histórico de los valores culturales, sin embargo
....."la ilustración se basa en la idea de que la historia revela el
despliegue de una Razón inmutable y de que la evolución se dirige hacia
una meta discernible de antemano" (Hauser: 1964, 179).
Es así como podemos apreciar un recate romántico de un tipo de comprensión
histórica que valora la posibilidad del uso de un "sentido histórico"
riguroso pero que no entiende a la razón como eje articulador de la
dinámica histórica.
Ejemplo latinoamericano de esta idea de Hauser puede ser un detalle tan
puntual como la apreciación del chileno José Victorino Lastarria, quién
desde una opción liberal y romántica nos plantea una crítica ácida de las
fuentes teóricas del pensamiento histórico de Andrés Bello, el cual se
presenta en contraposición respecto al pensamiento de "su" generación
literaria del 42.
..."Nosotros que no aceptábamos la teoría de Herder, ni otra alguna que
estuviera basada en la suposición de una evolución fatal y necesaria sin
participación alguna de la libertad del hombre".(5)
Interpretando así Lastarria la historia de América desde una visión
crítica del mismo concepto de "progreso inexorable" utilizado implícita o
explícitamente por quienes idearon y ejecutaron nuestros procesos
independentistas.
Para nosotros resulta evidente el hecho de que desde la oposición entre
corriente romántica e ilustración se articula el acceso a la modernidad
en América Latina, con figuras que mezclan su posición liberal con una
apelación estética hacia el progreso en un proceso en el cual el político
se confunde con el hombre de letras, generando un tipo de intelectual cuya
organicidad depende más bien de su apreciación del supremo bien desde la
superación de la tosquedad y fealdad de la barbarie, aquellos "poetas
héroes" que desde una corriente romántica no necesariamente secularizada
anuncian un porvenir desde su creación estética.
Son numerosos los autores, desde los cuales se puede constituir una
genealogía de la corriente romántica latinoamericana cumpliendo el
concepto de cultura un itinerario para ello desde conceptos como pueblo,
raza o indio. En este sentido podemos afirmar que Sarmiento es el
prototipo del autor romántico que combina acción y reflexión, una
combinación necesaria y suficiente en un proceso en el cual frente a la
anarquía de los procesos independentistas se intenta proponer un nuevo
camino, el cual implica una relectura dialógica de América Latina por
parte de esta elite política y literaria.
Las obras de este autor son numerosas, desde su Facundo hasta sus
Recuerdos de Provincia, donde expone intensamente la oposición absoluta
que él ve entre la civilización y la barbarie en nuestro continente, ello
también se evidencia en su combate contra el clasismo de un Andrés Bello
teniendo en su posición una intención social marcada, la cual sedimenta
particularmente en su texto "Conflictos y armonía de las razas en América"
donde desarrolla todo su antihispanismo, sin por esto dejar de apelar a
una identidad cultural latinoamericana la cual a pesar de que debe ser
cambiada posee un potencial innato para ser civilizada.
Podemos decir por lo tanto que desde autores como Sarmiento, dentro del
contexto de la corriente romántica latinoamericana
..."en los paises ya independientes, la literatura, en todas sus formas,
conservó todas las funciones públicas que había cobrado con el movimiento
de liberación. En medio de la anarquía, los hombres de letras estuvieron
todos del lado de la justicia social, o al menos del lado de las
organizaciones políticas contra las fuerzas del desorden".(6)
Sin duda esta corriente romántica latinoamericana no posee la
heterogeneidad de la corriente romántica europea en tanto desde su alianza
con el liberalismo político adquiere un carácter social absoluto, es en
nuestra opinión desde allí donde se comienza a desarrollar la visión
moderna, que posteriormente el desarrollismo elaborará, en torno a la
promoción social, en tanto
.."el yo romántico no es en absoluto egoista, sino que es ante todo
social"(7).
Según Emilio Carilla existe un paso desde mediados del siglo XIX hasta
mediados de este hacia un romanticismo social y político, cita como
ejemplo para dar fuerza a su afirmación la obra de la peruana Flora
Tristán "L'Union ouvriere"... de 1943, donde se expone una opción por el
socialismo utópico, lo cual unido a situaciones como el movimiento
romántico chileno iniciado por ideólogos como Francisco Bilbao y Santiago
Arcos que desemboca en procesos violentos, no hace más que confirmar este
carácter social y "libertario" de la romántica latinoamericana.
BREVE SINTESIS HISTORICA DE LA ANTROPOLOGIA EN AMERICA LATINA.
