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Globalización, Ambientalismo y Políticas Sociocomunicacionales
Lic. Marcelo Sarlingo *
FACSO-UNCPBA |
1. Introducción.
A nivel cotidiano, lentamente vamos tomando conciencia de la complejidad
del momento histórico que nos toca vivir. La imposibilidad de ocultar
la incertidumbre ha provocado diversas categorizaciones. Algunos
hablan de crisis de civilización (TOLEDO, V.; 1993). Pero, aún desde
los grandes poderes mundiales como el Grupo de los 7, se reconoce
la emergencia de constricciones al desarrollo del Capitalismo del
Siglo XXI.
Estas constricciones son de dos órdenes:
a) los límites que plantean las problemáticas derivadas de la desestructuración
de la base material de las sociedades,
b) los límites que plantean las problemáticas derivadas de la ignorancia
acerca de la diversidad de los sistemas semiológicos de las culturas,
lo que imposibilita al capitalismo la comprensión de otros caminos
de cambio cultural.
Las constricciones referentes al primer grupo son clasificadas
como problemáticas ambientales, las del segundo grupo como problemáticas
sociales.
La envergadura y el impacto de los dos órdenes de constricciones
requieren abordajes a diferentes escalas.
La problemática ambiental puede ser analizadas mediante un abanico
de información que va desde la escala local (como el impacto en
el ambiente natural y cultural que puede tener un proceso de cambio)
hasta la escala mundial (como los problemas vinculados a la desaparición
del ozono atmosférico o al calentamiento global, que exceden completamente
las fronteras nacionales).
En todos los niveles de análisis son relevantes los aspectos ideológicos,
esenciales en tanto los problemas y las necesidades se definen según
intereses, ya sea de clase, sectoriales, corporativos, nacionales
o simplemente grupales.
Las construcciones simbólicas que nuestra sociedad ha estructurado
para dar cuenta de las constricciones mencionadas arriba poseen
una alta visibilidad cuando centramos nuestro análisis en el auge
que ha tenido el ambientalismo.
Este fenómeno se pone de manifiesto al incorporarse una ideología
"verde" a planos muy diferentes y variados, como por ej.
la gestión económica y empresarial, la problemática del empleo,
la acción política, la esfera del consumo y la gestión educativa,
la gestión de la salud colectiva, e inclusive en planteos de cambios
estructurales de las economías de países europeos (SIMONIS, U.;
1989: 375).
En los países centrales, diversos acontecimientos históricos de
repercusión mundial marcaron hitos en la historia del ambientalismo.
Desde la Conferencia de Estocolmo de 1972, hasta el horror de Chernobyl,
pasando por la sequía y desaparición del mar de Aral y otras catástrofes,
por el conocimiento de los constantes etnocidios provocados por
el capitalismo para usufructuar los recursos naturales de etnias
autóctonas (especialmente en los bosques tropicales), etc., pueden
mencionarse como procesos y hechos que repercutieron en los medios
de comunicación norteamericanos y europeos.
Esta repercusión favoreció una rápida mundialización del movimiento
ecologista, con una pluralidad y heterogeneidad de escenarios. Se
fueron construyendo paradigmas linguísticos que predominaron según
el atípico desenvolvimiento de los planteos y las concepciones hegemónicas
del movimiento. (VIOLA, E. y LEIS, H.; 1990:13).
2. La Capitalización de la Naturaleza.
Para comprender las bases de la crisis ambiental contemporánea,
sin precedentes en el ritmo de destrucción de recursos y sin antecedentes
en su escala, ya que no queda ningún rincón del planeta sin contaminantes
producidos por la civilización industrial, es necesaro entender
la agudización del proceso de capitalización de la naturaleza. Es
el marco a partir del cual se construye el Ambientalismo1.
El reconocimiento de la crisis ambiental a escala planetaria está
siriviendo como factor de reestructuración política y económica
al sistema capitalista en su conjunto. Ahora, argumentando tener
en sus manos la salvación del planeta, el capitalismo ha construido
un nuevo concepto para autolegitimarse: el uso racional y sostenible
de la naturaleza. Esta idea aparece como respuesta en el seno del
capitalismo: a) al ostensible problema de oferta que acarrea la
disminución de los recursos naturales y la degradación de los servicios
ambientales que se requieren para sustentar la producción de bienes
de consumo, y b) a la resistencia por parte de comunidades y de
sociedades enteras a la degradación ecológica y cultural provocada
por la expansión del capital.