El tratamiento de nuestras formas culturales en Latinoamérica por parte de
las ciencias antropológica ha consistido en un proceso epistemológico de
progresiva construcción del objeto, en el cual el desarrollo de la
comprensión del fenómeno ha estado asociada tanto a los replanteamientos
teóricos y epistémicos universales de las ciencias sociales en general y
de la antropología en particular, como a procesos históricos específicos,
intentándose permanentemente una desvinculación de la apreciación estética
de los sujetos culturales, as así como la ciencia antropológica intenta un
acercamiento al objeto liberada de las ataduras que el humanismo de los
ensayistas románticos pudiese imprimirle, intentando construir a este
camino una alternativa al concepto de cultura propio de la romántica, sin
plena conciencia de la verdadera injerencia de la ensayística romántica en
el discurso científico social.
Con el fin de exponer una visión esquemática del desarrollo de la
antropología preocupadas de nuestras formas culturales es que presentamos
esta síntesis dividida en distintos períodos históricos por lo que han
pasado esta disciplina y exponemos las principales preocupaciones en cada
uno de ellos:
Al primer momento en la historia de la antropología latinoamericana
podemos fijarle su inicio con el nacimiento de la antropología científica
a nivel mundial, a finales del siglo XIX. Desde la publicación de la obra
"La cultura primitiva" por Edward Tylor en 1871, la cual da inicio a la
utilización científica del concepto de cultura y dentro de esto presta
atención preferente a la variabilidad cultural, reflexión que se presenta
paralelamente con las primeras aproximaciones al campesinado y al
proletariado industrial de autores como Marx o Comte.
En este primer período se realiza en América Latina una antropología
indigenista marcada por la búsqueda de lo exótico y realizada
principalmente por investigadores no latinoamericanos. En esta etapa el
tratamiento del sujeto cultural por parte de las ciencias sociales esta
asociado a la crisis del latifundio en Latinoamérica, y por lo tanto con
el comienzo de un nuevo tipo de relaciones de producción asociadas al
nacimiento de un tipo de capitalismo periférico, que estimula la migración
campo ciudad y la generación tanto de un proletariado industrial, como de
un contingente de mano de obra de reserva, mientras que quienes permanecen
en el campo siguen reproduciendo costosamente los patrones culturales
asociados a los ciclos productivos del latifundio tradicional.
La antropología de este período fija su objeto de análisis en lo indígena,
intentando fundamentalmente rescatar formas culturales en vías de
desaparición, en un impulso que no esta libre de la visión romántica del
buen salvaje, pero esta vez combinada con la lectura epistemológica y
teórica positivista de la cultura, en lo que respecta al evolucionismo,
que por lo general determinó este tipo de análisis. La descalificación de
la opción ensayística con respecto al acceso al indígena e indirectamente
al sujeto popular, va por lo tanto asociada a un impulso ético según el
cual en esos indígenas está el origen de la identidad cultural
latinoamericana científicamente entendida, idea que desconocía en alguna
medida la existencia del cambio y la variabilidad cultural, en tanto el
indígena y el sujeto popular de la primera mitad de este siglo más que ser
el "padre" de la identidad latinoamericana moderna, representaba, a la luz
de la actual visión de la antropología científica, más bien un desarrollo
cultural paralelo que se da en el contexto de particulares relaciones de
denominación.
En un segundo periodo podemos apreciar el surgimiento de una ciencia
social vinculada al proceso modernizador en América Latina, que se
preocupa de las formas culturales, en tanto elementos fundamentales de
culturas en cambio desde lo tradicional a lo moderno.
A partir de la década del 50 la antropología en América Latina comienza a
independizarse parcialmente en lo que respecta al origen latinoamericano
de los investigadores, sin embargo el influjo teórico de la antropología
en la región sigue dependiendo de los centros de generación de
conocimiento en los países desarrollados, sobre todo en lo que respecta a
la influencia de la obra de autores como Robert Redfield y Oscar Lewis,
quienes influyen en la orientación de las ciencias sociales
latinoamericanas en general, y por añadidura en el modo en que se conciben
y estudian nuestras formas culturales.
Los autores antes señalados tienen como tema primordial de preocupación
"el proceso de modernización que debía vivir América Latina como
prerequisito para el desarrollo". Redfield, por ejemplo, se preocupa de
las transformaciones en la sociedad folk o tradicional hacia la sociedad
moderna. Por su parte, Oscar Lewis, plantea la existencia de una cultura
de la pobreza que produciría patrones que posibilitan la sobrevivencia de
los marginales y los campesinos desplazados, y que en definitiva
constituiría un límite para la modernización y el desarrollo.
Es así como el antropólogo como científico social pasa a ocupar un lugar
que históricamente le correspondió al literato o político, en tanto si el
primado fundamental era el desarrollo, es el científico social quien más
sabe de desarrollo, de forma tal que la ciencia social intenta articular
sentido en una arremetida en contra de la visión romántica tanto del
sujeto popular como del indígena, visualizando a estos actores como
sujetos refractarios al desarrollo debido a lo cual más que promover desde
la ciencia una idealización romántica de los mismos se les debería conocer
científicamente en pos de su transformación.
En un tercer período, el actual, podemos encontrar una antropología que
identifica en estos sujetos culturales un ámbito esencial desde el cual es
posible adentrarse en la matriz cultural latinoamericana, más allá incluso
de la pregunta por el desarrollo, constituyéndose las ciencias sociales en
muchos casos en una instancia de fuerte crítica a la modernidad en base a
un fuerte cuestionamiento tanto del marxismo como del funcionalismo como
modelo de análisis externos a la realidad latinoamericana, donde podemos
apreciar una fuerte preocupación por el estilo narrativo del relato
etnográfico y un fuerte intuicionismo reforzado por la antropología
post-moderna tanto europea como norteamericana.(8)
Es a partir del trabajo con los pueblos "primitivos" de nuestro continente
y luego con campesinos, marginales y obreros, que los antropólogos
latinoamericanos hoy han tomado conciencia del cambio cultural y del
sincretismo, lo cual lleva a las ciencias sociales en Latinoamérica, a
buscar la "identidad" de nuestros pueblos.
Así vemos surgir distintas subdisciplinas antropológicas preocupadas del
estudio de los distintos ámbitos de la realidad latinoamericana; como la
antropología de la religión, la antropología de la educación, la
antropología política etc. Su peculiaridad es el dar cuenta de fenómenos a
los que están referidas tanto en el espacio de lo tradicional como en lo
moderno, entendiendo que toda expresión cultural en nuestro continente
vive una situación de hibridación en tanto sobre ella confluyen distintas
formas culturales de muy distinto origen. Estas subdisciplinas poseen un
carácter holístico, en tanto son poseedoras de una visión de conjunto, ya
que su origen como estudiosas de fenómenos que se encontraban fuera de los
límites de la modernidad les entregó una visión que no segmenta la
realidad, sino que entiende la estrecha interconexión entre los planos de
ésta, en un proceso en el cual se rescata la semantización hecha por el
ensayo como modo de aproximación no siempre racionalista al otro cultural,
en una tarea en la cual se ve en la legitimación estética de la romántica
una posibilidad de crítica de la opción objetivista que asume el discurso
modernizante en América Latina.
Sin embargo, sería ingenuo el pensar que es la ciencia antropológica la
que sitúa hoy al concepto de identidad en el papel preponderante que hoy
posee, en tanto el concepto como articulación de sentido común es muy
anterior a la popularización de las categorías antropológicas en nuestro
continente, ya que, como veremos, la suposición de la identidad entre las
estructura social y el valor en la visión de la cultura presente en la
elite latinoamericana no es conformada desde los megaproyectos
desarrollistas sino más bien se edifica desde la legitimidad estética que
le confiere la corriente romántica latinoamericana.
Sin duda esta corriente latinoamericana tiene sus raíces más profundas en
el romanticismo europeo, de manera tal que nuestra actual autocomprensión
como latinoamericanos es tan deudora del análisis racionalista de las
ciencias sociales como de la lectura corriente romántica de la realidad,
siendo una tarea que recién comienza el dar cuenta de la verdadera
relación entre corriente romántica y ciencias sociales en nuestro
continente.
LEGITIMACION ESTETICA Y COMPRENSION SOCIAL.
La "legitimación estética" actúa básicamente otorgando un sello metasocial
a los valores que culturalmente la elite romántica va generando para
legitimar su poder, de manera tal que desde una búsqueda de un tipo de
ideal fundamentado en el concepto de "perfección estética", que la propia
elite acuña, se pasa a articular sentido común dentro de la sociedad en
base a una creación en la cual se mezcla el ideal romántico de belleza,
cuyas fuentes estarían en la "tradición cultural", con un ideal de
progreso extraído en mucha medida del proyecto ilustrado.
Es así como se ve al destino histórico como la consumación de la
tradición, que a partir de una visión acumulativa, intenta resolver la
tensión entre "ethos" y "logos" desde un concepto ideal de historia, donde
se funden la apelación a una identidad mitológica con el esfuerzo social
hacia la perfección de un orden social que se fundamenta paradójicamente,
como ya afirmamos, en los ideales de la ilustración, los mismos ideales
que prepararon el camino de las guerras de independencia en América
Latina.