Martin O'Connor (1994: 17) ha planteado que:
"...el modus operandi del capital como sistema abstracto experimenta
una mutación lógica. Lo que anteriormente se consideraba un ámbito
externo y explotable, ahora se redefine como un stock de capital.
En consecuencia, la dinámica primaria del capitalismo cambia, pasando
de la acumulación y el crecimiento alimentados en el exterior de
lo económico a ser una forma ostensible de autogestión y conservación
del sistema de naturaleza capitalizada encerrada sobre sí misma.
A este proceso, que también lo podríamos llamar la expansión semiótica
del capital se une la co-opción de personas y movimientos sociales
en el juego de la "conservación"...".
El resultado de esta expansión semiótica del capital no es la armonía,
el "equilibrio" o justamente la conservación, sino el
incremento de la terrible y despreciable competividad en la apropiación
de los recursos naturales recurriendo a cualquier medio y sin ningún
tipo de escrúpulos. El resultado es la profundización del proceso
de expansión planetaria depredatoria de la civilización occidental
y el reforzamiento del signo ideológico (en cuanto a la libre disponibilidad
de la naturaleza) que orienta tal proceso.
La conflictividad de este proceso ha llevado a señalar a la crisis
ambiental como la Segunda Gran Contradicción de la sociedad capitalista:
si la primera es el antagonismo entre el Capital y el Trabajo (que
creó las condiciones para la aparición del Movimiento Obrero), no
menos importante resulta la contradicción entre el Capital y la
Naturaleza (que creó las condiciones para la emergencia del Ambientalismo).
3. El Movimiento Ambientalista como actor planetario.
A fines del Siglo XX, el ambientalismo aparece como un actor político
de una gran complejidad. Aún a riesgo de simplificar notablemente
el dinamismo del movimiento, es importante distinguir que, en la
segunda mitad del siglo, hay dos tradiciones que se diferencian
de acuerdo a la matriz de desarrollo que ha estructurado la sociedad
que los contiene.
La que más se conoce es la tradición movimientista de los países
del capitalismo avanzado, en donde la presencia política de los
Verdes empezó a ser muy fuerte desde principios de los años 80.
Y también predominó como imagen del ambientalismo lo que sucedió
en EE.UU. con el auge de los movimientos "En Mi Patio NO"
(EMPN), que producía extrañas coincidencias ideológicas entre conservadores
y progresistas generalmente enfrentados por otros temas. Accidentes
nucleares, problemas de contaminación por abuso de pesticidas, lluvias
ácidas, etc., conformaban un panorama que afectaba a la mayoría
de los grupos que componían la sociedad. Y grupos con diferentes
ideologías (pero con cierta seguridad en cuanto a su acceso al consumo)
limaban estas diferencias en prácticas reivindicativas de diversa
raíz.
A su vez, esta característica de unificación que caracterizaba
a los EMPN estadounidenses desaparecía una vez que se "solucionaba"
el problema. La fragilidad e inestabilidad política de estos movimientos
no fue obstáculo para que el peso de las cuestiones ambientales
pudiera trascender los escenarios locales.
Es que la actuación de los EMPN y de los Verdes europeos tuvo la
virtud de poner de manifiesto que el "problema ambiental"
posee raíces y connotaciones de orden político, ligadas a los intereses
de los principales poderes mundiales, y que esto era tan "verdadero"
como la realidad de la contaminación1. Y tan cierto como que el
problema se originó desde los primeros años de desarrollo industrial
del capitalismo, y no es el resultado de una evolución tardía de
este modo de producción (PONTING, CLIVE, 1992), fue el hecho que
las ideologías "cosméticas" (aquellas que sostenían solamente
la preocupación por un ambiente limpio y puro) fueron re-significadas
para diluir la conflictividad de los planteos de transformación
cultural.
Así es que la presentación del ambientalismo como un movimiento
de países ricos, lejos de ser una temática desintegradora de la
sociedad, como ya lo puntualizamos anteriormente (al referirnos
a los movimientos EMPN), mediante la creciente participación de
gobiernos, empresas multinacionales, gran cantidad de ONG y grupos
informales, lo ambiental se convirtió en un terreno articulador
de discursos de diferentes signos.