Esta articulación de sentido actúa primero a nivel generalizado dentro de
la elite dominante y luego hacia los otros sectores del universo social,
siendo particularmente los sectores populares aquel espacio donde el
sentido común romántico se afianza, lo cual se evidencia, por ejemplo, en
el fuerte nacionalismo propio de las culturas populares latinoamericanas,
estando éste originado en el ideal de "Estado-nación" romántico europeo,
en tanto este sentido común desde la segunda mitad del siglo pasado forma
parte de su patrimonio simbólico e instrumental.
En términos gramscianos (9) el romanticismo tuvo la capacidad de
sedimentar en el sentido común de los estratos populares definiendo la
introducción de un tipo de comprensión romántica en el sentido común de
las culturas populares cuando esta corriente ya había sido a nivel
consciente desplazada por la elite, es así como el autor romántico respeta
el arte popular como arte que ha internalizado categorías románticas
profundas en la configuración de su estética, en un proceso en el cual la
romántica culta se acerca a las formas culturales populares debido a que
según Jacques Gabayet...
"Unas de las preocupaciones centrales del romanticismo Alemán es oponerse
a la "cientificidad que en su generalidad nulifica lo peculiar. El rescate
de lo "único" lo "irreparable" lo "complejo" lo "espiritual", en lugar de
lo lineal y esquemático" (10).
Para la romántica tanto europea como latinoamericana sólo en la tradición
cultural representada por "el pueblo" estaría esa dimensión única y al
mismo tiempo espiritual de la cultura.
INDIO Y PUEBLO DESDE EL ROMANTICISMO LATINOAMERICANO.
El proceso que anteriormente mencionamos de búsqueda de la particularidad,
llevado al terreno de la caracterización de los actores sociales, posee la
cualidad paradójica de convertirse en una caricaturización generalizante
en el lazo que se establece entre las ideas de pueblo, indio y cultura
popular. Mediante este proceso el rescate de los actores fundamentales de
la tradición cultural, como representantes del espíritu particular de cada
conglomerado cultural, deriva en procesos de generalización, produciéndose
el que aquellos sujetos culturales caracterizados como "únicos" dentro de
la tradición no son reconocidos en sus particularidades históricas y
adaptativas, se reconoce la particularidad del pasado pero en términos
estáticos, de forma tal de convertir al actor popular e indígena en
figuras estéticas mitológicas.
Lo anterior, llevado al terreno del discurso de las ciencias sociales
latinoamericanas, debe hacernos meditar en torno al hecho de que al
interior de estas ciencias la reflexión con respecto a un concepto debería
conllevar la existencia de una variedad en la adjudicación de
significados, de manera tal que la polisemia de un término permitiera
constrastar la utilidad y rigor de distintos paradigmas y escuelas de
pensamiento teórico, en lo que respecta a su capacidad para proporcionar
categorías que permitan interpretar el mundo.
Sin embargo nosotros afirmamos que el concepto de "cultura popular" como
significante flotante esencialmente polisémico, más que dar cuenta de la
existencia de alternativas conceptuales, se emparenta con la romántica en
tanto generalización surgida desde la ensayística liberal-romántica, en el
intento de la elite político-literaria por interpretar a ese "otro
cultural" que se presentaba delante de sus ojos bajo la forma del sujeto
popular latinoamericano, más allá de los marcos teóricos o la opción
paradigmática desde donde se haga uso del concepto. La unidad del concepto
históricamente ha estado asociada en nuestras ciencias sociales con la
figura estética del "pueblo" como categoría abarcadora que engloba
múltiples diferencias particulares. La crisis interpretativa estaría dada
por el sencillo hecho de que los actores históricos concretos exceden la
cobertura de los conceptos aportados por la romántica latinoamericana.
Podemos ver como hoy el concepto de "cultura popular" ha vivido un
dramático proceso de fragmentación, entendida esta como parcelación en los
sentidos del mismo, generándose el que incluso el acuerdo entre los
interlocutores que dialogan en torno a este concepto, como es el caso de
la reflexión que se realiza sobre el arte popular latinoamericano, resulta
un hecho complejo, en el cual, bajo la cobertura de un concepto común, se
cobijan visiones del mismo muy distintas entre sí, rompiéndose con la
caracterización primera de la ciencias sociales de nuestro continente, las
cuales por influencia de la romántica intentaron generalizar en torno al
sujeto popular, empleando tipos ideales que no abarcan la multiplicidad de
las expresiones del fenómeno.