Esta coexistencia, por un lado, llevó a que la problemática sea
un terreno de disputa práctica y simbólica. Mientras que, por otro
lado,este campo de disputas se convirtió (mediante mecanismos de
producción ideológica) en un "problema" unificador de
intereses.
Y en este último punto se verifica el hecho de que la emergencia
de elementos contradictorios y críticos de las estructuras del capitalismo
frecuentemente es reincorporada como factor de reproducción del
sistema. Así, es muy frecuente enterarse por revistas de divulgación
que empresas como Sandoz o DuPont, tristemente famosas por envenenar
vastas regiones del planeta, hoy están a la cabeza de la producción
de técnicas y productos descontaminantes.
Por lo que uno de los resultados de estas disputas ideológicas
es la legitimación de este nuevo papel que juegan los capitales
industriales, quiénes acceden a un vastísimo mercado creado por
los efectos indeseables de sus propios productos. Algunos lo hacen
enfrentados a algunas corrientes del Ambientalismo, mientras que
otros se alían con ciertos planteos en tanto estas ideas posibiliten
la ampliación de viejos mercados o la creación de nuevos.
Otro de los elementos nuevos que funciona también como modalidad
de reproducción del sistema capitalista es la hegemonía discursiva
que va logrando el concepto de Desarrollo Sustentable, en tanto
apunta a convertirse en una nueva ideología del desarrollo, o más
bien, en una variante ideológica "aggiornada" del desarrollismo
de los '50. (LINS RIBEIRO, G.; 1992: 8). Es el concepto a partir
del cual se puede operativizar claramente la idea de expansión semiótica
del capital señalada por O'Connor.
La emergencia del discurso promovido por la lucha entre movimientos
ambientalistas del Norte y las grandes multinacionales, y su lenta
llegada a la periferia que habitamos nos familiariza con nuevas
ideas acerca de innovaciones en los paradigmas de desarrollo (VAZQUEZBARQUERO,
A; 1988:26). Algunas de estas propuestas tienen un claro corte reduccionista:
"...la consideración y gestión de la ciudad como ecosistema
propone una lectura ecológica de la ciudad, enfatizando los flujos
de energía, los ciclos de vida, o el interés por la transformación
de flujos unidireccionales (campo-ciudad-vertedero) en flujos circulares
mediante la reducción de las pérdidas (lo que lleva a reducir la
necesidad de entradas)..." (SACHS, I., 1984, cit. por GUTMAN,
PABLO,a 1987:281).
Pero el Ambientalismo, o también denominado Ecologismo Popular
o Ecologismo de los países del Sur, muestra notables diferencias
históricas e ideológicas con las experiencias del Norte. Aquellos
pueblos que se han organizado para defenderse de la depredación
de recursos y de procesos extractivos que han amenazado su supervivencia,
han consolidado (sin proponérselo en la mayoría de los casos) experiencias
que han permitido sostener la emergencia de un Ecologismo Popular.
El planteo central de esta corriente se centra en la defensa del
acceso comunitario a los recursos naturales frente a la depredación
introducida por el Mercado o por los Estados Nacionales. Se genera
una reacción filosófica y práctica contra la degradación ambiental,
contra los excesos en la extracción de recursos generados por la
pobreza y por el intercambio desigual. Cuando la organización popular
logra trascender planteos ubicados en el eje de la base material,
toma posiciones sustentadas en conceptos provenientes de diversos
sistemas simbólicos (como los proporcionados por religiones biocéntricas,
opuestas a las religiones antropocéntricas occidentales, o el ecofeminismo
esencialista).
El Ecologismo Popular se ha desarrollado intensamente en la India,
en Kenia, en Brasil, en Malasia, y en otros países del Tercer Mundo
donde las condiciones de vida de las masas los obligan a agotar
sus ya depredados recursos simplemente para poder sobrevivir a corto
plazo. Los terribles efectos de las diversas modalidades de colonialismo
fueron obligando a numerosas comunidades a la acción directa, y
a rescatar experiencias como la de la desobediencia civil (el caso
del Movimiento Chipko en la India, fuente de inspiración de numerosos
grupos a partir de 1973, la de los caucheros de la Amazonia, etc.)
y otras variedades de técnicas de protesta.
La riqueza del Ecologismo Popular no está, justamente, en el hecho
de ser un movimiento de los pobres, y justamente es peligroso oponerlo
de esta manera a las prácticas de las sociedades ricas. Lo interesante
de su constitución es la diversidad y plasticidad (ya que las experiencias
de lucha se cuentan por miles, en todos los ecosistemas y lugares
del planeta donde hay espacios amenazados también lo están las comunidades
que viven en él) para estructurar planteos a partir de la recuperación
y resignificación de su identidad cultural.
Mi posición es la de no plantear una alteridad tan tajante entre
un Ambientalismo o Ecologismo de los ricos o de las clases medias
altas, que ciertamente existe (tanto en el Norte como en el Sur),
y otro de los pobres y desposeídos, sino diferenciar tipos de ecologismo.
También en los Estados Unidos hay un ambientalismo de los pobres,
el movimiento llamado Justicia Ambiental, que defiende la salud
de los habitantes de localidades amenazadas por residuos tóxicos,
que nunca son zonas ricas sino vecindades obreras de latinos o de
gente de color, espacios de indígenas o simplemente los lugares
en donde viven los pobres urbanos y los excluidos del sistema.
La tónica central del Ecologismo Popular es la oponerse a la transformación
del planeta en un gran supermercado, y como aspecto central de su
propuesta trabaja con los presupuestos teóricos de la Economía Ecológica
(Martínez Allier, 1995), a los que agrega planteos acerca de direccionar
una transformación radical de la cultura occidental.
4. Políticas sociocomunicacionales.
La diversidad y riqueza del Ecologismo Popular ha sido, paradójicamente,
dada a conocer por los ambientalistas del Norte. Este es un proceso
claramente contemporáneo, y no es en absoluto lineal desde el punto
de vista político.
¿Qué es lo que encontramos si miramos los temas que hegemonizaron
la relación Cultura/Naturaleza en medios masivos de comunicación
y en aparatos educativos?. En toda Latinoamérica, es posible ver
una clara hegemonía de una representación de lo ambiental como un
temática secundaria y subordinada a las cuestiones de la economía
de mercado.
La década del '60, tan polisémica y controvertida, se caracterizó
como la década del Conservacionismo. Luego, el lenguaje de los medios
de comunicación habló ya del ecologismo, con un enfoque que tendía
a acercarse a lo social. En la década del '80 el rótulo va cambiando
hasta la denominación de ambientalismo, que agrupa una complejísima
diversidad de movimientos, ideas y prácticas sociales. Ya se conocían
mundialmente las experiencias de reivindicación de muchísimos grupos,
y la ocurrencia de catástrofes ambientales hizo inocultable el drama
de los grupos humanos afectados.
La actual década se nos presenta, a través del discurso de los
medios de comunicación, como la década de la sustentabilidad. Se
instala con peso propio en el discurso el concepto de desarrollo
sustentable (SUNKEL, OSVALDO; 1990:38).
Y es interesante ver como la aparición en los medios de estas categorizaciones,
y de la producción simbólica que se agrupa bajo ellas, contribuye
a desatar efectos movilizadores. En nuestro país es especialmente
notable como, desde principios de los '90, los medios de comunicación
van generando imágenes y posibilitando la estructuración de ideas
sobre la temática. Noticias como la aparición de miles de pingüinos
empetrolados en las costas patagónicas o la tala indiscriminada
de árboles para construir autopistas en San Isidro poseen una eficacia
simbólica notable, especialmente en los estudiantes adolescentes
y en los niños. Quienes a su vez, al incorporar el interés por los
temas ecológicos a su vida cotidiana, presionan a docentes y educadores,
obligándolos a "ecologizar" sus currículas.
También está cumpliendo un papel importante en este proceso de
"ecologización" de los "órdenes concebidos"
el impulso del eco-turismo. Si bien éste aparece frecuentemente
como una estrategia comercial más, conlleva elementos que contribuyen
a revalorizar los marcos naturales regionales y moderar su mercantilización.
La Educación Ambiental ha tomado una fuerza especial en lugares
donde esta actividad es una fuente de recursos económicos. En nuestro
país, son los docentes de Biología y los Profesores de Educación
Física los primeros que empiezan a valorar el ambiente como un espacio
de aprendizaje, y comienzan así a articular varias dimensiones.
Algunas de las formas en que se produce el aumento de la presencia
de temáticas ambientales en el discurso público y en el imaginario
social de ciertos grupos (presencia que se aparenta transferirse
al campo de la acción y de las prácticas sociales colectivas) pueden
asimilarse al fenómeno globalmente conocido con el término de "greening",
que podríamos expresar como equivalente a "ecologización.