Como ya hemos planteado el concepto de cultura popular en lo que respecta
a su significado hoy vive un estado de imprecisión como nunca antes lo
había vivido, y esto guarda relación con las reformulaciones
epistemológicas y teóricas de la ciencia social latinoamericana, y en
particular con los replanteamientos de las ciencia antropológica. Es así
como en nuestra opinión las transformaciones fundamentales que ha vivido
este concepto en las últimas décadas serian dos:
Por una parte no se está hablando de la cultura popular ni de indígena
latinoamericano en singular, sino que más bien se habla de "las culturas
populares" (11) y de los "distintos troncos culturales indígenas" (12)en
plural, esto representa no sólo un cambio en el lenguaje sino que
evidencia una nueva manera de ver a estas formas culturales, en la cual
los marcos analíticos clásicos se demuestran incapaces de dar cuenta
plenamente de la inmensa variabilidad con que estas se presentan. Se
comprende que ellas, a pesar de estar asociadas al proceso de ingreso
desigual al capitalismo por parte de los sectores proletarizados y
subproletarizados latinoamericanos, representan una infinita variedad de
rasgos culturales en torno a los cuales resulta aventurado hacer
generalizaciones.
Se lleva el análisis del fenómeno más allá de los límites del determinismo
socio económico, en tanto se asume la independencia del análisis cultural
respecto del análisis del cambio social. Esto se fundamenta a nivel
teórico a partir de concebir como falsa la supuesta identidad entre
estructura social y valor, que restringe el análisis de la cultura, y por
lo tanto de los valores, el análisis de la estructura social,
reemplazándose aquello por un tipo de reflexión teórica en la cual se
acepta la independencia de la cultura y su dinámica histórica, de la
dinámica de la sociedad y su estructura social. En base a esto, en el caso
puntual del estudio del indígena y del sujeto popular latinoamericanos, se
intenta indagar en las fuentes histórico-culturales de estos sujetos como
expresión viva de la identidad cultural latinoamericana (13), dentro de
los límites de nuestro continente y hacia su exterior.
Desde otra esfera pero en estrecho vínculo con el concepto de cultura
popular, podemos afirmar que en el Romanticismo existe una tremenda
simpatía por las razas indígenas y las culturas más tradicionales o
marginales, desde la postura de autores como Chateaubriand o el buen
salvaje de Rousseau quien prepara la comprensión romántica del orden
social lo cual se proyecta en la obra de teóricos como Saint-Simón, se
exageran las virtudes del primitivo tal como es idealizado el sujeto
popular.
En el caso del actor indígena el pasado desde el indio tribal al indio
genérico que plantea Darcy Ribeiro (14) corresponde a las transformaciones
a nivel de la estructura social propia de la expansión de la modernidad y
a la influencia del romanticismo como crítica del Racional Iluminismo,
configurándose una visión que idealiza a un indígena abstracto pero que
legitima estéticamente las articulaciones de la conciencia social que
permiten las relaciones de dominación que sobre él se ejercen.
Para Lourdes Arispe (15) el término indio sirve para denominar a todo
aquel susceptible de convertirse en sujeto de explotación, en tanto para
la autora la derrota es ante todo una derrota cultural del indio, en tanto
desde autores como Juan Bautista Alberdi somos europeos en América siendo
fundamental diferenciarse del indio (16).
Desde las ciencias sociales existe un itinerario específico del concepto
de etnicidad el cual ha estado unido tanto a los giros epistemológicos y
teóricos de las ciencias sociales como a la influencia sedimentaria de la
corriente romántica en las elites intelectuales literarias primero y
científico sociales después.
Desde la categoría de raza, que fijaba la pertenencia a un grupo étnico
dentro de los márgenes de somatometría y de los estereotipos que rasgos
como el que el color de la piel originaba, hasta la actualidad en que
estas categorías han sido ampliamente superadas, este análisis ha sufrido
una mutación profunda, en tanto la pregunta por la raza, en la acepción
exclusivamente biológica del concepto, como determinante de
características psicológicas y conductuales, ha sido reemplazada por otra
referida al problema de la "identidad cultural", refiriéndose ésta a la
identificación de sujetos particulares con grupos puntuales dado que
presentan rasgos distintivos en planos tan divergentes como el biológico,
el lingüístico y el socio-cultural.
La génesis de esta concepción la podemos remontar al siglo XIX, en tanto
es debida al colonialismo, y al surgimiento de las ciencias sociales, que
occidente se pregunta en primer lugar, que es lo que los separa de los
pueblos colonizados, para luego, en la segunda mitad de nuestro siglo,
pasar a preguntarse que es lo que separa en el propio mundo de los
colonizadores a sujetos que poseen diferencias no tan marcadas en el plano
biológico y cultural.
Es a partir de esta concepción que se origina, a nivel científico, el
concepto de raza como base para la clasificación. Esta idea, que surge
desde la incipiente ciencia social y desde un biología fragmentaria y
manipulada, creó taxonomías, que en muchos casos, más que aclarar el
panorama en torno a la variabilidad humana biocultural, sirvieron como
instrumentos de dominación de una cultura sobre otra (17).
Como reacción a esta postura surgen líneas teóricas, tanto en en plano de
la etnografía como en el nivel etnológico, que intentan asumir apelaciones
de corte positivista como la de Durkheim en el sentido de "analizar lo
social por lo social" (18). Es así como desde el estructural funcionalismo
surgen visiones en torno a la identidad social, estrechamente ligadas a la
territorialidad y a la especialización de las funciones sociales
vinculadas a las relaciones ecológicas-culturales.
Se piensa en el grupo étnico como un conglomerado de individuos
pertenecientes, por lo general, a un territorio dado y que mantienen
relaciones de dependencia con éste, de forma tal que la pertenencia a un
espacio guardan relación con las funciones surgidas tanto desde la lucha
del grupo por la sobrevivencia como desde la necesidad del mismo de poseer
un perfil autónomo respecto de otros conglomerados sociales, determinando
esta relación funcional la estructura interna del grupo.
Posteriormente nace en la década de los 50, una crítica desde la
etno-lingüística. Es así como se asume la definición "fonémica", propia de
la lingüística estructural, que entiende a la identidad étnica desde la
perspectiva "emic" o "desde dentro", fijando en el actor social los
criterios de la clasificación, en tanto la pertenencia a un grupo étnico
se define desde las categorías de adscripción e identificación con el
mismo. Pertenece a un grupo étnico quien se siente parte de el y al mismo
tiempo, es identificado como tal por otros, y es desde allí que el
criterio de etnicidad se libera definitivamente de su definición directa
desde categorías como las biológicas y geográficas, para pasar a ser un
problema en la esfera de la conciencia social (19).
Por otra parte es importante considerar el que apelar hoy desde la moderna
antropología cultural al concepto de raza o etnia, supone un moverse
dentro de los límites epistemológicos de la filosofía del lenguaje, y
también implica que se asume la relación mutivariable que se encuentra en
el origen de todo fenómeno socio cultural, pero que reconoce por otra el
principio epistémico básico que afirma que lo social se explica por lo
social, generándose una tensión aún no resuelta entre generalización
estética y caracterización científica.
El proceso de transformación de la ciencia misma guarda directa relación
con el acelerado proceso de mezcla y difusión cultural asociado a la
industrialización, al colonialismo y al desarrollo de los medios de
comunicación de masas. Es así como la pregunta por las minorías étnicas se
replantea a partir del esfuerzo por explicarse la variabilidad cultural al
interior de las sociedades complejas, en tanto concepto como clase,
estamento, segmento de clase, etc., han demostrado ser insuficientes para
explicar muchos aspectos del funcionamiento y del conflicto al interior de
las sociedades multiculturales.
En un continente como el nuestro donde la heterogeneidad impera, la
pregunta por la identidad se vuelve particularmente compleja. La
diversificación, complejización y transformación de los grupos sociales,
hacen que la pregunta por la identidad étnica se convierta en una
interrogante de primer orden a partir de cuya respuesta es posible aportar
elementos a los problemas planteados por el desarrollo, las desigualdades
y el conflicto social, es por ello, que el aporte multidisciplinario que
asume elementos provenientes de distintas disciplinas sociales, es de
particular urgencia. La única posibilidad de recomponer el imaginario
social fragmentado desde la pluralización que los planteamientos de la
modernidad han vivido, consiste, para la actual antropología
latinoamericana, en la generación de categorías que den cuenta de la
diferencia, pero apuntando a la multidimensionalidad de todo fenómeno
cultural, en tanto la dinámica de los valores culturales se define en gran
medida en su vínculo con la estructura social.
Dentro de esto nos parece importante recalcar que el vínculo entre
estructura social y valor al interior de la reflexión antropológica en
torno a lo étnico, es un asunto complejo que no puede ser generalizado, ya
que ha pasado desde la identificación absoluta de la dinámica de los
valores, es decir de la cultura, con la dinámica de la estructura social,
como lo plantea el estructural funcionalismo clásico, hasta una absoluta
autonomización del concepto analítico de cultura, como se da en la
antropología cultural de corte idealista, como es el caso del análisis de
autores como Cliford Geertz (20).