El término "greening" se refiere a cómo se le asigna
un valor cultural al ambiente. Esta asignación no es estática, sino
que depende de la interrelación de factores históricos, y uno de
los indicadores que nos señala el proceso de "greening"
es justamente los ámbitos en que los campos semánticos que estructuran
lo que los grupos humanos refieren sobre el ambiente se vuelven
visibles y predominantes.
Así, el "greening" o "ecologización" comienza
a hacerse presente primero en el discurso público, luego en las
gestiones de empresas, y más tarde en las políticas educativas y
en la esfera de las políticas públicas.
La etapa más profunda del proceso se da cuando comienza cuando
la participación de los conjuntos sociales en el "debate verde"
( y por consiguiente, en la producción de sentido) se vuelve significativa,
para culminar en efectivas y reales tomas de decisiones consensuadas
como "ambientalmente" favorables. Esta última etapa, que
para países como el nuestro aparecen como grados superlativos de
evolución política casi ficcionales, "...es un ejercicio holístico
que requiere de la integración de una ética ambiental en la práctica
académica e institucional".(PIKE Y SELBY, 1991).
Es claro que este proceso es conflictivo y no puede ser analizado
de manera lineal. No se aplica la idea, siempre presente en el sentido
común, de la famosa "toma de conciencia". La concientización
aparece como un paso fundamental en el proceso, pero sin la construcción
de experiencias de intervención, no resuelve nada por sí misma.
Es más, abona el terreno para que las personas esperen el cambio
de estructuras de manera pasiva, porque se piensa que a la larga
todo se ecologizará.
La dimensión de las políticas sociocomunicacionales se revela clave
para que no se reduzca la riqueza y diversidad de la temática. En
un mundo globalizado, los procesos de semiosis social poseen cada
vez más componentes mediatizados tecnológicamente. Lejos de negarlos
y de proponer un utópico/distópico regreso a la ruralidad preindustrial,
la coyuntura nos dice que nuestra única alternativa es la producir
significados que rechacen y repudien la idea de esta nueva expansión
semiológica del capital. Las operatorias simbólicas construidas
por el Ecologismo Popular aparecen como una fuente de significados
de mayor riqueza, en tanto los desarrollos del Movimiento Verde
del mundo desarrollado alcanzan una interesante profundidad teórica.
Propongo aquí que nos movamos en la búsqueda de nuevas síntesis
posibles.
OCTUBRE DE 1996
BIBLIOGRAFIA
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En: Comunidad, nro. 63, Montevideo.
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Instituto Internacional de Medio Ambiente y Desarrollo - IIED América
Latina, año 8 número especial.Buenos Aires
NOTAS
* LICENCIADO EN ANTROPOLOGIA SOCIAL. Primer egresado de Facultad
de Ciencias Sociales, Universidad Nacional del Centro de la Provincia
de Buenos Aires. SEPTIEMBRE 1993. LICENCIADO EN TRABAJO SOCIAL,
Facultad de Humanidades, Universidad Nacional del Centro de la Pcia.
de Bs. As., con sede en Tandil. DICIEMBRE 1989.
TESISTA de la MAESTRIA EN GESTION AMBIENTAL DEL DESARROLLO URBANO,
Centro de Investigaciones Ambientales, Facultad de Arquitectura,
Urbanismo y Diseño de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
Promoción 94/96.
11 Denomino inicialmente Ambientalismo al Movimiento Ambiental
en tanto actor social con envergadura planetaria, aunque es necesario
diferenciarlo de la concepción decimonónica del ambientalismo, palabra
que designaba científicamente al determinismo geográfico (concepción
de la variabilidad cultural humana como producto de la determinación
de los diferentes ámbitos geográficos y naturales en los cuales
se hubo desarrollado tal variabilidad).
1.Los diagnósticos acerca de la problemática ambiental son totalmente
variados y diversos. Las posiciones que se caracterizan por abordar
las instancias más profundas del problema son las anarquistas (BOOKCHIN,
MURRAY, 1988), superando ampliamente los reduccionismos marxistas
o los posibilismos derechistas. Lamentablemente, la valoración negativa
y la estigmatización histórica que el vocablo "anarquista"
tiene impide a demasiada gente sensata prestar atención a las propuestas
que vienen de estos sectores, eliminando una posibilidad de diálogo
con gente capaz de pensar en otros términos probemáticas tan ideologizadas.
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