Lo que sin embargo nunca ha implicado el desconocimiento de la dimensión
multivariable de fenómenos cómo la etnicidad, en tanto el concepto de
cultura siempre ha sido un concepto aglutinante, que asume la
multiplicidad del hombre como creador y usuario de la cultura en la
sociedad, con respecto al ecosistema y en su particular vínculo con lo
trascendente, de manera que el actual escenario antropológico
latinoamericano es propicio para el rescate de la romántica, en un proceso
en el cual se reconozca la polisemia del concepto de cultura pero en el
cual exista un esfuerzo serio por reconocer tanto las fuentes estéticas
como científicas propiamente tales de este concepto, reconociendo que el
vínculo que podemos apreciar entre estructura social y valor esta en
alguna medida también estrechamente determinado incluso para las propias
ciencias sociales.
Es así como, a manera de síntesis, afirmaremos que a nuestro parecer la
romántica es un movimiento con una presencia cultural actual, donde
podemos identificar el factor determinante de aspectos que caracterizan el
tipo de valores que legitimaron el poder de la elite político literaria en
el contexto de nuestra modernidad inducida, obligándonos esto a aceptar
qie los factores que configuraron nuestro acceso a lo moderno no surgen
únicamente de una identidad configurada en el proyecto ecuménico del
barroco.
La reedición de la romántica por parte de los postmodernos no es más que
el recurso evidente frente a la crisis de la racionalidad moderna y de su
forma de organizar las relaciones de poder, en cuyo contexto la polisemia
identificable en el tratamiento del concepto de cultura tiene su origen en
la influencia de la romántica en la sociedad como totalidad y en las
ciencias sociales latinoamericanas en particular, en tanto la fuente del
concepto no posee un sello racional científico sino que se define desde
una legitimación metasocial estética.
Lo anterior nos permite caracterizar como peligrosa aquella generalización
definida desde una caracterización estética en tanto ella amenaza con
hacer perder de vista las verdaderas relaciones de poder que se ejercen
sobre los sujetos culturales particulares siendo un ejemplo de estos el
tratamiento "científico" de los mitológicos actores "indígena" y
"popular", basándose esta afirmación en la confianza que en la búsqueda de
la fuentes culturales del poder reside al aporte de subdisciplinas como la
sociología de la cultura y la antropología cultural al esfuerzo de la
epistemología de las ciencias sociales por llevar su análisis más allá de
sus límites clásicos, para indagar en torno a las fuentes epistémicas del
ejercicio del poder.
REFERENCIAS
(1) Agradezco los comentarios y el generoso acceso a manuscritos suyos al
profesor Miguel Chávez A., sociólogo de la Universidad de Bielefeld, y
actual académico de la Universidad de la Frontera, quien desarrolló hace
algunos años en Alemania un interesante trabajo que se encuentra aún
inédito sobre romántica y pensamiento social latinoamericano.
(2) A nuestro modo de ver, son la romántica francesa y española las que
definen un acercamiento entre la elite romántica latinoamericana y el
pensamiento católico, tanto en la dimensión cultivo-ritual como en el
plano de la experiencia religiosa. Marciano Barrios en: "La espiritualidad
en los tiempos del Padre Hurtado" (Ed. U.C. Blas Cañas, Santiago, 1994).
plantea que a pesar de la fuerte crítica que surge desde el mundo católico
al individualismo propio del liberalismo originado en la influencia de la
romántica, el espíritu heroico del romanticismo sedimenta en la generación
que impulsará definitivamente la emergencia del catolicismo social.
(3) Nos parece importante destacar el que la crisis de la teología de la
liberación corresponde para nosotros a la crisis de un tipo de análisis
marxista de carácter más ortodoxo. Sin embargo existe una mutación en este
análisis el cual sin perder su lógica analítica fundamentada en un
dialéctica de la liberación, ha sabido asumir el análisis cultural como
epicentro de su reflexión. En torno a esta temática véase nuestro ensayo:
Alvarado, Miguel: "Análisis cultural y teología de la liberación" Revista
Presencia Ecuménica. Nº35. Pág.3-11- Caracas,Venezuela.
(4) Arnold Hauser: Historia social de la literatura y el arte. Ed.
Guadarrama, 1969. p.180. Discípulo de Luckacs descubre los mecanismos
estéticos que permiten legitimar, desde el racional iluminismo, el curso
de la modernidad a partir del mismo siglo de las luces.
(5) Lastarria, J.V. :Recuerdos literarios. Zig. Zag. Santiago, 1968.
(6) Henríquez Ureña, Pedro. Las corrientes literarias en la América
Hispánica. Editorial Fondo de Cultura Económica, México, 1964.
(7) Picard, Roger: El romanticismo social. Citado por Emilio Carilla en su
libro El romanticismo en la América Hispánica. Edit.Gredos, Madrid, 1948.
(8)Ejemplos de esto no es posible de apreciar en la antropología
latinoamericana en lugares tan diversos como Argentina donde en recientes
publicaciones el prestigiado antropólogo Carlos Reynoso anuncia el fin de
la antropología como posibilidad de comprensión intercultural en un mundo
globalizado; en el caso Mexicano donde desde distintas voces surge una
fuerte crítica del indigenismo y del tipo de antropología que lo
sustentaba en pos de un indianismo que cuestiona la posibilidad de
comprensión cultural desde las bases epistémicas cartesianas, y por último
también el caso de Chile donde vemos emerger una corriente denominada como
"antropología poética", donde se intenta producir un vínculo concreto
entre etnografía y literatura en base a un tipo de apelación estética que
intenta articular discurso al estilo del ensayo pero también introduce por
medio de figuras literarias la percepción subjetiva del antropólogo como
observador, soñando quizás con ser él "los últimos poetas de la aldea" en
un contexto de acelerada globalización,
(9) En la obra de Antonio Gramsci la imposición de categorías por parte
de los grupos hegemónicos sentido común se modifica en función de los
grupos dominantes, y por otra involucra "contra hegemonía" en tanto los
grupos dominados reinterpretan estas articulaciones otorgándoles un
contenido nuevo el cual en muchos casos se opone radicalmente a los
valores de los grupos dominantes. Véase por ejemplo el texto: Arte e
folklore. Ed.Newton Compoton, Roma, 1976.
(10) Gabayet, Jacques. Populismo y romanticismo, hacia una nueva poesía
nacional y revolucionaria. En: Hacia el nuevo milenio. Volumen II. Edit.
Universidad Autónoma Metropolitana, México, 1986.
(11) Esta multiplicación en la identificación de los actores ha sido
demostrada en un ensayo publicado por Néstor García Canclini en torno al
sujeto popular denominado..."De qué estamos hablando cuando hablamos de lo
popular". Edit. G.Gili, S.A. México, 1987.Reformulación que hemos
vinculado con la fragmentación postmoderna en la comprensión cultural
actual de las ciencias sociales latinoamericanas, en nuestro
ensayo..."Notas sobre el concepto de cultura popular". Estética AISTHESIS
Revista Chilena de Investigación. Nº 27, 1994. pp.57-81.
(12) La multiplicidad del sujeto cultural indígena se constituye en una
alternativa de la generalización propia de los estereotipos románticos del
mismo, en un proceso en el cual de la investigación empírica emerge una
visión según la cual la variabilidad cultural dentro de las culturas
indígenas latinoamericanas es tremendamente grande, de forma tal que toda
generalización resulta forzada, evidencia que ha sido obtenida gracias al
trabajo etnográfico intensivo realizado durante todo el presente siglo.
(13) En torno a esto podemos apreciar un hilo conductor entregado
fundamentalmente por el filósofo Franz Hinkelammert en su
libro..Ideologías del desarrollo y dialéctica de la historia. Edit. Nueva
Universidad, Buenos Aires, 1970, donde hace patente la identificación
ideológica entre la estructura y el valor, teniendo este pensamiento un
fuerte influencia en la ciencia social chilena en antropólogos como Sonia
Montecinos y R. Foester y el sociólogo como Pedro Morandé y Carlos
Cousiño.
(14) Ribeiro, Darcy. Fronteras Indígenas de la civilización. Siglo XXI,
México, 1971.
(15) Arispe, Lourdes. "El indio: mito, profecía y pasión". En: América
Latina en sus ideas. Siglo XXI, México, 1968.
(16) Alberti, Juan Baustista. "Bases y puntos de partida para la
organización política de la república Argentina". (1852).
(17) Bástenos recordar, a manera de ejemplo la concepción nacional
socialista de raza fundamentada en la idea de que ante todo "la historia
es biología".
(18) En nuestra opinión supera la esfera epistemológica del positivismo
durkheimneano hasta llegar a ser un principio ordenador que aporta
especificidad a las ciencias sociales aún en la actualidad, precisando su
objeto y edificando los principios de su método.
(19) Estas categorías han sido desarrolladas en el conocido texto de
Fredrik Barth Los Grupos Etnicos y sus Fronteras. F.C.E. México, 1976, sin
embargo, Barth resguarda en su análisis la consideración del valor que
rasgos externos como las características biológicas poseen en la
constitución social de una identidad étnica.
(20) En relación con esto, véase el texto "La interpretación de las
culturas" de Clifford Geertz.
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